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miércoles, 12 de enero de 2011
Neoliberalismo, dos décadas de estancamiento
Alberto Arroyo Picard
A mediados de los sesenta, la estrategia económica del país llamada desarrollo estabilizador empieza a dar signos de agotamiento: Sin embargo, la luz preventiva no fue ni atendida ni entendida hasta los setenta. El indicador más claro de esta crisis en el modelo económico se puede ver en la caída de la productividad.
La bipolaridad en el campo se agudiza con una baja en el ritmo de aumento de la productividad a partir de 1965 para llegar, incluso, a disminuir 4% entre 1970 y 1975.1 En el sector industrial, de 1965 a 1970 la productividad se estanca. En esos cinco años aumenta sólo 1.7%, apenas 0.34% como media anual.2
Otro signo claro de la crisis es la baja de la tasa media general de ganancia de la economía desde 16.4% en los años sesenta, a sólo 9% en la primera mitad de los setenta.3 En esta década se tiene consciencia del problema y se trata de hacerle frente profundizando la misma estrategia y con una agresiva intervención del Estado en la economía. Sin embargo, pronto se evade el problema debido al descubrimiento del petróleo y al espectacular aumento de sus precios internacionales. En 1981-1982 la realidad se impone a partir de la caída abrupta del precio internacional del petróleo.
Con el ascenso de Miguel de la Madrid Hurtado (y, junto con él, del llamado grupo de los tecnócratas, incluido Carlos Salinas de Gortari) en diciembre de 1982 se cambia de rumbo o estrategia económica. El cambio era necesario y urgente; pero lo importante ahora es evaluar si fue en la dirección correcta.
El cambio no se basó en un diagnóstico minucioso y profundo de los problemas del desarrollo estabilizador, sino que se ideologizó y asumió como una nueva corriente teórica dominante: el neoliberalismo en el que habían sido formada la nueva elite que sube al poder. Lo elemental de una estrategia económica es que genere crecimiento real, estable y sostenido. La sociedad exige no sólo crecimiento, sino sustentabilidad y justicia social; pero lo esencial es que crezca.
Si se va a cambiar una estrategia económica que había logrado durante 15 años un crecimiento acelerado y sostenido con una tasa media anual del Producto Interno Bruto (PIB) de 6.48%, y del PIB por habitante de 3.41%,4 una inflación muy moderada, una estabilidad del peso frente al dólar y una mejora generalizada en el poder de compra de los salarios; la nueva estrategia debe ser evaluada con los mismos parámetros. Insisto, la estrategia seguida durante 1955-1970 llamada de desarrollo estabilizador se había agotado y eran necesarios cambios; pero ¿cuáles cambios? ¿La nueva estrategia tiene buenos resultados?
Este ensayo analiza la dinámica del crecimiento durante el neoliberalismo. Nos conformaremos con los datos más duros y generales debido al limitado espacio que permite una revista.
¿Crecimiento económico?Cómo hemos dicho, el objetivo primordial de cualquier estrategia económica es crecer. El crecimiento debe ser, además, sustentable y justo, pero, sobre todo, real. La primera gran promesa del neoliberalismo, y particularmente de los promotores del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), es volver a lograr un crecimiento estable y sostenido. La realidad ha sido otra: prácticamente no ha habido crecimiento real.
La economía ha crecido por encima de la inflación, pero el resultado es negativo si además de la inflación consideramos el aumento de la población. El PIB por habitante en diciembre de 1997 es 0.81% menor que el de 1981 (último año de crecimiento real antes de la crisis y del inicio del neoliberalismo) ¡Menos producción por habitante que 16 años atrás! Habrá quien atribuya esto a la crisis de 1995, pero no es así. Antes de la crisis (1994), el PIB por habitante ya era 0.53% menor que en 1981. Los siguientes años (1997-a junio de 2000) se logró un crecimiento real por habitante de 9.25%; pero el saldo global del neoliberalismo hasta la fecha ha significado una tasa media de crecimiento del PIB por habitante de sólo 0.42 por ciento.5
México tiene un pobre desempeño en el contexto latinoamericano y caribeño.
En la llamada década perdida de los ochenta, México es el país de toda la región que más decrece (-0.3% como promedio anual). Hay 14 naciones de América Latina y El Caribe que sí logran crecer, algunas incluso, de manera acelerada. La pequeña isla caribeña de Saint Kintts y Nevis crece al 7% de promedio anual en su PIB por habitante; Antigua y Barbados al 5.6%. Dentro del continente, países plenamente neoliberales como Chile crecen en promedio 1.3% anual.6
En la década de los noventa, 17 países logran un crecimiento del PIB por habitante mayor que el nuestro. Granada crece al 5.85% como promedio anual, Chile 4.67% y Argentina al 3.4%, mientras que México sólo lo hace a 1.4% como promedio anual.7
La estrategia neoliberal prometía una nueva etapa de crecimiento estable y sostenido y eso es lo que no se ha dado. El PIB por habitante es un indicador muy general, pero la falta de crecimiento es un dato suficientemente contundente para obligar a revisar la estrategia, sin embargo, la elite del poder en México se niega a hacerlo. Además, la tendencia a la baja de la inflación no ha sido constante y sobre todo no ha dado beneficios a la población ya que no ha significado mejoras en los salarios reales. Por el contrario, la estrategia ha tenido efectos muy negativos en términos sociales.
En lo que resta de este apartado profundizaremos el análisis de la dinámica económica. Buscaremos las causas o deficiencias estructurales de los problemas. Trataremos de descubrir en qué medida las crisis recurrentes tienen que ver con la estrategia aplicada, el grado de incidencia de lo negociado en el TLCAN en estos resultados y qué tanto las reglas pactadas son un apoyo para afrontar, en mejores condiciones, las dificultades de nuestra economía o si, por el contrario, son parte del problema. Las respuestas a estas preguntas son indispensables para un mejor diagnóstico ante la llegada de una nueva elite al poder, la cual ha prometido cambios de fondo, aún cuando todo indica que una vez más se niegan a revisar la estrategia económica.
El Cuadro 1 muestra los datos duros comparativos entre las diversas estrategias económicas aplicadas en México.
¿Cuál ha sido la estrategia y por qué ha dado tan pobres resultados?La estrategia neoliberal mexicana plantea crecer con base en la inversión privada, inclusive la extranjera, y el dinamismo principal se pone en las exportaciones manufactureras.
Efectivamente, las exportaciones han crecido en forma espectacular y hemos logrado pasar de ser un país exportador de productos primarios, a exportar manufacturas. Además se ha logrado atraer enormes sumas de inversión extranjera. ¿Por qué no se logra un crecimiento acelerado y constante? Las razones explicativas de dicha paradoja las encontramos en al menos cinco rubros:
1. Los sectores con un crecimiento mayor se ubican en las ramas con fuerte dinamismo exportador y/o presencia de capital extranjero. Durante el neoliberalismo, de 1982 a la fecha, la división de Transportes y Comunicaciones ha crecido 102%; Electricidad, 91%; Servicios Financieros, 87%; e Industria manufacturera, 81%.8 Además, dentro de la industria manufacturera hay una coincidencia casi total entre mayor dinamismo de crecimiento y peso en las exportaciones, como puede verse en el Cuadro 2.
En realidad, el sector exportador está constituido por sólo algunas grandes empresas que están creciendo de manera importante. Por ejemplo, en la rama de maquinaria y equipo, las exportaciones están fuertemente concentradas en unas cuantas empresas automotrices que, por lo demás, son transnacionales en su totalidad.
Además, su crecimiento no es motor del resto de la economía ya que dichas empresas se surten de importaciones. La mitad de las exportaciones manufactureras provienen de maquiladoras (49.79% en promedio durante el período del TLCAN) que tienen un contenido de insumos nacionales de 1.77% promedio durante las últimas dos décadas).9 Es decir, no tienen prácticamente ningún efecto de arrastre o multiplicador en el crecimiento del resto de la economía y tampoco generan empleos indirectos.10
El resto de las exportaciones manufactureras se están convirtiendo en maquila ya que su contenido mexicano (incluyendo la mano de obra) ha pasado de 91%, en 1983, a sólo 35% en 1996;11 Se estima que de dicho porcentaje, 20% es mano de obra, por lo que el efecto real sobre el resto de la economía de alrededor de 15 por ciento.12
Esto se atribuye a lo poco competitivo de nuestras industrias, pero no siempre es así. En realidad no hay nada que favorezca la compra de insumos nacionales. Las reglas de origen a cumplir para pasar las fronteras y exportar, basados en los tratados de libre comercio, no exigen contenido mexicano, sino únicamente zonal. A los inversionistas extranjeros no se les pueden poner requisitos de desempeño. Las grandes empresas no están obligados a someter a concurso sus compras, como sí lo deben hacer el Estado y las empresas públicas.
En las condiciones pactadas en los tratados de libre comercio no hay nada que favorezca la integración de las cadenas productivas nacionales, el aumento del contenido mexicano de nuestras exportaciones. En realidad, las grandes empresas transnacionales han impulsado los tratados de libre comercio para facilitar su integración intrafirma sin tener que cumplir diversos requisitos o normatividad de las legislaciones de cada país. La globalización neoliberal busca, en el fondo, la integración de las distintas plantas de las grandes corporaciones transnacionales; no tanto la integración de los países en que operan a la economía mundial.
Hay casos que documentan lo anterior. La empresa Rubestos, productora de balatas para frenos, le vendía a la Volkswagende México gran parte de su producción. Un día, le cortaron el pedido. Después de meses de solicitar una explicación, un funcionario de la automotriz confiesa que las balatas de Rubestos son de mejor calidad y de un precio similar a las que actualmente compran pero que no hay mejor negocio que comprarse a sí mismo y que la Volkswagen tiene, en otras partes del mundo, fabricas de balatas.
El mismo empresario decidió entrar a un nicho de mercado en el que consideró que no tendría problemas y orienta su producción a fabricar balatas especiales sobre medida para la industria llantera. Sin embargo, un día dejan de comprarle lo cual le extraña porque la gran industria de balatas tiene poca flexibilidad para producirlas de tamaño especial. Luego de una investigación descubre que algunas llanteras norteamericanas han decidido simplemente no comprar en México.
