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martes, 18 de enero de 2011
IDEOLOGÍAS DEL MOVIMIENTO OBRERO
Las nuevas circunstancias económicas y sociales del capitalismo propiciaron el nacimiento de ideologías y movimientos protagonizados por la clase obrera.
A lo largo del siglo XIX se fueron gestando reflexiones intelectuales que ponían en evidencia y criticaban las contradicciones del proceso de industrialización y las injusticias inherentes al capitalismo. Surgieron iniciativas reivindicando el igualitarismo y la solidaridad, ideas que se englobaron bajo el amplio epígrafe de "Socialismo", en cuyo seno pueden distinguirse tres amplias corrientes:
Socialismo utópico
El término socialismo utópico fue acuñado en 1839 por Louis Blanqui, aunque alcanzó notoriedad tras el empleo que de él hicieron Marx y Engels en su "Manifiesto Comunista". Éstos consideraban que los pensadores utópicos, aunque bienintencionados, pecaban de idealismo e ingenuidad. Para impedir ser confundidos con ellos, etiquetaron su propia teoría con el calificativo de "científico".
La expresión "utopía" significa plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable ya desde el mismo momento de su formulación. Proviene de "Utopía", obra escrita por Tomás Moro, intelectual, político y humanista inglés (S. XV-XVI). En ella teorizaba acerca de una isla de ese nombre que era ideal y perfecta.
Cronológicamente las ideas del socialismo utópico alcanzaron su madurez en el período comprendido entre 1815 y 1848 (fecha de publicación del Manifiesto Comunista).
Los socialistas utópicos formaron un grupo de pensadores heterogéno. Sin embargo tuvieron en común una serie rasgos, en gran medida influidos por las ideas de Rousseau.
La importancia de la naturaleza estaba muy presente en sus ideales, aunque ello no fue obstáculo para que fuesen favorables a la industrialización y el maquinismo.
Dedicaron sus esfuerzos a la creación de una sociedad ideal y perfecta, en la que el ser humano se relacionase en paz, armonía e igualdad.
Sus metas habrían de alcanzarse mediante la simple voluntad de los hombres, es decir, pacíficamente, de ahí que sus seguidores se opusieran a las revoluciones y a acciones como la huelga.
Pusieron al descubierto y denunciaron los perniciosos efectos del capitalismo, pero no investigaron sobre sus causas profundas.
Con el fin de paliar las injusticias y desigualdades emprendieron diversos planes, en los que primaron la solidaridad, la filantropía y el amor fraternal.
Pensadores utópicos
Destacaron los siguientes:
Robert Owen
Fue un empresario, fabricante de hilaturas de algodón. En su fábrica escocesa de New Lanark puso en práctica una serie de medidas que mejoraron significativamente las condiciones de vida de sus obreros, tales como la reducción de la jornada de trabajo, salarios más dígnos, educación infantil, etc.
El éxito lo animó a crear en USA una comunidad ideal, New Harmony, que sin embargo constituyó un fracaso. Su pensamiento y praxis influyeron de forma relevante en el cooperativismo.
El conde de Saint-Simon
De origen aristocrático, pensaba que el progreso humano se obtiene mediante el desarrollo económico. La industria habría de recibir un nuevo impulso para evitar enfrentamientos entre los hombres.
Según Saint-Simon la sociedad debería ser regida por una élite de intelectuales, científicos y sabios, era partidario de una "tecnocracia" que garantizase el desarrollo de las clases más humildes. Para ello sería necesaria una trasferencia de poder desde los sectores "ociosos" de la sociedad (Ejército, Iglesia y Nobleza) a los "productores" (industriales y campesinos).
Charles Fourier
Le preocupaba la explotación, la miseria y la monotonía laboral que aquejaba a la clase obrera. Trató de paliarlas a través de la creación de colectividades voluntarias denominadas "falansterios".
Estas comunidades se constituyeron en centro de actividades agrícolas, industriales y contaron con administración, distribución y consumo propios. Sus discípulos fundaron falansterios en México, Estados Unidos y otros países. Fue defensor de la igualdad entre hombres y mujeres.
Otras figuras destacadas del socialismo utópico fueron el ya mencionado Blanqui, que formuló una teoría sobre la dictadura del proletarido, y Louis Blanc, partidario de la acción del Estado como forma de mitigar las desigualdades sociales. Tras la Revolución de 1848 en Francia, siendo ministro de Trabajo de la IIª República, auspició la creación de los Talleres Nacionales, con el objetivo de mitigar el desorbitado paro obrero generado por la crisis económica.
Socialismo científico o marxismo
Partiendo del estudio histórico sobre la transición de unas sociedades a otras, Carlos Marx y su colaborador y amigo Federico Engels realizaron un análisis de la sociedad capitalista, indagando en sus contradicciones y planteando los medios para su destrucción.
El marxismo se alejaba de los postulados teóricos, reformistas, idealistas y supuestamente irrealizables del socialismo utópico.
La Revolución de 1848 constituyó un momento clave en el desarrollo de esta nueva corriente socialista pues, una vez frustrada, el marxismo reemplazó al socialismo utópico como corriente ideológica obrerista dominante, erigiéndose en motor y referente de buena parte de los movimientos revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX y XX. Fue precisamente en 1848 cuando se publicó el "Manifiesto comunista”, la obra más conocida del marxismo.