En ninguno de estos casos el fabricante mexicano pudo competir ni participar en licitaciones en las que ganara el mejor. Los tratados de libre comercio no obligan a las empresas privadas a someter a concursos sus compras. Lo paradójico es que dichos tratados sí obligan a las empresas públicas a licitar sus compras. Las privadas, pueden comprar a quién quieran porque es su dinero; pero las empresas públicas, que trabajan con dinero de la población, no pueden usar sus compras para favorecer a las empresas del país.13
2. El pobre dinamismo del crecimiento económico de México también se debe a que el grueso de las empresas mexicanas están, aún, orientadas al mercado interno. ¿Cómo pueden crecer cuando se ha reducido enormemente su mercado?
Si producen insumos para otras industrias, su mercado se ha reducido debido a que las empresas en crecimiento se abastecen cada vez más de importaciones. Si producen bienes de consumo final, su mercado se ha reducido debido a la gran pobreza de la mayoría de la población. Los salarios han perdido gran parte de su poder de compra desde hace dos décadas y media. El salario mínimo promedio nacional ponderado en el año 2000 puede comprar sólo 22.67% de lo que podía adquirir en diciembre de 1976,14 mientras el salario promedio industrial ha perdido, sólo durante el actual gobierno, 14.29%15 y el salario promedio de cotización del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) 19.41 por ciento.16
3. Por otra parte, efectivamente, se han atraído enormes cantidades de inversión extranjera. De 1982 a la fecha, nada menos que 196 mil 562 millones de dólares. Sin embargo, sólo la mitad (53.56%) es directa y una gran parte de ella es compra de empresas ya existentes, tanto privadas como privatizaciones. El resto de la inversión extranjera es de cartera y tiene muy poco efecto en el crecimiento, sobre todo la que se realiza en bonos de deuda que es 26.14% del total.17
Lo más grave es que la atracción de la inversión extranjera directa se hace ofertando los bajos salarios del país. La inversión especulativa se atrae vía altas tasas de interés que tienen efectos negativos en el crecimiento de la industria nacional al encarecer el crédito.
4. En conclusión, la estrategia ha fracasado. Se logran atraer grandes cantidades de inversión extranjera y crecen las exportaciones, que son los instrumentos planteados para dinamizar la economía; pero no se logran los objetivos que se propusieron con ellos: dinamizar al conjunto de la economía.
5. Además de no lograrse el objetivo de un crecimiento acelerado y sostenido, los efectos sociales negativos han sido enormes: pocos y malos empleos.
De 1993 a 1999 se han creado 6 millones 354 mil 199 empleos, cuando la demanda en estos seis años es de 8 millones 400 mil plazas. Pero lo más grave es que han sido malos empleos. El 63.1% de ellos no tiene ninguna de las prestaciones de ley; 54% son asalariados sin prestaciones de ley; 17.18% tiene un sueldo inferior al mínimo legal.18
Ni siquiera las industrias manufactureras, el gran sector exportador, han tenido resultados en la creación de empleos. Durante el período del TLCAN, la producción manufacturera ha crecido en un 43%, pero no ha generado empleos nuevos (–0.1%). Su productividad ha aumentado en estos mismos años en un 43.8%, pero el salario real ha bajado 12% y el costo de la mano de obra ha disminuido 33.2 por ciento.
La principal rama exportadora, maquinaria y equipo, ha crecido 80.8%, su productividad 74.9%; pero, en contraparte, el empleo sólo ha aumentado en dicho sector un 9.9%. y los salarios reales han perdido 12.8% de su poder de compra, mientras el costo de la mano de obra ha bajado 46.5%.19 Es decir los sectores exportadores que están creciendo aceleradamente no son grandes generadores de empleos. Ello se debe a lo ya explicado: poca integración de las cadenas productivas y generan pocos empleos porque en muchos casos son intensivas en capital, además de que muchas de las plazas se pierden con los proveedores nacionales ya que el abastecimiento proviene ahora de importaciones.
El presidente electo y su equipo han hablado mucho de que lograrán un crecimiento acelerado y sostenido y muchos y buenos empleos. Sin embargo, sin un cambio de fondo en la estrategia económico, todo quedará en palabras tan huecas como el bienestar para tu familia proclamado por el presidente saliente. En los hechos, ya anunció que en su primer año de gobierno no cumplirá sus promesas. Se plantea crecer entre 4% y 4.5%, generar sólo 900 mil empleos. Se habla además de que los salarios mínimos podrían subir sólo 7%, que es la inflación esperada.20
El nuevo equipo gobernante no ha explicado a detalle cómo lo va a lograr. Pero todo indica que sigue la tesis simplista y falsa de que el empleo se logra haciendo crecer la economía y para ello hay que invertir.
Como lo demuestran los datos duros presentados anteriormente, no toda inversión tiene los mismos efectos en el crecimiento y los empleos no dependen sólo de que la economía crezca, sino del tipo de crecimiento. La realidad evidencia que en México no hay una correlación directa entre crecimiento del PIB y creación de empleos. Por ejemplo, el segundo trimestre de 1999, con respecto al mismo de 1998, se crearon 185 mil 956 empleos por cada punto de crecimiento del PIB; en cambio, entre los mismos períodos de 98, con relación a 1997, se crearon 414 mil 156 empleos por cada punto de crecimiento del PIB.21
Por todo esto, es urgente una nueva estrategia económica para el país. Se han hecho propuestas fundadas e integrales por parte de grupos de la sociedad civil, pero todo indica que ni el gobierno saliente, ni el entrante, quieren discutir el tema.22
1 Nafinsa y Banco de México.
2 Nafinsa y Banco de México.
3 Nafinsa y Banco de México.
4 Tomado de La realidad Económica Mexicana, Solís Leopoldo. Editorial Siglo XXI Página 92 Basado en información del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).
5 Cálculos propios con base en información oficial. Fuentes: el PIB en pesos de 1993 INEGI, Sistema de Cuentas Nacionales (SCN), tomado del Banco (electrónico) de Información Económica (en adelante BIE). La población son estimaciones a partir de la tasa media de crecimiento entre el Censo de 1980, 1990 y 2000.
6 CEPAL Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 1998. Apéndice estadístico. Cuadro A-2. Tomado de Internet.
7 CEPAL 1999-2000 Estudio Económico de América Latina y el Caribe. Síntesis. Apéndice estadástico. Cuadro A-3. Ed. Naciones Unidas CEPAL Santiago de Chile agosto de 2000.
8 Cálculo con base en el INEGI y Grupo de Trabajo INEGI, Banco de México y SHCP Tomado INEGI BIE.
9 INEGI Estadástica de la Industria Maquiladora de Exportación Tomado de BIE.
10 Aunque la industria maquiladora sí es generadora de empleos: un millón 136 mil 765 en los últimos 20 años, no son tantos como para que se justifiquen los privilegios que se le conceden. En 20 años ha creado menos empleos que los que se demandan en un año.
11 Héctor Vázquez Tercero Medición del Flujo Efectivo de Divisas de la Balanza Comercial de México. Revista . Comercio Exterior Agosto 95, Cuadros 5 y 8 páginas 599-600. Nota: las exportaciones netas totales son las brutas menos importaciones temporales de manufacturas. Los insumos importados de 1991 y 1992 son preliminares en la fuente original. De 1993 en adelante son estimaciones de Vázquez Tercero. A la misma conclusión llega la revista Expansión de agosto-septiembre de 1999 en su editorial y en el artículo Exportadoras e Importadoras ¿A quién le funciona el modelo?
12 La estimación se basa en que el peso de los salarios en el PIB es de 20 por ciento.
13 Entrevista realizada por el autor con su dueño Ing. Rubén Barrios Graff, 1997. Sobre las condiciones pactadas en los tratados de libre comercio, véase Jorge Calderón y Alberto Arroyo (coordinadores) El Tratado de Libre Comercio de América del Norte -Análisis Crítica y Propuesta, editado por la Red Mexicana de Acción Frente al Libre Comercio (RMALC), México 1993;.y Andrés Peñaloza y Alberto Arroyo (coordinadores) Acuerdo de Asociación Económica, Concertación Política y Cooperación entre México y la Unión Europea, en Prensa Ed. RMALC.
14 Cálculo propio con base en: Salarios, Comisión Nacional de Salarios Mínimos (CNSM), tomados de los Anexos de los Informes presidenciales. Se trata del salario mínimo promedio nacional ponderado con la PEA de las diversas zonas. Inflación de 1976 a 1982 tomada de la CNSM y de 1982 a la fecha Indice de Precios al Consumidor, del Banco de México. Tomado de INEGI BIE
15 El Salario obrero en la Industria manufacturera se calculó con base en el índice 1993=100. Tomado de INEGI BIE. Encuesta Industrial Mensual 205 clases de actividad.
16 Salario promedio de cotización al IMSS incluye algunas prestaciones. Se cambió la ley por no ser comparable a partir de julio 93. Se inicia una nueva serie a partir del segundo semestre de 1993. En 2000 usamos el promedio al tercer bimestre de 2000 Tomado de Web STPS. Estadísticas laborales. Cuadro III.19
17 Cálculo con base en el Banco de México. Balanza de Pagos. Tomada de INEGI BIE.
18 Empleo: INEGI Encuesta Nacional de Empleo 1993, 1995, 1996, 1997, 1998, 1999. La demanda de empleos se calcula por el crecimiento de la población en edad de trabajar. Por supuesto, algunos trabajadores pueden aparecer en dos o más de estas condiciones por lo que el porcentaje no suma 100 por ciento.
19 Crecimiento del PIB: INEGI Sistema de Cuentas Nacionales Tomado de INEGI BIE. Empleo y salario : INEGI Encuesta Industrial mensual. Tomado de INEGI BIE. Costo de la mano de obra y productividad: misma fuente tomado de WEB INEGI Indicadores de Competitividad.
20 Declaraciones aparecidas en La Jornada el 11 de octubre de 2000.
21 Cálculos propios con base en INEGI. Encuestas nacionales de empleo y Sistema de Cuentas Nacionales. En ambos casos, los datos se toman de INEGI BIE. Se toman estos períodos del segundo trimestre de cada año con respecto al mismo del año anterior debido a que abarcan las encuestas nacionales de empleo del INEGI.