Las ideas marxistas no conforman un bloque unitario, pues los escritos de Marx han ido completándose con el tiempo y han sido objeto de notables revisiones.
El socialismo científico o marxismo presenta influencias de corrientes anteriores, destacando las que proceden de la filosofía alemana hegeliana (materialismo dialéctico), la del ideario de revolucionarios como Babeuf y la de activistas obreros como Blanqui.
En sus escritos "Tesis sobre Feuerbach" (1845), "Miseria de la Filosofía" (1847), el ya aludido "Manifiesto Comunista" y sobre todo "El Capital", Marx y Engels desarrollaron una teoría en la que destacan los siguientes aspectos:
El materialismo histórico
Para el marxismo, son las circunstancias materiales y no las ideas o la voluntad de los hombres las que determinan los hechos históricos. En tal sentido, diferencia entre infraestructura (la economía) y superestructura (la organización del Estado, los aspectos políticos, jurídicos, ideológicos, el pensamiento filosófico, las creencias religiosas, la producción artística, las costumbres, etc).
Entre ambas instancias existe una estrecha relación dialéctica. La infraestructura económica constituye la base de la historia y genera unas determinadas relaciones de producción. Las variaciones en la infraestructura provocan a su vez cambios en la superestructura, pero no de forma mecánica automática, sino que cada instancia ejerce una peculiar influencia sobre la otra. A largo plazo, sin embargo, el papel determinante corresponderá a la infraestructura.
Esta dinámica hay que situarla en el influjo que ejerce sobre el marxismo la teoría del proceso dialéctico de Hegel. Según este filósofio cada hecho o circunstancia (tesis) lleva en su seno su propia contradicción (antítesis). De la pugna entre ambas surge una nueva realidad (síntesis) que implica la superación de las anteriores y que a su vez se transforma en una nueva tesis.
La humanidad ha pasado por varios estadios con diferentes estructuras y sus propias contradicciones: sociedad comunitario-tribal, esclavista, feudal y capitalista. En ésta última la burguesía ha creado unas condiciones (económicas, legales, unos modos de vida y hasta la religión) que le permiten prosperar material y socialmente, pero a costa del proletariado. Del mayor o menor desarrollo del movimiento obrero depende que la clase trabajadora reconozca cuáles son realmente sus intereses y luche por ellos a través de la acción revolucionaria.
La acumulación del capital
La intensificación de la explotación de los obreros (aumento del ritmo de trabajo, empleo de mano de obra infantil, jornada laboral abusiva, etc.), permiten al capitalista incrementar sus beneficios. Sin embargo, las ganancias se concentran en cada vez menor número de empresarios debido a que una parte de éstos -los menos competitivos- van desapareciendo y engrosando las filas de los desposeídos, el proletariado.
La plusvalía
Podría definirse como la diferencia entre la riqueza producida por el trabajo del obrero y el salario que éste recibe del patrono. Esa remuneración sirve para hacer frente a los gastos de alimentación, vestido y el alojamiento que necesita para subsistir y seguir trabajando pero no satisface el total del valor del trabajo desarrollado. Este hecho conlleva el enriquecimiento del capitalista, producto de la apropiación de parte la actividad realizada. La plusvalía sería por tanto, la parte del trabajo que el empresario deja de satisfacer al trabajador.
La lucha de clases
Las clases sociales para el marxismo están definidas por las relaciones de producción, es decir, por la forma en que los hombres producen mercancías. En el seno de las relaciones de producción, el papel que ocupa cada individuo está determinado por la división del trabajo, es decir, aquellos que desarrollan una misma actividad -y por tanto están sometidos a unas idénticas condiciones- conforman una clase social. Las clases sociales vienen determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. Unos la producen y otros se apropian de una porción de la misma. De esa relación no cabe esperar sino el antagonismo y la hostilidad entre explotados y explotadores.
A lo largo de la historia siempre ha habido clases enfrentadas. En las sociedades esclavistas (Grecia y Roma en la Antigüedad) fueron antagónicos los propietarios libres y los esclavos; en el seno de la sociedad feudal el enfrentamiento se estableció entre nobles y eclesiásticos por un lado y siervos por otro.
En el seno de la sociedad capitalista ocurre igual: la lucha de clases es protagonizada por la burguesía, propietaria de los medios de producción (capital, fábricas, máquinas, transportes, etc.) y por el proletariado que, al disponer únicamente de su fuerza de trabajo, se ve obligado a venderla a cambio de un salario que escasamente sirve para satisfacer la supervivencia.
Los intereses de ambas clases son antagónicos e incompatibles y conducirán indefectiblemente al enfrentamiento. A medida que el capitalismo vaya desarrollándose el número de obreros se incrementará, lo que unido al deterioro de sus condiciones de vida, conducirá a la revolución.
La revolución tendrá como objetivo conseguir una sociedad perfecta donde no existan ni explotadores ni explotados. Para ello será imprescindible la abolición de la propiedad privada, es decir, la socialización los medios de producción, evitando la mera sustitución de los antiguos propietarios por otros nuevos.