22 Véase por ejemplo la presentada por un equipo de la RMALC desde 1995. Alberto Arroyo, Eduardo Manzo, Alejandro Nadal, Andrés Peñaloza y Carlos Salas Plan de recuperación económica y desarrollo sustentable, se publica en tres libros distintos: Tenemos Propuesta, editado por la RMALC. México Septiembre 1995. O la consensada al interior de Poder Ciudadano (coalición de más de 500 organizaciones civiles y sociales de todo el país) La Agenda Económica Ciudadana. Una nueva Estrategia para el desarrollo económico y social de México y que fue presentada a todos los candidatos a la presidencia en el proceso electoral de 2000.
UN APUNTE SOBRE LA CRISIS FINANCIERA ACTUAL Y ENSEÑANZAS FUTURAS
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CRISIS FINANCIERAS: ANTECEDENTES TEÓRICOS Y SU RELACIÓN CON LAS CRISIS BANCARIAS
Elena Moreno García
El colapso de grandes, medianos y pequeños bancos tiene un significado muy importante en el campo de la teoría económica, en el ciclo económico y en la competencia entre los mercados financieros internacionales. Debido a que las crisis bancarias que se presentaron en la década de los noventas se vieron precedidas de crisis financieras, el siguiente documento tiene como objetivo exponer las teorías que explican las crisis financieras, partiendo de las ideas de los monetaristas, para continuar con la postura de los postkeynesianos, la reciente literatura sobre capital social y presentar por último las generaciones de modelos de crisis financieras, analizando finalmente la vinculación que existe entre estas crisis y las bancarias.
El Sistema Financiero y Las Crisis Bancarias
La estructura del Sistema Financiero Internacional actual proviene de la integración económica mundial que reinició[2] en 1945 con el nacimiento de las instituciones del Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, así como con la creación del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT). A través de estas instituciones se restauraron los flujos mundiales de comercio y capitales, generándose una mayor interdependencia entre las economías del mundo. Éste sistema se diseñó pensando en promover el pleno empleo de los recursos (crecimiento económico con estabilidad de precios) y la estabilidad de la cuenta corriente de la balanza de pagos de los países miembros, tarea que le corresponde al FMI que entre sus fines tiene[3]:
a) Infundir confianza a los países miembros poniendo a su disposición temporalmente los recursos generales del fondo bajo las garantías adecuadas.
b) Acortar la duración y aminorar el grado de desequilibrio de las balanzas de pagos de los países miembros.
Bajo esta estructura, es de esperarse que el sistema financiero internacional asegure la cooperación monetaria mediante el apoyo a los Estados miembros para resolver problemas de balanza de pagos y de esta forma, garantice un adecuado funcionamiento del sistema monetario que provea capital a los países que lo necesiten y contribuya a la estabilidad económica mundial, sin embargo, el actual sistema financiero global no funciona así y las crisis financieras se volvieron eventos regulares[4] en la última década.
De acuerdo con Minsky, las fluctuaciones económicas están en función de la ineficiencia del sector financiero. Cuando el sector financiero es sano, el mecanismo préstamo – inversión - consumo funciona, presionando a la demanda agregada hacia el pleno empleo e incrementando así, el ingreso y la tasa de crecimiento del producto. En cambio un sistema financiero frágil, formado principalmente por empresas que requieren de financiamiento solo para mantenerse en el mercado, corre el riesgo de que cualquier impacto externo los lleve a la quiebra. Esta percepción, usualmente crea racionamiento en el crédito y tiende a incrementar la tasa de interés, lo cual por si mismo, incrementa el riesgo. Como resultado, el consumo y la inversión se reducen, presionando a la baja a la demanda agregada y a toda la economía hacia una recesión.
Las fluctuaciones económicas que describe Minsky, no son en todos los casos consecuencia de impactos externos, pueden ser interpretadas como resultado de la dinámica interna del capitalismo y el sistema financiero. En este sentido, los fallos de mercado como información asimétrica, problemas de selección adversa y riesgo moral, previenen a los agentes económicos de los ajustes en los procesos de inversión y préstamo que incrementan la fragilidad financiera. Este proceso continúa hasta que la fragilidad financiera alcanza niveles críticos. En este punto, el decremento en los mecanismos de préstamo, inversión y consumo empujan a la economía hacia la recesión y el peligro de deuda – deflación en la economía indicada por Fischer (1933) podría presentarse.[5]
Los problemas financieros son parte de la naturaleza de la banca. La función esencial de los bancos es la de ser intermediarios entre dos conjuntos de contratos: los de depósito y los de préstamo, por lo tanto, el fracaso de la banca es fundamentalmente la falla contractual de un banco para hacer frente a las obligaciones con sus depositantes y proviene con mayor frecuencia del fracaso de los que piden prestado para cumplir con sus contratos con el banco o del impacto de los cambios del mercado en el valor neto del banco.
La importancia del sistema bancario en un país se hace evidente al examinar las funciones que desempeña en una economía de mercado. Por un lado los bancos proporcionan servicios de liquidez y de pago, por otro lado, realizan una importante labor de transformación de los activos financieros, no sólo en lo que se refiere a sus plazos de vencimiento sino también en cuanto a su calidad y denominación (Freixas y Rochet, 1997), por lo tanto, el deterioro del sistema bancario de un país provoca una interrupción del flujo del crédito a las familias y empresas, reduciendo la inversión y el consumo y en algunos casos, encaminando a la quiebra a empresas que hubieran sido viables (Demirgüç y Detragiache, 1997). Las crisis bancarias pueden incluso comprometer el funcionamiento del sistema de pagos y al socavar la confianza en las instituciones financieras, pueden causar una disminución del ahorro doméstico y una gran salida de capitales del país.
El colapso de grandes, medianos y pequeños bancos tiene una significación muy importante en el campo de la teoría económica, en el ciclo económico, en la competencia entre los mercados financieros nacionales y entre las diversas regiones del mundo, debido a que los préstamos bancarios son la fuente de financiamiento más importante de la industria en el mundo. A partir de los años setentas se han presentado en el mundo 112 episodios de crisis bancarias en 93 países (Caprio y Klingebiel, 1999), las cuales han impuesto elevados costos económicos y fiscales a los involucrados. Honohan y Klingebiel (2000) encontraron que el costo promedio directo de estas crisis equivalen al 12.8% del PIB y en muchos casos, el costo excede este porcentaje.
Una crisis bancaria puede definirse desde diferentes criterios. Para Von Hagen y Ho (2003) es una situación en la que las dudas sobre la solvencia del sistema bancario conducen a una retirada masiva de depósitos o al requerimiento de un gran apoyo de liquidez a las autoridades monetarias o a un fuerte aumento de los tipos de interés o a una combinación de todos ellos. Del mismo modo, Demirgüç-Kunt y Detragiache (1998), la identifican como una situación que combina: la ratio de activos morosos respecto al total de activos del sistema bancario mayor al 10%, el costo de las operaciones del rescate del sistema bancario que supera el 2% del PIB, los problemas del sector bancario que resultan en una nacionalización a gran escala de los bancos, se observan retiradas masivas de depósitos bancarios o medidas de emergencia tendentes a congelarlos, la autoridad monetaria que permite cierres prolongados de los bancos para impedir la retirada de depósitos o el gobierno que promulga garantías generalizadas de los depósitos bancarios.
Para Caprio y Kingebiel (1996), una crisis bancaria se manifiesta en los casos en que los activos del sistema bancario prácticamente se agotan, los préstamos morosos se sitúan entre el 15 y el 20% del total de los préstamos bancarios y el costo de resolver estos problemas se sitúa entre el 3 y el 5% del PIB. Por último, para Kaminsky y Reinhart (1999), una crisis bancaria se identifica a través de la existencia de pánicos bancarios que obligan al cierre, fusión o absorción por parte del sector público de una o más instituciones financieras. Todas estas definiciones tienen en común la retirada masiva de depósitos bancarios que causan la crisis y el rescate que el sector público tiene que efectuar a estas instituciones financieras para evitar cierres o pérdidas mayores.
En el estudio de las crisis bancarias, la liberalización financiera juega un papel central y se debe entender como la globalización de las finanzas y el capital (Petrella, 1996), que es uno de los siete conceptos que forman la vasta idea de la globalización[6]. La Globalización concebida como un proceso de cambio económico, político y social, ocurre cuando todos los agentes en un sistema tienen acceso a una fuente común de recursos (Michael Veseth, 1998). Esto trae consigo el acercamiento de las diferentes culturas del mundo y requiere de un proceso que implica el incremento de la eficiencia en el uso de los recursos así como un cambio en la competencia entre empresas.
Políticamente, la globalización parece debilitar el poder del Estado, especialmente en las economías emergentes al no poder controlar su acceso. Este fenómeno se hace evidente al analizar los mercados de capital que en este proceso intervienen canalizando ahorros globales a inversionistas de todo el mundo y son claramente el mercado más globalizado ante el cual el Estado tiene que enfrentarse con políticas económicas regulatorias. En este sentido, Kapstein (1994), concluye que la globalización financiera ha debilitado el poder regulatorio del Estado en tres sentidos:
La existencia de los mercados financieros globales incrementan el costo de las políticas de estabilización domésticas que tratan de reducir las presiones transmitidas por los mercados de capital globales. La habilidad de los gobernantes para regular las fuerzas macroeconómicas se reducen al aumentar los costos de regulación.
Los mercados financieros globales incrementan el riesgo de crisis domésticas causadas por la transmisión internacional de problemas financieros.
La competencia que existe entre las naciones por los recursos financieros conlleva a costos por desviarse de los estándares regulatorios internacionales o por adoptar medidas astringentes de política monetaria.
En este proceso de liberalización financiera, la capacidad de las autoridades para desarrollar funciones de regulación y supervisión juega un papel determinante ya que en una primera fase, la apertura de la cuenta de capital y la liberalización financiera representa un entorno favorable para la aparición de beneficios extraordinarios en un contexto de fuertes subidas de los precios de los activos financieros y la existencia de grandes facilidades de financiamiento exterior.
Aunada a este contexto, la estrecha relación entre el banco principal y las empresas incrementa el riesgo inherente a la liberalización financiera, al otorgarles a éstas recursos permanentes y débilmente exigibles, teniendo como garantía la amalgama de relaciones entre los grupos empresariales con los bancos y el apoyo en última instancia del gobierno a las empresas con problemas.
El importante nivel de pérdidas que en una economía ocasionan las crisis bancarias, justifica y hace necesario el análisis exhaustivo del contexto en el que se originan, generalmente bajo la ausencia de información confiable y con debilidad en los sistemas de supervisión. En estas condiciones, el mercado financiero de una economía puede colapsar resultado de burbujas, manías, pánicos o ataques especulativos al tipo de cambio. Estos ataques se originan a partir de las expectativas de los inversionistas, quienes se guían de las señales lanzadas por el mercado. En este sentido es importante considerar que el tipo de cambio es un precio y que los precios son la mano invisible que guían al mercado (Veseth, 1998), es decir, cuando los precios son correctos, la distribución de los recursos es eficiente y cuando son incorrectos, la señal que mandan es la equivocada, provocando que las decisiones entre los agentes estén basadas en un mercado con fallos.
Antecedentes Teóricos de las Crisis Financieras
Se presentan a continuación, las teorías que explican las crisis financieras partiendo de las ideas de los monetaristas, para continuar con la postura de los postkeynesianos, la reciente literatura sobre capital social y presentar por último las generaciones de modelos de crisis financieras.
a). Los Monetaristas
En esta escuela, que tiene a Milton Friedman y Ann Schwartz como principales precursores, las crisis financieras se identifican con situaciones de pánico bancario que o bien desencadenan o bien agravan los efectos de una contracción monetaria. Para Schwartz (1986), las crisis financieras se ven alimentadas por el miedo a que no puedan obtenerse medios de pago a ningún precio, lo que en un sistema bancario se traduce en la lucha por el efectivo. Por lo tanto, una crisis financiera se precipita por la repentina retirada de depósitos por parte del público y por el desmoronamiento de las reservas del sistema bancario. En un intento vano por recuperar liquidez, los bancos pueden solicitar préstamos, negarse a refinanciar los créditos existentes o recurrir a la venta de activos.
Se habla de pánico financiero cuando el sistema bancario se ve afectado en su conjunto y no cuando se trata de una determinada institución, por lo tanto, esta escuela argumenta que una crisis se produce cuando las autoridades no protegen las reservas monetarias contra un descenso repentino y relativamente importante. Estos pánicos bancarios, como el ocurrido en 1930 – 1933 en los Estados Unidos, tienen serios efectos en la actividad económica primaria, debido a que provocan una reducción en la base monetaria, al disminuir tanto la razón depósitos/efectivo como la razón depósitos/reservas.
Schwartz (1986) hace una clara distinción entre lo que ella llama “crisis financieras reales” y “pseudo-crisis financieras”. De acuerdo a esta clasificación, una verdadera crisis financiera puede ocurrir en dos escenarios: a partir de un pánico bancario que sucede cuando el público intenta convertir sus depósitos en efectivo o con un impacto en el mercado de capitales que genera la expectativa de que los préstamos se volverán irrecuperables a cualquier precio. Sin la intervención de las autoridades monetarias, la economía real sufrirá una disminución de la oferta monetaria, por la disfunción del sistema de pagos y por la interrupción de los préstamos bancarios. Otros eventos, que aunque representan pérdida en la riqueza de algún sector particular de la economía, no incluyen los pánicos bancarios o el impacto al mercado de capitales, son los que reciben el nombre de pseudos-crisis. En estos eventos se incluyen la deflación, la angustia financiera de corporativos no financieros, la caída abrupta en el precio de algún commodity o el ataque especulativo sobre algún activo en economías con regímenes de tipo de cambio fijo.
De acuerdo a la aproximación monetarista, la transmisión de las crisis financieras, así como las fluctuaciones internacionales ocurren primero a través del patrón monetario. Bajo un tipo de cambio fijo, como en el clásico patrón oro, la deflación es el resultado de una caída en la oferta monetaria y en su velocidad, esto en cualquier economía genera un superávit en la balanza de pagos que atrae flujos de oro de otros países, lo que provoca que estos últimos sufran entonces una contracción de su oferta monetaria. En contraste, cuando el tipo de cambio es flexible, de acuerdo a la aproximación monetarista, la transmisión de un disturbio financiero es considerablemente menor.
Siguiendo esta línea teórica, se encuentran otros autores como Obstfeld (1994), que sostiene que un sector bancario débil puede precipitar una crisis monetaria si los especuladores racionales anticipan que los políticos no estarán dispuestos a sacrificar la estabilidad del sistema bancario doméstico por defender la paridad fija de su moneda.
Alternativamente otros autores (Dooley, 1997; Krugman, 1998b; McKinnon y Pill, 1996; o Goldfajn y Valdés, 1997) sostienen que la posibilidad de que la relación de causalidad corra desde una crisis bancaria hacia una crisis monetaria, se debe fundamentalmente a la intervención del gobierno y a un sistema financiero pobremente regulado. De esta forma, un banco central que financie el rescate de las instituciones bancarias insolventes mediante la creación de dinero, puede minar la estabilidad de su compromiso cambiario.
b). Los Postkeynesianos Financieros
Desde la postura de los postkeynesianos financieros, los problemas de sobreendeudamiento en las economías, la caída de los precios de los activos inmobiliarios y financieros, las crisis bancarias y los estancamientos productivos como los que se presentaron en Gran Bretaña, Francia, Suecia y otros países avanzados a comienzos de esta década, se relacionan con el tránsito de sistemas financieros administrados con fuerte supervisión estatal a sistemas financieros liberalizados, más abiertos a los movimientos internacionales de capital.
Los postkeynesianos han sido escépticos respecto de las bondades de la globalización financiera. Inspirados en parte en la conocida "hipótesis de inestabilidad financiera" de Hyman Minsky, acusan a los comerciantes de divisas de violar sistemáticamente la racionalidad del mercado eficiente, desviando recursos del crecimiento económico a inversiones financieras y promoviendo manipulaciones altamente especulativas de una pequeña camarilla (Studart, 1995-1996 y Félix, 1997-1998).
Desde este enfoque, los postkeynesianos contemplan las crisis financieras como un elemento natural de los mercados internacionales, que tienen en común siete etapas sintetizadas por Charles P. Kindleberger del modelo teórico presentado por Minsky:
1. Desplazamiento
2. Expansión
3. Euforia
4. Peligro
5. Repudio
6. Crisis
7. Contagio
De acuerdo a este modelo, un cambio en las expectativas de los inversionistas, altera la visión sobre el mercado y provoca un desplazamiento de los capitales, aun considerando que el mercado había alcanzado algo parecido al equilibrio, en donde los flujos financieros actuaban de manera consistente con la información disponible. A partir de ese movimiento de capitales, comienza la expansión que se vuelve euforia entre los inversionistas, alimentada por un incremento en la liquidez y la especulación, que intenta apostar sobre la futura dirección y psicología del mercado (Keynes, 1936).
Cuando la actitud de los inversionistas sobre el riesgo y la propia estructura de pasivos cambian, el sistema financiero comienza a volverse especialmente frágil. La proporción de deuda de corto plazo aumenta y el peligro ocurre cuando la liquidez llega a su límite y se hace evidente con la contracción de los créditos bancarios, en ese momento los inversionistas inician una venta generalizada de activos financieros que desemboca en crisis financiera, colapsando los precios de los activos y provocando la salida masiva de capitales financieros de la economía.
En una situación tan vulnerable, la quiebra de una compañía, un banco, o cualquier evento negativo no predecible de la economía es capaz de iniciar una crisis financiera, ya que propicia una revisión significativa por parte de los inversionistas de sus expectativas optimistas, las cuales se desarrollaron durante el período de expansión.
Desde la perspectiva de Minsky, la crisis financiera provoca una disminución en las expectativas de inversión, lo cual afecta negativamente a las utilidades y empeora las dificultades ya existentes para dar cumplimiento al compromiso del pago de la deuda. En este punto surge la posibilidad de que se inicie un proceso deuda – deflación, que origina un decremento en la demanda agregada, lo cual reduce los precios, incrementa el valor real de la deuda y acelera la espiral recesiva. Una crisis se contagia entre las economías a partir de nexos internacionales como los flujos de capital, la interdependencia comercial y la afectación a la psicología de mercado.
Incluso en Keynes, conocido por sus ideas opuestas al movimiento internacional del capital[7], es posible encontrar apoyo al flujo de capitales. De acuerdo a Keynes, mientras más rica sea la comunidad, menores oportunidades tiene de obtener un alto rendimiento en su inversión, esto ocasiona que los flujos de capital vayan de los países ricos a las economías menos desarrolladas, ayudando a incrementar la demanda agregada en las economías más ricas y manteniéndolas cerca del pleno empleo, de esta manera se benefician ambas economías, sin embargo, las fallas del mercado obstruyen la movilidad perfecta del capital y los problemas de información son causa de incertidumbre. La información asimétrica provoca no solo diferentes niveles de información sino diferentes interpretaciones.
Finalmente, Minsky enfatiza que la intervención de un prestamista de última instancia y la prevención del proceso deuda – deflación no es suficiente. Para reducir la probabilidad de una crisis financiera y la reaparición potencial del proceso deuda – deflación, es necesario que los hacedores de política económica restrinjan las prácticas de los mercados financieros a través de regulaciones y reformas.
c). La Teoría del Capital Social
Ligado al problema de información confiable en los mercados, recientemente se ha incorporado otra categoría que ha ganado aceptación en la literatura económica, a la cual se le ha dado el nombre de capital social. El concepto proviene de tradiciones teóricas distintas a la economía y está relacionado con la cooperación, interacción y las redes en las relaciones entre las personas (en un micro sentido) o los gobiernos (en un sentido macro). También se incluye los valores y normas que son asociadas con tales relaciones incluyendo confianza y solidaridad que ayudan a mantener el tejido social unido. Estas relaciones de largo alcance son creadas entre muchos agentes sociales, como las familias, los gobiernos, las corporaciones y los mercados. Las mismas redes sociales al combinarse con la acción colectiva conducen a beneficios económicos para la sociedad.
Aunque la relevancia del capital social para los desempeños económicos no se ponga en tela de juicio, en la literatura existen discrepancias en cuanto a su conceptualización. Putnam (1993) y Fukuyama (1996), consideran que el capital social reside en un conjunto de las asociaciones horizontales y en las normas cívicas de comportamiento. La interacción social horizontal desemboca en la confianza generalizada que soluciona problemas de acción colectiva.
Gambetta (1999), define la confianza como “un alta probabilidad subjetiva que otro agente realice otra acción que nos beneficie o por lo menos no nos perjudique. Entonces es cuando consideramos la posibilidad de establecer cooperación con esta persona”. En términos más generales, la definición de confianza abarca la situación del riesgo por lo menos para un agente, la creencia en buenas intenciones de otros y la creencia en sus capacidades de actuar correctamente.