La dictadura del proletariado
Una vez que la clase obrera haya tomado conciencia de la explotación y opresión sufre, se organizará en torno a partidos de carácter revolucionario, siendo dirigida por una vanguardia especialmente capacitada y activa, empeñada en planificar la destrucción del sistema capitalista.
Esa acción que no debería circunscribirse a un solo país ya que, siendo las condiciones y los intereses de la clase trabajadora idénticos en todo el mundo capitalista, habría de concertarse con un caracter internacional.
A través de la acción revolucionaria los obreros deben derribar el gobierno de la burguesía y sustituirlo por uno de carácter obrero. Eso puede requerir el uso de la violencia, pues los trabajadores se encontrarán con la oposición de la clase dominante.
Una vez conseguido el control del Estado será necesario salvaguardar las conquistas realizadas mediante el ejercicio de una dictadura de los trabajadores, constituyendo éste el primer paso hacia la consecución de una sociedad comunista sin clases.
El nuevo Estado que surge de la revolución habrá de suprimir la propiedad privada de los medios de producción (elemento primordial en la explotación de la clase obrera) y sustituirla por la propiedad colectiva.
La tesis de la dictadura del proletariado ha sido una de las más controvertidas del marxismo, ya que implica la conquista de una de las claves de la superestructura social: el Estado. El modo de conseguirlo ha sido criticado por algunos autores posteriores a Marx, tildados por los marxistas clásicos de revisionistas.
La sociedad sin clases
Una vez consolidado el nuevo Estado, el peso de éste tenderá a disminuir hasta desaparecer, pues al haber desaparecido las amenazas que pesaban sobre él, el aparato coercitivo dejará de tener sentido y cada individuo trabajará voluntariamente en beneficio de la comunidad.
Las relaciones de producción se habrán transformado y los medios de producción no estarán concentrados en manos de una minoría, sino que serán colectivos. Por lo tanto, ya no habrá ni opresores ni oprimidos, tan sólo una clase social, la trabajadora. En su seno regirá la solidaridad y la armonía entre hombre y trabajo, éste ya no será fuente de sufrimiento y alienación. Se disiparán asimismo las diferencias entre agro y ciudad, entre trabajo manual e intelectual. En suma, se habrá alcanzado una suerte de paraíso en la tierra, el de la sociedad comunista.
El revisionismo marxista
El revisionismo se puede definir como la acción de someter a revisión doctrinas, apreciaciones o prácticas ya establecidas con el objetivo de actualizarlas o modernizarlas.
El marxismo ortodoxo advertía a los obreros sobre el riesgo que constituía el pacto con otras clases sociales ajenas a sus intereses. Prevenía sobre el reformismo político en el seno del Estado capitalista. La razón es que el Estado es el principal instrumento del que se sirve la burguesía para ejercer su dominio social. El único objetivo que el proletariado debe perseguir es la toma del poder mediante la revolución.
Sin embargo, a fines del siglo XIX (a partir de la II Internacional), Eduard Bernstein, miembro del SPD (Partído Socialdemócrata Alemán), desde una postura menos radical y más conciliadora, sostuvo que los partidos revolucionarios podían y debían, según las circunstancias, intervenir en el sistema político democrático y liberal, utilizando como principal arma para conseguir sus aspiraciones, el sufragio universal.
Afirmaba que las predicciones realizadas por el marxismo respecto a la progresiva pauperización de los trabajadores eran erróneas y que los obreros habían mejorado objetivamente su situación respecto a tiempos pretéritos. Se habría de este modo una vía no revolucionaria que perseguía cambios no radicales, sino graduales y pacíficos.
El revisionismo despertó airadas críticas en el seno de los sectores más izquierdistas del marxismo (Rosa Luxemburgo, Lenin, etc.), Sin embargo, jugó un importante papel en la política del siglo XX, muestra de ello es la labor ejercida por partidos hoy plenamente consolidados y activos en Europa, tales como el Partido Laborista Británico, el mencionado Socialdemócrata Alemán (SPD) o el Partido Socialista Obrero Español, entre otros.
Anarquismo
El término anarquismo es de origen griego y significa “sin autoridad ni poder”. Esta ideología, junto con el marxismo, constituye una de las corrientes del “socialismo”. Ambas, anarquismo y marxismo, coinciden en la crítica al capitalismo y en la necesidad de su eliminación, pero difieren radicalmente en cuanto a los métodos para conseguirlo. De hecho, a lo largo del siglo XIX ambos pensamientos se fueron alejando progresivamente, hasta convertirse en irreconciliables antagonistas.
El anarquismo estuvo muy influido por la idea roussoniana de que el individuo es bueno por naturaleza y es la sociedad (o el Estado y sus instituciones) quien destruye su felicidad.
Alcanzó su máxima influencia en el seno de sociedades escasamente industrializadas -España, Italia y Rusia-, en tanto que en países más avanzados tuvo mayor peso el marxismo. En España el anarcosindicalismo se materializó en la creación de organizaciones como la CNT (Confederación General del Trabajo) que jugaron un importante papel en el primer tercio del siglo XX.