Dentro del sistema financiero, la existencia de instituciones formales funcionando de manera eficiente (por ejemplo un banco central), es parte del capital social porque envuelve confianza e interacción entre el banco central y otras instituciones financieras, teniendo el objetivo común de hacer estable y saludable el sistema financiero.
Se sostiene que en los países con instituciones financieras formales que no funcionan adecuadamente y reciben poca confianza del público, las actividades financieras que apuntalan el crecimiento económico tienden a ser ineficientes. También se argumenta que en las recientes crisis financieras muchos estudios reconocen la contribución del capital social al rápido desarrollo en la forma de redes de grupos económicos.
No obstante, esta misma forma de capital social se ha enfrentado a diversas críticas en virtud a la complejidad en la estructura de las redes, que incluye relaciones entre las firmas y el sector financiero dentro del grupo económico, lo que conlleva problemas de riesgo moral y selección adversa dentro de los mercados financieros. Por lo que el beneficio de estos mercados no está basado en la banca, sino más bien en la estructura de propiedad del intermediario (por ejemplo la banca vs. un corporativo). El que el oferente del financiamiento tenga los derechos de control da lugar a consecuencias importantes: incremento en los incentivos al esfuerzo empresarial y mejores capacidades para la reubicación de activos en caso de dificultades financieras.
Algunos ejemplos del caso mexicano son los siguientes: Basave (1996), Morera (1998) y Concheiro (1998). Sin embargo pocos han sido los intentos de realizar un análisis formal de los grupos económicos y sus operaciones; ejemplos de ello son Castañeda (1998), Castañeda (1999), Kali (1998), Kali (1999), Ghatak y Kaja (1999) y Khanna y Rivkin (1999). En el centro del debate de estos trabajos están dos argumentos antitéticos: ¿los grupos económicos alientan la búsqueda de rentas en detrimento de la productividad? o bien ¿los grupos reducen ineficiencias en los mercados con la consecuente generación de valor? Aunque algunas de estas investigaciones hacen un intento por explicar la conexión entre estas formas corporativas y la naturaleza de los mercados financieros, no existe en la literatura un análisis teórico o empírico que profundice sobre las implicaciones de los mercados internos de capitales en economías en desarrollo.
En economías emergentes prevalecen importantes fallas en los mercados de capitales. Las deficiencias en el marco legal y en la procuración de justicia hacen muy común la presencia de comportamientos oportunistas en un entorno de información asimétrica, el cual resulta ser más pronunciado en estos países debido a la ausencia de intermediarios generadores de información y a la prevalencia de estructuras corporativas cerradas, que en América Latina son conocidas como Grupos Económicos.
d). Modelos de Crisis Financieras
Para el análisis de la gestación de las crisis financieras, la revisión de la teoría económica debe considerar los siguientes modelos:
El modelo de primera generación pretende explicar las crisis financieras como resultado de un déficit fiscal insostenible en una economía, que es financiado por señoriaje del banco central. Krugman (1979) estableció que una balanza de pagos con problemas, definidos éstos como el momento en el cual el país está perdiendo gradualmente sus reservas, se convierte en una crisis de balanza de pagos debido a que los especuladores perciben que las reservas internacionales se acabarán y el gobierno no será capaz de mantener el tipo de cambio, al mismo tiempo la expansión del crédito interno se traduce en un aumento del precio relativo de los bienes no comerciables internacionalmente. La consiguiente apreciación real de la moneda lleva a su vez a un deterioro del saldo de la balanza por cuenta corriente antes del ataque especulativo.[8] La responsabilidad de las crisis cambiarias entonces se atribuía generalmente a la mala gestión de gobiernos populistas que acababan cayendo en la tentación de imprimir a las políticas económicas una orientación excesivamente expansiva. Al mismo tiempo se confiaba en que los modelos teóricos disponibles permitirían identificar la mayor parte de los desequilibrios macroeconómicos capaces de desencadenar un ataque especulativo, por lo que generalmente se aceptaba que las crisis de balanza de pagos tenían un componente predecible significativo.
El modelo seminal de crisis de balanza de pagos fue desarrollado por Krugman (1979) a partir de una adaptación del modelo de Salant y Henderson (1978) de ataques especulativos sobre el precio del oro controlado por el gobierno. Posteriormente Flood y Garber (1984) desarrollaron la versión canónica del modelo: un modelo lineal que al tiempo que simplificaba el modelo de Krugman permitía analizar los ataques especulativos en un entorno estocástico. Como resultado de esta aproximación teórica, la comunidad monetaria internacional, con el Fondo Monetario Internacional a la cabeza, forzó a los países que sufrieron crisis a adoptar ciertas reformas como la liberalización financiera, el libre movimiento de capital y una política fiscal y monetaria restrictiva (Edwards and Larrain et al, 1989).
Los modelos de segunda generación, surgieron como resultado del análisis del ataque especulativo que sufrió el mecanismo de tipo de cambio europeo en 1992 – 1993.[9] De acuerdo a Obstfeld (1994), las “profecías autocumplidas” juegan un papel importante en la existencia de crisis y destruyen el equilibrio. Lo que hace que la crisis ocurra es la creencia de que ocurrirá, por lo tanto las expectativas que ex-ante son injustificadas, son validadas ex-post. Estos modelos de segunda generación incluyen la existencia de equilibrios múltiples debido a que el mercado actúa en base a las expectativas. El énfasis se pone especialmente en las reacciones del gobierno ante los cambios que se producen en el comportamiento del sector privado, que pueden dar lugar a inconsistencias en las políticas de fijación del tipo de cambio. La idea central que estos modelos incorporan es que el comportamiento de los gobiernos se encuentra condicionado por las decisiones del sector privado. En estas condiciones resulta posible demostrar que pueden surgir incentivos para atacar la moneda si los especuladores anticipan que el gobierno modificará sus políticas tras el ataque, aun cuando las políticas económicas desarrolladas ex ante sean perfectamente consistentes con el mantenimiento de la paridad cambiaria. Eichengreen and Rose explican que en estos modelos de segunda generación, el gobierno puede frenar la inflación con altas tasas de interés o vendiendo reservas internacionales, pero prefiere permitir que el tipo de cambio flote para evitar el costo real para la economía en términos de desempleo.
Al parecer, la crisis mexicana de 1994, así como la asiática de 1997, son explicadas por los modelos de tercera generación. Esta nueva aproximación teórica caracterizada por un fuerte componente de profecías autocumplidas se combina con algunos fallos de mercado como información asimétrica, problemas de riesgo moral y de selección adversa, que producen distorsiones en las decisiones de mercado. El funcionamiento del sistema bancario y el racionamiento de crédito se introducen incluso en estos modelos que admiten que el comportamiento del gobierno no se encuentra sólo en función de la actuación de los especuladores sino que también depende de la evolución de los fundamentales macroeconómicos. En estos modelos, un ataque especulativo puede producirse independientemente de cual sea el estado real de los fundamentales macroeconómicos en el momento en el que se decide el ataque, dado que la reacción del gobierno al ataque puede modificar el estado de los fundamentales macroeconómicos en el sentido de hacerlos inconsistentes con el mantenimiento de la paridad cambiaria, de modo que las expectativas de devaluación se acaben confirmando.
Estos modelos tienen mucho en común con los modelos de segunda generación, incluso se cuestionó la necesidad de acuñar una nueva denominación para lo que no deja de ser una variedad dentro de los modelos de segunda generación. Sin embargo, este relevo generacional podría considerarse oportuno si lo que se desea es señalar el intento de conciliar la importancia de las expectativas autorrealizables con el retorno a los fundamentales macroeconómicos. Los trabajos de Kaminsky y Reinhart (1996), Goldjfajn y Valdes (1997), Chiang y Velasco (1999) y Antinolfi y Huybens (2000), pueden ser considerados ejemplos de estos modelos de tercera generación.
Consideraciones Finales
El importante nivel de pérdidas que en una economía ocasionan las crisis bancarias, justifica y hace necesario el análisis exhaustivo del contexto en el que se originan, generalmente bajo la ausencia de información confiable y con debilidad en los sistemas de supervisión. En estas condiciones, el sistema financiero de una economía puede colapsar resultado de burbujas, manías, pánicos o ataques especulativos al tipo de cambio.
Los modelos de crisis financieras y bancarias representan episodios de ataques sobre esquemas de precios fijos. Estos ataques se producen cuando los gobiernos son incapaces de respaldarlos de manera creíble. Igualmente, en ambas crisis, las garantías públicas de apoyo de estos esquemas pueden estimular la aparición de ataques especulativos. Al referirse a las crisis financieras que provocan una crisis bancaria, también puede hablarse de modelos de primera generación, de crisis fundamentalistas o predecibles (modelos de riesgo moral), así como de modelos de segunda generación, de crisis autocumplidas o predecibles (modelos de retiradas aleatorias).
Por otro lado, al igual que en los modelos de crisis financieras de primera generación, la vinculación que existe entre crisis financiera y crisis bancaria, puede ser resultado de una falta de adecuación entre los objetivos y los instrumentos de política económica.
Esta línea de investigación, plantea la necesidad de seguir explorando cuál debe ser la respuesta de política adecuada para el caso de que una crisis bancaria se deba a una crisis financiera, resultado de problemas de riesgo moral o de ataques autocumplidos. Si la crisis resulta de la ruptura de una burbuja especulativa alimentada mediante comportamientos de riesgo moral, podría ser conveniente anular las operaciones del prestamista de última instancia ya que éstas mantendrían con vida a instituciones y estrategias de inversión ineficientes. Por el contrario, si la crisis resulta de comportamientos autocumplidos basados en rumores infundados sobre los fundamentales macroeconómicos, la respuesta adecuada de política económica, debería ser acudir en apoyo de estas instituciones.
Los elevados costos que plantean para una economía la incertidumbre y finalmente la posibilidad de que se presente una crisis financiera y bancaria, así como la experiencia internacional de que existe una dificultad inherente de detener una crisis una vez que se ha iniciado, dada la velocidad a la que pueden desplazarse los flujos de capital a corto plazo en respuesta a las expectativas del mercado, hace necesario continuar con el análisis sobre las causas de estos fenómenos financieros para finalmente llegar a generar literatura académica que fundamenten las decisiones de política económica tendientes a prevenir estas crisis.