Algunos sectores del anarquismo preconizaron la acción radical y violenta. Ello se concretó en atentados terroristas que reputaron esta corriente de agresiva y salvaje.
La teoría anarquista
El pensamiento anarquista no es uniforme, sin embargo, sus defensores comparten algunas ideas afines:
El rechazo de cualquier tipo de autoridad -en especial la del Estado- y el repudio a cualquier forma de organización, sea de carácter partidista, administrativa o religiosa. Junto al rechazo a la autoridad preconiza la libertad individual.
Para los anarquistas el Estado capitalista constituye una estructura que posibilita la explotación de la clase obrera y por ello debe ser destruido. Rechaza tanto el juego político como la organización de partidos. El medio fundamental para eliminar al Estado es la huelga general, que permite arruinar a la burguesía.
La organización social ha de estructurarse de abajo arriba, partiendo de pequeñas comunidades autosuficientes y por libre decisión de sus miembros, expresada a través del sufragio universal, nunca por imposición.
La abolición de la propiedad, ya que ésta es considerada como un robo cuando se consigue sin trabajo. El derecho a la herencia (origen del status social) ha de eliminarse y sustituirse por la colectivización de los bienes.
La importancia de la educación. El hombre solo será libre cuando sea capaz de pensar por sí mismo y el mejor medio para conseguirlo es una esmerada instrucción.
Pensadores anarquistas
Tres figuras destacan en el pensamiento anarquista:
Pierre Joseph Proudhon (1809-1865)
Su influencia se dejó sentir hasta la década de los años 60 del siglo XIX, a partir de la cual alcanzaron más relevancia las ideas de Bakunin y Kropotkin. Aunque muy relacionado con el grupo de los socialistas utópicos, de quien fue contemporáneo, se le considera el fundador del anarquismo; sus escritos son posteriores a 1848.
Criticó el juego parlamentario, sosteniendo que el sufragio universal es fácilmente manejable por la propaganda de los partidos burgueses.
Frente al Estado y la Ley preconizó la asociación de pequeños productores autónomos reunidos políticamente en una federación de comunas socialmente articuladas en torno al mutualismo y el cooperativismo.
Confió en la vía pacífica y en la ayuda mutua como formas de conseguir la liberación del hombre, siendo ajeno a los anarquistas que alentaron el uso de la violencia.
Bakunin (1814-1876)
Fue el primer teórico anarquista en presentar su pensamiento de una manera sistemática.
Propuso la colectivización (“anarco-colectivismo”) de los medios de producción (capital, tierra, industrias, etc), pero no así de los frutos que se obtienen de ellos. En esto difería de la postura más radical de Kropotkin quien sostenía que dichos frutos también debían ser de propiedad colectiva.
Según Bakunin, el Estado y otras instituciones como la Iglesia y el Ejército han de ser reemplazados por una federación de comunas creadas de forma espontánea. Minimizó el papel de los partidos políticos revolucionarios como instrumento de transformación social e igualmente rechazó el juego político parlamentario.
Kropotkin (1842-1921)
Aristócrata ruso antizarista, estuvo muy influido por las ideas de Bakunin a quien apoyó en la Primera Internacional frente a Marx. Abogó por una sociedad sin Estado, donde el trabajo intelectual y manual no estuviesen separados y los hombres practicaran el apoyo mutuo, la libertad, la solidaridad y la justicia.
Kropotkin alentó la acción de los obreros por la vía sindical, no política, siendo representante del denominado “anarcosindicalismo”.
Como instrumento indispensable para cambiar la sociedad propuso la educación, aunque también ponderó la violencia para conseguirlo.
Además de estos conocidos pensadores se distinguó:
G. Sorel (1847-1922)
Sindicalista francés. En su obra “Reflexiones sobre la violencia, 1908, defendió la huelga general y la acción violenta como medios para destruir el estado capitalista. Sus principios inspiraron en buena medida al movimiento fascista de Mussolini y tuvieron cierta influencia sobre Lenin.
La doctrina social de la Iglesia
Tanto el liberalismo como el socialismo abogaban por la secularización de la sociedad, eliminando con ello el protagonismo que la Iglesia había mantenido hasta entonces. La Iglesia condenó estas ideologías, prueba de ello fue la política reaccionaria desarrollada durante el pontificado de Pío IX, radicalmente opuesto a los cambios que estaban aconteciendo.
Ante el imparable proceso de industrialización, el constante crecimiento de las masas obreras y de la conflictividad social, hubo católicos que criticaron la explotación a la que estaba siendo sometido el proletariado. Surgió de ese modo la denominada “doctrina social de la Iglesia”, condensada en una serie de documentos, entre los que cabe destacar la encíclica "Rerum novarum" (“De las cosas nuevas”), promulgada en 1891 por el Papa León XIII.
En ella se preconizaba un orden social basado en la justicia y la caridad, exhortando al Estado a socorrer a las clases más desfavorecidas y alentando el asociacionismo de los trabajadores y fórmulas de asistencia social.
La doctrina social de la Iglesia, sin embargo, no constituyó un corpus teórico en sí misma, sino que se expresó mediante una serie de consejos encaminados a ilustrar a los fieles sobre cómo afrontar los retos sociales y económicos del mundo moderno, desde los presupuestos de la fe cristiana.
Negó la existencia de la lucha de clases, tal y como preconizaba el marxismo, y propuso en su lugar la armonía, la convivencia y el diálogo entre patronos y obreros, exhortando a los primeros a mitigar la miseria de los segundos. De igual modo protegió la propiedad privada combatida por marxistas y anarquistas, considerándola como un instrumento al servicio del bien común.
EL MOVIMIENTO OBRERO
La economía capitalista e industrializada del siglo XIX, organizada en torno a los principios del liberalismo, consagraba la existencia de dos clases sociales: la trabajadora, desprovista de los medios de producción y forzada a vender su fuerza de trabajo, y la burguesa, dueña de esos medios e inclinada a incrementar sus beneficios a costa de las condiciones salariales y laborales de la primera. Cada vez más se extendió la percepción de que el capitalismo consagraba unas injustas desigualdades que había que eliminar.
El movimiento obrero surgió de esas condiciones, pero alcanzó mayor o menor fuerza en función del grado de desarrollo industrial de los países. Los primeros movimientos de masas de carácter moderno se originaron en Inglaterra. Cristalizaron en episodios como la destrucción de máquinas (Ludismo) y la creación de las Trade Unions, primeras asociaciones de carácter sindical. El que el fenómono se produjese en Inglaterra y no en otro país se debió a su carácter de pionera de la industrialización. Más tarde, estructurados en torno a la ideología marxista, surgieron partidos de extracción obrera que jugaron un importante papel en la acción política y social.
El ludismo
El ludismo fue un movimiento social que se caracterizó por la oposición a la introducción de maquinaria moderna en el proceso productivo. Se desarrolló durante las primeras etapas del proceso de industrialización y dió lugar a violentas acciones de destrucción de máquinas. Su origen se remonta a la acción de "Ned Ludd", su mítico líder, un tejedor que en 1779 fue supuestamente pionero en este tipo de prácticas tras destruir el telar mecánico que manipulaba. Se desarrolló entre 1800 y 1830, fundamentalmente en Inglaterra y su intervención estuvo jalonada por una oleada de amenazas, tumultos y desórdenes que amedrentó a los patronos y provocó la intervención del gobierno.
La causa principal que desencadenó los disturbios fue la precaria situación laboral y social creada tras la introducción de moderna maquinaria en la producción de textiles, arrastrando a la ruina a los telares tradicionales, impotentes a la hora de competir con las fábricas de reciente creación. Los viejos artesanos perdieron sus negocios y cayeron en el desempleo.
La agitación que afectó inicialmente a la industria textil se extendió también al campo, donde el supuesto cabecilla "Capitan Swing" y sus seguidores dirigieron su ira contra las trilladoras incorporadas a las labores agrícolas.
Las acciones contra las máquinas constituyeron el precedente de otras venideras, esta vez mejor organizadas, dirigidas, no contra las máquinas, sino contra sus propietarios. El ludismo reunía algunos rasgos característicos de los motines del Antiguo Régimen, frecuentes en períodos de crisis de subsistencias. Coincidió con ellos en la espontaneidad y en la ausencia de una ideología política definida que los vertebrase. Pero al tiempo, presentaba modernas peculiaridades propias de los movimientos obreros de la segunda mitad del siglo XIX.
El movimiento alcanzó su cénit coincidiendo con los altercados que se desarrollaron en Inglaterra durante los años 1811 y 1812, reprimidos con suma dureza por el gobierno, a raíz de los cuales fueron detenidos y juzgados numerosos revoltosos, de los que unos treinta fueron condenados a la horca.
Otros países padecieron similares desórdenes: fue el caso de Francia (entre 1817 y 1823), Bélgica, Alemania o España (Alcoy en 1821 y Barcelona en 1835).
El cartismo
Al igual que el ludismo el cartismo fue un movimiento propio de la primera etapa del movimiento obrero. Pero, a diferencia de aquel, tuvo una índole esencialmente política. El término procede de la “Carta del Pueblo”, documento enviado al Parlamento Británico en 1838, en el que se reivindicaba el sufragio universal masculino y la participación de los obreros en dicha institución. Los defensores del cartismo pensaban que cuando los trabajadores alcanzasen el poder político, podrían adecuar las leyes a sus intereses de clase. La duración de este movimiento abarcó una década, entre 1838 y 1848.
El cartismo supuso la toma de contacto de las masas obreras con la acción política. Hasta entonces habían concentrado su empeño en la conquista de mejoras de carácter laboral.
En la “Carta” demandaban el sufragio universal, la supresión del certificado de propiedad como requisito para formar parte del Parlamento, inmunidad parlamentaria, un sueldo para los diputados, etc; estas peticiones poseían un marcado carácter político y eran necesarias -según sus defensores- para conseguir una profunda transformación social.
El movimiento fracasó, entre otras causas, por las disensiones internas entre sus diversas tendencias, la moderada y la radical. La tendencia moderada la representaban Lovett y Owen, inclinados a demandas de tipo económico y laboral; la más radical la lideraron el irlandés O’Connor y O’Brien, ambos partidarios de acciones contundentes que incluían el empleo de la huelga general.