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[1] Directora y profesora de la Licenciatura de Economía de la Universidad Cristóbal Colón. Licenciada en Economía por la misma Universidad. Maestría en Finanzas por la Universidad de las Américas - Puebla. Estudiante del Doctorado en Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Almería, España. E- mail. elenam@aix.ver.ucc.mx Teléfono y fax: (01229) 923-01-85.
[2] Se habla del reinicio de la integración financiera porque durante el patrón oro vigente en Inglaterra hasta la Primera Guerra Mundial, existió el libre flujo de mercancías y capitales, esto significa que la economía mundial ya estaba integrada. La Primera y Segunda Guerras Mundiales interrumpieron esta práctica, reiniciándose en 1945.
[3] Para más información sobre los fines o propósitos del FMI léase a Vázquez Pando Fernando A. pp. 48 – 58.
[4] México, Corea, Indonesia, Tailandia, Rusia, Brasil, Argentina y Turquía, enfrentaron severas crisis financieras en la pasada década.
[5] Minsky presenta una teoría de inestabilidad financiera, enfocándose en el efecto negativo en la actividad económica.
[6] La Globalización es una idea que trata de capturarse en siete conceptos:
I. Globalización de las finanzas y el capital, II. Globalización de los mercados, III. Globalización de la tecnología, IV. Globalización de la cultura, V. Globalización de la capacidad regulatoria, VI. Globalización como unificación política en el mundo, VII. Globalización de la percepción y la conciencia.
[7] Como se puede leer en sus proposiciones presentadas en la reunión del Bretón Woods, en Felix (2000).
[8] En el caso de México, las causas de apreciación real del peso (que entre 1990 y 1994 sufrió una apreciación real con respecto al dólar del 22%) siguen siendo objeto de debate. Por ejemplo Kamin (1996) llega a la conclusión de que la inercia inflacionaria no explica la apreciación real del peso en el período 1988 – 1994. Las entradas de capital explicarían entonces el comportamiento del tipo de cambio real. Edwards (2000) sostiene el punto de vista opuesto.
[9] Gonzalo Rodríguez Praga sugiere en cambio en Varela y Jacobs (2003) que estos modelos de segunda generación son desarrollados a partir de la segunda mitad de la década de los ochenta siguiendo la estela del trabajo seminal de Obstfeld (1986).
martes, 11 de enero de 2011
El GATT y la OMC
En las reuniones de Bretton Woods, en 1944, se había previsto la constitución de un tercer organismo económico mundial, la Organización Internacional de Comercio. En 1948 se aprobó en Cuba la "Carta de la Habana", el documento constituyente de la OIC, pero la necesaria ratificación por los distintos gobiernos, especialmente el de los EEUU, no se produjo. Fue necesario esperar casi cincuenta años, hasta 1995, para asistir a la creación de un organismo similar, la Organización Mundial de Comercio, OMC. Durante ese medio siglo el intercambio mundial de mercancías estuvo regido por un conjunto de normas comerciales y concesiones arancelarias acordadas entre un grupo de países, que se llamó Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, General Agreement on Tariffs and Trade) firmado en 1948.
Durante ese medio siglo, el texto básico del GATT se mantuvo casi idéntico. La secretaría general del GATT, con sede en Ginebra, convocó una serie de rondas de negociaciones que permitieron acuerdos "plurilaterales", es decir, de participación voluntaria, que permitieron importantes reducciones arancelarias.
El GATT tenía un carácter provisional y un campo de acción que excluía a los países del bloque soviético, pero su éxito en el fomento del comercio mundial es incontrovertible. Las continuas reducciones de los aranceles estimularon durante los decenios de 1950 y 1960 el crecimiento del comercio mundial, que alcanzó tasas muy elevadas (alrededor del 8% anual por término medio). El ritmo de crecimiento del comercio mundial fue siempre superior al aumento de la producción durante la era del GATT. La afluencia de nuevos miembros durante la Ronda Uruguay, tras el derrumbe del sistema económico soviético, fue una prueba del reconocimiento de que el sistema multilateral de comercio constituía un soporte del desarrollo y un instrumento de reforma económica y comercial.
La crisis del GATT y la Ronda Uruguay
El éxito logrado por el GATT en la reducción de los aranceles a niveles tan bajos, unido a una serie de recesiones económicas en el decenio de 1970 y en los primeros años de 1980, incitó a los gobiernos a idear otras formas de protección para los sectores que se enfrentaban con una mayor competencia en los mercados exteriores. Las elevadas tasas de desempleo y los constantes cierres de fábricas durante las crisis de aquellos años impulsaron a los gobiernos en Europa Occidental y en América del Norte crear nuevos tipos de barreras comerciales no arancelarias, a tratar de concertar con sus competidores acuerdos bilaterales de reparto del mercado y a emprender una carrera de subvenciones para mantener sus posiciones en el comercio de productos agropecuarios. Estos hechos minaron la credibilidad y la efectividad del GATT.
El problema no se limitaba al deterioro del clima de política comercial. A comienzos del decenio de 1980, el Acuerdo General no respondía ya a las realidades del comercio mundial como lo había hecho en el decenio de 1940.
En primer lugar, este comercio era mucho más complejo e importante que 40 años atrás: estaba ya en curso la "mundialización" de la economía, el comercio de servicios -no abarcado por las normas del GATT- era de gran interés para un número creciente de países, y las inversiones internacionales se habían incrementado. La expansión del comercio de servicios estaba también relacionada con nuevos incrementos del comercio mundial de mercancías. Se estimaba que las normas del GATT resultaban deficientes también en otros aspectos. Por ejemplo, en el sector de la agricultura, en el que los puntos débiles del sistema multilateral se habían aprovechado abundantemente, y los esfuerzos por liberalizar el comercio de productos agropecuarios habían tenido escaso éxito. En el sector de los textiles y el vestido, se negoció en el decenio de 1960 y primeros años del de 1970 una excepción a las disciplinas normales del GATT, que dio lugar al Acuerdo Multifibras. Incluso la estructura institucional del GATT y su sistema de solución de diferencias eran motivos de preocupación.
Estos y otros factores persuadieron a los miembros del GATT de que debía hacerse un nuevo esfuerzo por reforzar y ampliar el sistema multilateral. Ese esfuerzo se tradujo en la Ronda Uruguay y en la creación de la OMC.
La Ronda Uruguay duró siete años y medio, casi el doble del plazo previsto. Participaron 125 países. Se negociaron temas referidos a productos industriales o agrícolas, textiles, servicios financieros, problemas de la propiedad intelectual y movimientos de capital; abarcó la casi totalidad del comercio, incluyendo los productos biológicos más novedosos, el software o los tratamientos médicos del SIDA. Fue la mayor negociación comercial que haya existido en la historia de la humanidad.
En algunos momentos pareció condenada al fracaso, pero finalmente la Ronda Uruguay dio origen a la mayor reforma del sistema mundial de comercio desde la creación del GATT. El 15 de abril de 1994, los Ministros de la mayoría de los 125 gobiernos participantes firmaron el Acuerdo en una reunión celebrada en Marrakech (Marruecos)
La demora tuvo algunas ventajas. Hizo posible que algunas negociaciones avanzaran más de lo que parecía posible, por ejemplo, algunos aspectos de los servicios y la propiedad intelectual, y la propia creación de la OMC. La dificultad de lograr acuerdo sobre un conjunto global de resultados que incluyera prácticamente toda la gama de cuestiones comerciales actuales hizo que algunos pensaran que una negociación en esta escala nunca sería nuevamente posible. Ahora bien, los Acuerdos de la Ronda Uruguay incluyen calendarios para la celebración de nuevas negociaciones sobre diversas cuestiones. Y en 1996, algunos países exhortaron abiertamente a que se celebrara una nueva ronda a comienzos del próximo siglo. Las respuestas fueron variadas; sin embargo, el Acuerdo de Marrakech por el que se creó la OMC, contiene efectivamente compromisos de reabrir las negociaciones sobre diversos temas hacia el final del siglo.
La Organización Mundial del Comercio
La Organización Mundial del Comercio (OMC) es el único órgano internacional que se ocupa de las normas que rigen el comercio entre los países. Su núcleo está constituido por los Acuerdos de la OMC, que han sido negociados y firmados por la mayoría de los países que participan en el comercio mundial. Estos documentos establecen las normas jurídicas fundamentales del comercio internacional. Son esencialmente contratos que obligan a los gobiernos a mantener sus políticas comerciales dentro de límites convenidos. Aunque son negociados y firmados por los gobiernos, su objetivo es ayudar a los productores de bienes y de servicios, los exportadores y los importadores a llevar adelante sus actividades.
El propósito primordial del sistema es ayudar a que las corrientes comerciales circulen con la máxima libertad posible, siempre que no se produzcan efectos secundarios desfavorables. Esto significa en parte la eliminación de obstáculos. También significa asegurar que los particulares, las empresas y los gobiernos conozcan cuáles son las normas que rigen el comercio en todo el mundo, dándoles la seguridad de que las políticas no sufrirán cambios abruptos. En otras palabras, las normas tienen que ser "transparentes" y previsibles.
Como los acuerdos son redactados y firmados por la comunidad de países comerciantes, a menudo después de amplios debates y controversias, una de las funciones más importantes de la OMC es servir de foro para la celebración de negociaciones comerciales.
El tercer aspecto importante de la labor de la OMC es la solución de diferencias. Las relaciones comerciales a menudo llevan aparejados intereses contrapuestos. Los contratos y los acuerdos, inclusive los negociados con esmero en el sistema de la OMC, a menudo necesitan ser interpretados. La manera más armoniosa de resolver estas diferencias es mediante un procedimiento imparcial, basado en un fundamento jurídico convenido. Este es el propósito que inspira el proceso de solución de diferencias establecido en los Acuerdos de la OMC.
La ronda DOHA
En noviembre de 2001, la Cuarta Conferencia Ministerial celebrada en Doha (Qatar), abrió una nueva ronda de negociaciones sobre diversos temas y cuestiones relativas a la aplicación de los actuales Acuerdos. Se estableció 1º de enero de 2005 como fecha límite para concluir todas las negociaciones, pero esa fecha ha pasado sin que se hayan conseguido los acuerdos necesarios.