La represión del gobierno británico, que militarizó las zonas en donde la agitación se hizo más activa, abortó el movimiento. Éste quedó escindido de forma irreversible hasta su desaparición.
El fracaso de la revolución de 1848 asestó el golpe definitivo a las aspiraciones cartistas. En adelante la lucha de carácter político sería abandonada por los obreros ingleses quienes moderaron en gran medida sus reivindicaciones para concentrarse en la lucha de carácter sindical. La acción política se circunscribió al continente, de manera más significativa a Francia.
Aunque el cartismo se malogró, constituyó una importante experiencia para la clase obrera en su intento de mejora de las condiciones de vida; su acción forzó al gobierno británico a articular una legislación que en ocasiones contó con un elevado contenido social, siendo un ejemplo de ello la “Ley de las diez horas”.
La revolución de 1848
La oleada revolucionaria que se extendió durante 1848 por gran parte de Europa, además de su significado político tuvo un marcado carácter social. Francia, Austria, Alemania, Suiza, al igual que otros estados, constituyeron escenarios en los que la clase trabajadora intervino en forma de protestas y motines junto a la pequeña burguesía liberal, frente a los intereses de la alta burguesía que acaparaba los resortes del poder.
Sus demandas se centraron en una ampliación de los derechos y libertades conquistados durante la Convención Nacional francesa de 1793: sufragio universal masculino, democracia, asistencia social a los desfavorecidos, derecho al trabajo, libre sindicación, etc.
La experiencia de 1848 fue especialmente relevante en Francia, donde la presión social forzó la caída de la monarquía de Luis Felipe, el llamado “rey burgués” y forzó la proclamación de la Segunda República.
El socialista Louis Blanc, ministro de Trabajo durante el gobierno provisional republicano, creó los “Talleres Nacionales” y fijó la jornada máxima de trabajo en 10 horas, intentando absorber el enorme paro que asolaba el país. El cierre de los Talleres Nacionales acaecido tan solo unos meses más tarde de su apertura significó el fracaso de quienes pretendían dar contenido social a unas reivindicaciones que habían ido más allá de lo meramente político.
La proclamación de Luis Napoleón como presidente de la República y la posterior abolición de ésta mediante un autogolpe de estado tres años más tarde, expresó el fallido el empeño de los trabajadores en poner fin a las desigualdades económicas y mejorar sus pésimas condiciones laborales y sociales.
La enseñanza que el movimiento obrero extrajo de la frustrada experiencia revolucionaria fue que en lo sucesivo sólo debía confiar en sus propias fuerzas, rechazando posibles alianzas con cualquier sector de la burguesía. Se organizó en sindicatos y emprendió la acción política de la mano del marxismo y el anarquismo.
Sufragismo y feminismo
La sociedad industrial y el liberalismo no aportaron cambios significativos a la situación política, legal y económica de las mujeres. Éstas siguieron estando discriminadas respecto a los varones. Tan solo abrió el camino hacia el trabajo femenino en las fábricas y las minas, pero en condiciones de una extrema explotación y discriminadas salarialmente frente a sus compañeros de trabajo.
Por otro lado, la mujer tuvo vetadas las áreas profesionales de más responsabilidad así como la educación superior, siendo relegada en el caso de la burgesía al ámbito doméstico.
El liberalismo afectó en mayor medida al status de los hombres, que logaron primero el sufragio censitario y más tarde el universal. Las mujeres quedaron excluidas de ambos sistemas durante largo tiempo.
Fueron estas circunstancias las que propiciaron a partir de la segunda mitad del siglo XIX el nacimiento del movimiento sufragista, que reivindicaba el derecho al voto de las mujeres como paso previo al feminismo, es decir, a conseguir la plena igualdad de derechos respecto a los hombres. El movimiento sufragista no se constituyó en grandes masas y arraigó con más fuerza en las mujeres urbanas de clase media que poseían un cierto grado de educación. Las obreras antepusieron sus reivindicaciones de clase a sus propios intereses como mujeres. Las campesinas por su baja formación, su dedicación íntegra al trabajo, la carencia de tiempo libre y su aislamiento, fueron las últimas y más reacias a incorporarse a los movimientos emancipadores.
Por lo demás, las principales abanderadas del sufragismo y posteriormente del feminismo fueron británicas y estadounidenses, seguidas de escandinavas y holandesas.
Conocidas figura del movimiento por la emancipación femenina fue la británica Emmeline Pankhurst (1858-1928), fundadora de la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU) e inspiradora de diversos tipos de protesta (manifestaciones, huelgas de hambre, etc).
Otra conocida activista fue Emily Davison, que murió en 1913 en una de sus acciones de protesta al arrojarse a los pies de un caballo de la cuadra real en el transcurso de una carrera celebrada en Derby.
En españa destacó Concepción Arenal (1829-1893), que asistió a la Universidad Complutense disfrazada de hombre para salvar la prohibición que impedía la enseñanza universitaria a la mujer. En Alemania sobresalió Rosa Luxemburgo (1870-1919) brillante intelectual y militante del comunismo alemán, muerta durante la sublevación espartaquista de 1918.