Las negociaciones están bloqueadas a pesasr de los intentos de relanzamiento promovidos en las conferencias interministeriales de Cancún en 2003, Ginebra en 2004 y Hong Kong en 2005.
Tarea para el alumno: busque en la página web en español de la OMC información actualizada sobre las negociaciones de la Ronda DOHA.
Los principios del sistema de comercio
Los Acuerdos de la OMC son extensos y complejos porque se trata de textos jurídicos que abarcan una gran variedad de actividades. Tratan de las siguientes cuestiones: agricultura, textiles y vestido, servicios bancarios, telecomunicaciones, contratación pública, normas industriales, reglamentos sobre sanidad de los alimentos, propiedad intelectual y muchos temas más. Ahora bien, todos estos documentos están inspirados en varios principios simples y fundamentales. Estos principios son la base del sistema multilateral de comercio.
Los principios
El sistema de comercio debe ser ...
no discriminatorio - un país no debe discriminar entre sus interlocutores comerciales (se concede a todos, de forma igualitaria, la condición de "nación más favorecida"o NMF); y tampoco debe discriminar entre sus propios productos, servicios o ciudadanos y los productos, servicios o ciudadanos extranjeros (se les concede el "trato nacional").
más libre - los obstáculos se deben reducir mediante negociaciones.
previsible - las empresas, los inversores y los gobiernos extranjeros deben confiar en que no se establecerán arbitrariamente obstáculos comerciales (que incluyen los aranceles, los obstáculos no arancelarios y otras medidas); un número creciente de compromisos en materia de aranceles y de apertura de mercados se "consolidan" en la OMC.
más competitivo - se desalientan las prácticas "desleales", como las subvenciones a la exportación y el dumping de productos a precios inferiores al costo para ganar partes de mercado.
más ventajoso para los países menos adelantados - dándoles más tiempo para adaptarse, una mayor flexibilidad y privilegios especiales.
Veamos estos principios más detenidamente:
Comercio sin discriminaciones
1. Nación más favorecida (NMF): tratar a los demás de forma igualitaria
En virtud de los Acuerdos de la OMC, los países no pueden por regla general establecer discriminaciones entre sus diversos interlocutores comerciales. Si se concede a un país una ventaja especial (por ejemplo, la reducción del tipo arancelario aplicable a uno de sus productos), se tiene que hacer lo mismo con todos los demás miembros de la OMC.
Este principio se conoce como el trato de la nación más favorecida (NMF) (véase el recuadro). Se permiten ciertas excepciones. Por ejemplo, los países que forman parte de una región pueden establecer un acuerdo de libre comercio que no se aplique a las mercancías que proceden del exterior del grupo. O bien un país puede oponer obstáculos a los productos procedentes de determinados países, que se consideran objeto de un comercio desleal. Y, en el caso de los servicios, se permite que los países, en ciertas circunstancias restringidas, apliquen discriminaciones. Sin embargo, los acuerdos sólo permiten estas excepciones con arreglo a condiciones estrictas. En general, el trato NMF significa que cada vez que un país reduce un obstáculo al comercio o abre un mercado, tiene que hacer lo mismo para los mismos productos o servicios de todos sus interlocutores comerciales, sean ricos o pobres, débiles o fuertes.
2. Trato nacional: trato igualitario para los nacionales y los extranjeros
Las mercancías importadas y las producidas en el país deben recibir un trato igualitario, al menos después de que las mercancías extranjeras hayan entrado en el mercado. Lo mismo se aplica a los servicios extranjeros y a los nacionales, y a las marcas de fábrica o de comercio, el derecho de autor y las patentes extranjeras y nacionales. Este principio de "trato nacional" (dar a los demás el mismo trato que a los propios nacionales) también figura en los tres principales Acuerdos de la OMC (artículo III del GATT, el artículo 17 del AGCS y artículo 3 del Acuerdo sobre los ADPIC), aunque también en este caso el principio se aborda en cada uno de ellos de manera ligeramente diferente.
El trato nacional sólo se aplica una vez que el producto, el servicio o la obra de propiedad intelectual ha entrado en el mercado. Por lo tanto, la aplicación de derechos de aduana a las importaciones no constituye una transgresión del trato nacional, aunque los productos fabricados en el país no sean sometidos a un impuesto equivalente.
¿Por qué se dice "más favorecida"?
Esta expresión suena como una contradicción. Parece sugerir que se trata de algún tipo de trato especial para un país determinado, pero en la OMC significa realmente la no discriminación, es decir, el tratar a todos de manera prácticamente igual.
Lo que sucede en la OMC es lo siguiente: cada miembro trata a todos los demás miembros igualitariamente como interlocutores comerciales "más favorecidos". Si un país aumenta los beneficios que concede a otro interlocutor comercial, tiene que dar éste "mejor" trato a todos los demás miembros de la OMC de modo que todos sigan siendo "más favorecidos".
La condición de nación más favorecida (NMF) no siempre significó igualdad de trato. En el siglo XIX, cuando se firmaron los primeros tratados bilaterales NMF, la inclusión en el grupo de interlocutores comerciales "más favorecidos" de un país era algo así como formar parte de un club exclusivo, porque sólo unos pocos países gozaban de ese privilegio. Actualmente, cuando la mayor parte de los países son miembros de la OMC, el club NMF ya no es exclusivo. El principio NMF asegura que cada país trata de forma igualitaria a sus más de 100 miembros.
Sin embargo, hay algunas excepciones ...
EXCEPCIONES
Regionalismo:
Cuando un Miembro de la OMC se adhiere a un acuerdo de integración regional en virtud del cual otorga a las demás partes en dicho acuerdo condiciones más favorables en materia de comercio que las que concede a los demás Miembros de la OMC, se aparta del principio rector de la no discriminación definido, en particular, en el artículo I del GATT y el artículo II del AGCS.
Sin embargo, los Miembros de la OMC pueden adherirse a acuerdos de este tipo en determinadas condiciones que se estipulan en tres series de normas:
Los párrafos 4 a 10 del artículo XXIV del GATT (aclarado por el Entendimiento relativo a la Interpretación del Artículo XXIV del GATT 1994), que contienen disposiciones relativas al establecimiento y funcionamiento de uniones aduaneras y zonas de libre comercio;
la denominada Cláusula de Habilitación (es decir, la Decisión de 1979 sobre trato diferenciado y más favorable, reciprocidad y mayor participación de los países en desarrollo), que se refiere a los acuerdos comerciales preferenciales entre países en desarrollo Miembros; y
el artículo V del AGCS rige la conclusión de acuerdos comerciales regionales en la esfera del comercio de servicios, tanto para países desarrollados como en desarrollo.
Desarrollo:
Los Acuerdos de la OMC contienen disposiciones especiales que confieren a los países en desarrollo derechos especiales y brindan a los países desarrollados la posibilidad de otorgar un trato más favorable a los países en desarrollo que a los demás Miembros de la OMC. Dichas disposiciones especiales comprenden, por ejemplo, períodos más largos para la aplicación de los Acuerdos y compromisos, así como medidas para aumentar las oportunidades comerciales de los países en desarrollo.
Estas disposiciones se conocen como “disposiciones en materia de trato especial y diferenciado”.
Las disposiciones especiales comprenden:
períodos más prolongados para la aplicación de los acuerdos y los compromisos;
medidas para aumentar las oportunidades comerciales de estos países;
disposiciones que exigen a todos los Miembros de la OMC que salvaguarden los intereses comerciales de los países en desarrollo;
y ayuda para que los países en desarrollo cuenten con la infraestructura necesaria para la labor de la OMC, puedan intervenir adecuadamente en el sistema de solución de diferencias y apliquen las normas técnicas.
Un comercio más libre, de manera gradual y mediante negociaciones
La reducción de los obstáculos al comercio es uno de los medios más evidentes de alentar el comercio. Esos obstáculos incluyen los derechos de aduana (o aranceles) y ciertas medidas tales como las prohibiciones de importación o los contingentes que restringen selectivamente las cantidades importadas. Ocasionalmente también se han debatido otras cuestiones, como el papeleo administrativo y las políticas cambiarias.
Desde la creación del GATT, en 1947-48, se han realizado ocho rondas de negociaciones comerciales. Al principio, estas negociaciones se centraban en la reducción de aranceles (derechos aduaneros) aplicables a las mercancías importadas. Como consecuencia de las negociaciones, a fines del decenio de 1980 los aranceles aplicados por los países desarrollados a los productos industriales habían bajado de forma ininterrumpida, hasta llegar a aproximadamente el 6,3%.
Por otra parte, en el decenio de 1980, las negociaciones se habían ampliado para incluir los obstáculos no arancelarios sobre las mercancías, y ciertas esferas nuevas, como los servicios y la propiedad intelectual.
La apertura de los mercados puede ser beneficiosa, pero también exige una adaptación. Los Acuerdos de la OMC permiten que los países introduzcan cambios gradualmente, mediante la "liberalización progresiva". Por lo general se concede a los países en desarrollo plazos más largos para cumplir sus obligaciones.
Previsibilidad mediante consolidaciones
En algunos casos, la promesa de no aumentar un obstáculo al comercio puede ser tan importante como reducirlo, ya que la promesa permite que las empresas tengan un panorama más claro de sus oportunidades futuras. Mediante la estabilidad y la previsibilidad, se alientan las inversiones, se crean empleos y los consumidores pueden aprovechar los beneficios de la competencia: la posibilidad de elegir y precios más bajos. Por medio del sistema multilateral de comercio los gobiernos tratan de dar estabilidad y previsibilidad a las actividades económicas.
En la OMC, cuando los países convienen en abrir sus mercados de mercancías y servicios, "consolidan" sus compromisos. Para las mercancías, estas consolidaciones equivalen a límites máximos de los tipos arancelarios. En algunos casos, los derechos de importación aplicados son inferiores a los tipos consolidados. Esto suele ocurrir en los países en desarrollo. En los países desarrollados los tipos efectivamente aplicados y los consolidados suelen ser idénticos.
Un país puede modificar sus consolidaciones, pero sólo después de negociarlo con sus interlocutores comerciales, lo que puede significar que tiene que compensarlos por la pérdida de comercio. Uno de los logros de las negociaciones comerciales multilaterales de la Ronda Uruguay consistió en incrementar la proporción del comercio sujeto a compromisos consolidados (véase el cuadro). En la agricultura, actualmente el 100% de los productos tienen aranceles consolidados. El resultado de todo esto es un grado considerablemente mayor de seguridad de los mercados para los comerciantes y los inversores.