El punto de inflexión decisivo en la concienciación social de la mujer se alcanzó en la Primera Gran Guerra. Durante este conflicto la mujer suplió al hombre en sus habituales tareas mientras éste luchaba en el frente, poniendo de relieve que si era competente para realizar trabajos propios del varón también lo era para gozar de sus derechos.
En 1920 fue autorizado el voto a todas las mujeres británicas que habían cumplido 20 años, en tanto que en España tal permiso se retrasó hasta el año 1931 a raíz de la proclamación de la Segunda República.
LAS ORGANIZACIONES OBRERAS
En los albores del capitalismo liberal la clase obrera, desprovista de los medios de producción y obligada a vender su fuerza de trabajo, se encontraba inerme ante los abusos de los patronos. La necesidad de defender sus intereses originó el movimiento obrero.
Éste gozó de mayor o menor fuerza en función del grado de industrialización de los países, pero en cualquier caso, en todos ellos, los trabajadores fueron agrupándose en organizaciones de clase, con el objetivo de mejorar sus condiciones laborales, salariales y sociales.
Tres fueron los principales formas de expresión asociativa en los que se organizó el movimiento obrero:
Los sindicatos
Con anterioridad a la industrialización moderna, existieron organizaciones, los gremios, que defendían en el seno de la actividad artesanal a los trabajadores de un determinado oficio. Regulaban la producción y controlaban hasta el más mínimo detalle. Los operarios tenían la oportunidad de ascender en la escala laboral según su pericia y méritos.
Frente a esas organizaciones de carácter preindustrial, los sindicatos nacieron como respuesta a los problemas planteados por la mecanización. Representaban a obreros desposeídos de la iniciativa y creatividad en el proceso productivo.
La total desprotección de éstos frente a los abusos de los capitalistas (prolongadas jornadas de trabajo, empleo infantil, mujeres mal remuneradas, fábricas insalubres, hacinamiento, despidos sin indemnización, miseria, etc), los empujó a organizarse en asociaciones para protegerse en caso de enfermedad, paro o inactividad huelguística.
Gremios y sindicatos respondían, por tanto, a circunstancias económicas y sociales distintas.
A finales del siglo XVIII, en Inglaterra, cuna de la industrialización, nacieron las primeras asociaciones de trabajadores, las llamadas sociedades de ayuda mutua (o "socorro mutuo"). Las integraban esencialmente artesanos que trabajaban bajo el Domestic System. Su objetivo era la unión de los obreros para conseguir mejoras laborales y salariales, operando como cajas de resistencia frente a adversidades como la enfermedad o el desempleo.
A finales de ese siglo, por medio de una legislación represiva, las “Combination Laws” (1799 y 1800), se prohibió todo tipo de asociacionismo obrero, con lo que las organizaciones de trabajadores pasaron a ser ilegales y hubieron de ejercer su actividad clandestinamente.
En Francia, durante la década de los treinta del siglo XIX también florecieron las sociedades de ayuda mutua. En la sigiente década el ambiente reivindicativo (libertad de asociación y reducción de la jornada laboral a diez horas) alcanzó su máxima expresión en la revolución de 1848.
Su fracaso y el advenimiento de Napoleón III al poder interrumpieron las perspectivas de mejora social.
En Inglaterra, tras la abolición de las Combination Laws (1824), el asociacionismo obrero progresó rápidamente, organizándose según dos modelos: sindicatos de oficio (Trade Unions) y cooperativas.
Ambos sistemas carecían de reivindicaciones políticas, éstas surgirían por primera vez con el cartismo.
En su origen, los Trade Unions británicos estuvieron constituidos por obreros de una localidad integrados en un mismo oficio y su propósito era prestar ayuda en caso de grave necesidad a sus miembros. Su financiación era atendida mediante aportaciones económicas que luego eran utilizadas en la asignación de pensiones y subvenciones varias.
Durante la década de los años treinta los Trade Unions fueron ampliándose y dejaron de estar limitados por oficio y localidad, abriéndose paso un sindicalismo de ámbito estatal.
En 1829, el dirigente obrero de origen irlandés Doherty, creaba el primer sindicato del algodón de implantación nacional. En 1834 Robert Owen reunió varios sindicatos de oficio en la Great Trade Union, alcanzando tal éxito que fue ilegalizado por el gobierno.
El fracaso de esta inciativa unificadora llevó a los líderes del movimiento obrero a plantearse la necesidad de intentar otras experiencias, en este caso políticas, hecho que se concretó en el cartismo. El principal instrumento de presión de que se valieron los sindicatos en sus reivindicaciones fue la huelga.
Los Trade Unions, aunque tolerados, no se constituyeron legalmente hasta 1871. Durante las siguientes décadas no dejó de aumentar su número y el de sus afiliados, a finales de siglo sumaban más de 2 millones. En el resto de Europa los sindicatos adquirieron importancia a lo largo del último tercio del siglo XIX.
Contaban con una cuidada organización, dependencias, financiación y funcionarios propios, constituyéndose en elementos indispensables en las relaciones laborales.