El sistema también trata de mejorar la previsibilidad y la estabilidad por otros medios. Uno de ellos consiste en desalentar la utilización de contingentes y otras medidas empleadas para fijar límites a las cantidades que se pueden importar (la administración de los contingentes puede dar lugar a un aumento del papeleo administrativo y a acusaciones de trato desleal). Otro medio consiste en hacer que las normas comerciales de los países sean tan claras y públicas ("transparentes") como sea posible. Muchos de los Acuerdos de la OMC exigen que los gobiernos divulguen públicamente sus políticas y prácticas en el país o bien notificándolas a la OMC. La supervisión periódica de las políticas comerciales nacionales por medio del Mecanismo de Examen de las Políticas Comerciales constituye otro medio de alentar la transparencia, tanto a nivel nacional como multilateral.
Fomento de una competencia leal
Algunas veces se describe a la OMC como una institución de "libre comercio", pero esto no es completamente exacto. El sistema autoriza en realidad la aplicación de aranceles y, en circunstancias restringidas, otras formas de protección. Es más exacto decir que es un sistema de normas consagrado al logro de una competencia libre, leal y sin distorsiones.
Las normas sobre no discriminación -NMF y trato nacional- tienen por objeto lograr condiciones equitativas de comercio. Este es también el objeto de las normas relativas al dumping (exportación a precios inferiores al costo para ganar partes de mercado) y las subvenciones. Las cuestiones son complejas y las normas tratan de determinar lo que es leal o desleal, y cómo los gobiernos pueden responder, en particular mediante la aplicación de derechos de importación adicionales calculados para compensar el perjuicio ocasionado por el comercio desleal.
Muchos de los demás Acuerdos de la OMC están destinados a apoyar la competencia leal, por ejemplo, en materia de agricultura, propiedad intelectual y servicios. El Acuerdo sobre Contratación Pública (que es un acuerdo "plurilateral" porque sólo ha sido firmado por algunos de los miembros de la OMC) hace extensivas las normas en materia de competencia a las compras realizadas por miles de entidades "públicas" de muchos países. Y así sucesivamente.
Fomento del desarrollo y de la reforma económica
Los economistas y los expertos en cuestiones comerciales reconocen ampliamente que el sistema de la OMC contribuye al desarrollo. También se reconoce que los países menos adelantados necesitan flexibilidad en cuanto al tiempo que necesitan para aplicar los Acuerdos. Y los propios textos de los Acuerdos incorporan las disposiciones anteriores del GATT, que prevén una asistencia especial y concesiones comerciales para los países en desarrollo.
Más de las tres cuartas partes de los miembros de la OMC son países en desarrollo y países en proceso de transición hacia la economía del mercado. Durante los siete años y medio que duró la Ronda Uruguay, más de 60 de esos países aplicaron autónomamente programas de liberalización del comercio. Al mismo tiempo, los países en desarrollo y las economías en transición fueron mucho más activos e influyentes en las negociaciones de la Ronda Uruguay que en ninguna ronda anterior.
Esta tendencia destruyó en la práctica la idea de que el sistema de comercio únicamente existía para los países industrializados. Hizo también variar la anterior inclinación a eximir a los países en desarrollo del cumplimiento de determinadas disposiciones y Acuerdos del GATT.
Al finalizar la Ronda Uruguay, los países en desarrollo estaban dispuestos a asumir la mayoría de las obligaciones que se le imponen a los países desarrollados. No obstante ello, los Acuerdos les concedieron períodos de transición para adaptarse a las disposiciones -menos familiares y quizás más difíciles- de la OMC, especialmente en el caso de los más pobres, los países "menos adelantados". En virtud de una Decisión Ministerial adoptada al finalizar la Ronda, se da a estos países una mayor flexibilidad para la aplicación de los Acuerdos de la OMC. En esa decisión se establece que los países más ricos deben acelerar la aplicación de los compromisos en materia de acceso a los mercados que afecten a las mercancías exportadas por los países menos adelantados, y se pide que se les preste una mayor asistencia técnica.
Miembros de la Organización Mundial del Comercio y fecha de ingreso:
148 miembros en septiembre 2005
Albania 8 de septiembre de 2000
Alemania 1°de enero de 1995
Angola 23 de noviembre de 1996
Antigua y Barbuda 1°de enero de 1995
Argentina 1°de enero de 1995
Armenia 5 de febrero de 2003
Australia 1°de enero de 1995
Austria 1°de enero de 1995
Bahrein, Reino de 1°de enero de 1995
Bangladesh 1°de enero de 1995
Barbados 1°de enero de 1995
Bélgica 1°de enero de 1995
Belice 1°de enero de 1995
Benin 22 de febrero de 1996
Bolivia 12 de septiembre de 1995
Botswana 31 de mayo de 1995
Brasil 1°de enero de 1995
Brunei Darussalam 1°de enero de 1995
Bulgaria 1°de diciembre de 1996
Burkina Faso 3 de junio de 1995
Burundi 23 de julio de 1995
Camboya 13 de octubre de 2004
Camerún 13 de diciembre de 1995
Canadá 1°de enero de 1995
Chad 19 de octubre de 1996
Chile 1°de enero de 1995
China 11 de diciembre de 2001
Chipre 30 de julio de 1995
Colombia 30 de abril de 1995
Comunidades Europeas 1°de enero de 1995
Congo 27 de marzo de 1997
Corea, República de 1°de enero de 1995
Costa Rica 1°de enero de 1995
Côte d'Ivoire 1°de enero de 1995
Croacia 30 de noviembre de 2000
Cuba 20 de abril de 1995
Dinamarca 1°de enero de 1995
Djibouti 31 de mayo de 1995
Dominica 1°de enero de 1995
Ecuador 21 de enero de 1996
Egipto 30 de junio de 1995
El Salvador 7 de mayo de 1995
Emiratos Árabes Unidos 10 de abril de 1996
Eslovenia 30 de julio de 1995
España 1°de enero de 1995
Estados Unidos de América 1°de enero de 1995
Estonia 13 de noviembre de 1999
Ex República Yugoslava de Macedonia (ERYM) 4 de abril de 2003
Fiji 14 de enero de 1996
Filipinas 1°de enero de 1995
Finlandia 1°de enero de 1995
Francia 1°de enero de 1995
Gabón 1°de enero de 1995
Gambia 23 de octubre de 1996
Georgia 14 de junio de 2000
Ghana 1°de enero de 1995
Granada 22 de febrero de 1996
Grecia 1°de enero de 1995
Guatemala 21 de julio de 1995
Guinea 25 de octubre de 1995
Guinea-Bissau 31 de mayo de 1995
Guyana 1°de enero de 1995
Haití 30 de enero de 1996
Honduras 1°de enero de 1995
Hong Kong, China 1°de enero de 1995
Hungría 1°de enero de 1995
India 1°de enero de 1995
Indonesia 1°de enero de 1995
Irlanda 1°de enero de 1995
Islandia 1°de enero de 1995
Islas Salomón 26 de julio de 1996
Israel 21 de abril de 1995
Italia 1°de enero de 1995
Jamaica 9 de marzo de 1995
Japón 1°de enero de 1995
Jordania 11 de abril de 2000
Kenya 1°de enero de 1995
Kuwait 1°de enero de 1995
Lesotho 31 de mayo de 1995
Letonia 10 de febrero de 1999
Liechtenstein 1°de septiembre de 1995
Lituania 31 de mayo de 2001
Luxemburgo 1°de enero de 1995
Madagascar 17 de noviembre de 1995
Macao, China 1°de enero de 1995
Malasia 1°de enero de 1995
Malawi 31 de mayo de 1995
Maldivas 31 de mayo de 1995
Malí 31 de mayo de 1995
Malta 1°de enero de 1995
Marruecos 1°de enero de 1995
Mauricio 1°de enero de 1995
Mauritania 31 de mayo de 1995
México 1°de enero de 1995
Moldova 26 de julio de 2001
Mongolia 29 de enero de 1997
Mozambique 26 de agosto de 1995
Myanmar 1°de enero de 1995
Namibia 1°de enero de 1995
Nepal 23 de abril de 2004
Nicaragua 3 de septiembre de 1995
Nigeria 1°de enero de 1995
Níger 13 de diciembre de 1996
Noruega 1°de enero de 1995
Nueva Zelandia 1°de enero de 1995
Omán 9 de noviembre de 2000
Países Bajos — Para el Reino de los Países Bajos en Europa y para las Antillas Holandesas 1° de enero de 1995
Pakistán 1°de enero de 1995
Panamá 6 de septiembre de 1997
Papua Nueva Guinea 9 de junio de 1996
Paraguay 1°de enero de 1995
Perú 1°de enero de 1995
Polonia 1°de julio de 1995
Portugal 1°de enero de 1995
Qatar 13 de enero de 1996
Reino Unido 1°de enero de 1995
República Centroafricana 31 de mayo de 1995
República Checa 1°de enero de 1995
República Democrática del Congo 1°de enero de 1997
República Dominicana 9 de marzo de 1995
República Eslovaca 1°de enero de 1995
República Kirguisa 20 de diciembre de 1998
Rumania 1°de enero de 1995
Rwanda 22 de mayo de 1996
Saint Kitts y Nevis 21 de febrero de 1996
Santa Lucía 1°de enero de 1995
San Vicente y las Granadinas 1°de enero de 1995
Senegal 1°de enero de 1995
Sierra Leona 23 de julio de 1995
Singapur 1°de enero de 1995
Sri Lanka 1°de enero de 1995
Sudáfrica 1°de enero de 1995
Suecia 1°de enero de 1995
Suiza 1°de julio de 1995
Suriname 1°de enero de 1995
Swazilandia 1°de enero de 1995
Tailandia 1°de enero de 1995
Taipei Chino 1°de enero de 2002
Tanzanía 1°de enero de 1995
Togo 31 de mayo de 1995
Trinidad y Tabago 1°de marzo de 1995
Túnez 29 de marzo de 1995
Turquía 26 de marzo de 1995
Uganda 1°de enero de 1995
Uruguay 1°de enero de 1995
Venezuela (República Bolivariana de) 1°de enero de 1995
Zambia 1°de enero de 1995
Zimbabwe 5 de marzo de 1995
Gobiernos con la condición de observador
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