Así surgieron, entre otros: en Alemania la Asociación General de Trabajadores Alemanes (1863), en España la Unión General de Trabajadores (UGT, 1888), en Francia la Confédération Générale du Travail (CGT, 1895), en Estados Unidos el American Federation of Labor (AFL, 1886).
Las cooperativas
El cooperativismo tenía como objetivo cambiar el modo de producir y distribuir inherentes al capitalismo, basándose en la colaboración de productores autónomos agrupados en empresas de propiedad conjunta, regidas democráticamente.
Estuvo muy ligado al socialismo utópico premarxista.
Las cooperativas se organizaban normalmente bajo la fórmula de la factoría cooperativa de producción en un intento de sustituir a la empresa individual. Robert Owen fue la figura esencial en la creación del primer cooperativismo de producción, si bien fracasó en sus experiencias prácticas, como la de la comunidad de New Harmony (Estados Unidos). Igualmente se malograron otros intentos, como los falansterios de Fourier y los Talleres Nacionales creados en Francia tras la Revolución de 1848.
Sin embargo, las cooperativas de consumo tuvieron más éxito. Su objetivo era la venta de productos a bajo precio, para lo cual prescindieron de los intermediarios.
Ejemplo de este tipo de cooperativa fue el creado en la ciudad inglesa de Rochdale (Los Equitativos Pioneros de Rochdale, 1844).
Los partidos obreros
A pesar de los éxitos parciales obtenidos por las organizaciones sindicales, un amplio sector de la clase obrera llegó al convencimiento de que la única forma de destruir el capitalismo era mediante la lucha política. Se organizó para ello en partidos que recogieron en su seno variadas tendencias: desde las más radicales (marxistas ortodoxos) a las más moderadas de corte reformista (revisionistas, socialdemócratas).
El SPD alemán
El más claro exponente de partido político obrero fue el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), nacido en 1875 de la unión de diversas fuerzas entre la que destacaba la Asociación General de los Trabajadores Alemanes fundada por Ferdinand Lasalle en 1863.
Se trataba de un partido de inspiración marxista, aunque su práctica política fuese de corte reformista, alcanzó un elevado nivel de militancia y ejerció un gran peso en la vida política germana. Contribuyó a conseguir una avanzada legislación social en el período que precedió al estallido de la Primera Guerra Mundial, constituyendose en la principal fuerza política del país.
Frente a la guerra, el SPD propició la intervención de Alemania, viéndose sumido en una profunda crisis provocada por la división entre los que apoyaban dicha actuación y los que la rechazaban.
Uno de esos sectores se separó del partido constituyéndose en la Liga Espartaquista, que dio origen al KPD (Partido Comunista Alemán), adherido al Komintern (III Internacional comunista). Los espartaquistas protagonizaron en 1919 un levantamiento revolucionario en Alemania, similar al llevado a cabo por los bolcheviques rusos en 1917.
La rebelión fue aplastada por tropas de la República de Weimar, auxiliadas por grupos de la ultraderecha (Freikorps) y el mismo SPD.
La labor del SPD no fue exclusivamente política, hizo igualmente hincapié en aspectos culturales y educativos auspiciando la fundación de casas del pueblo, escuelas, publicaciones (diarios y semanarios), así como sociaciones de carácter lúdico.
Otros partidos obreros
Influidos en gran medida por el SPD fueron naciendo partidos obreros en otros países. En 1879 Pablo Iglesias fundó el PSOE (Partido Socialista Obrero Español), muy ligado al sindicato UGT (Unión General de Trabajadores), fundado en 1888.
En 1905 se constituyó la SFIO, (Sección Francesa de la Internacional Obrera), que daría lugar en 1969 al Partido Socialista Francés. Un año más tarde, en 1906, se funda Labour Party (Partido Laborista Británico), enlazado a los Trade Unions. En 1910 se organizan partidos equivalentes en Australia y Nueva Zelanda.
En Estados Unidos la fuerza de los partidos fue escasa, por contra, alcanzó más relieve la lucha sindical, destacando en ese sentido la AFL (American Federation of Labor), fundado en 1886, muy integrado en el capitalismo y ajeno al carácter revolucionario de las organizaciones europeas.
Todas estas formaciones ejercieron un destacado papel en la vida política de sus respectivos países, participando en las elecciones y ocupando escaños en los parlamentos.
Muchos de sus militantes lo fueron también de sindicatos afines (UGT en España, CGT en Francia, Trade Unions en Gran Bretaña). Estuvieron profundamente imbricados en el movimiento internacionalista y sufrieron sus avatares.
En nuestros días los partidos más relevantes de tradición obrera desempeñan una enorme importancia en la vida política. Se han desprendido de sus postulados revolucionarios marxistas y transformado en partidos de carácter reformista.
Las Internacionales obreras
Uno de los rasgos distintivos del socialismo de todo signo fue su carácter internacionalista. Carlos Marx y otros pensadores sostenían que, al margen de la nacionalidad a la que perteneciesen, los trabajadores de todo el mundo sufrían los mismos problemas.
Era por tanto necesario, aunar esfuerzos, intereses y objetivos para derrotar a la burguesía. El "Manifiesto comunista" lanzaba, al respecto, una consigna clara: “Proletarios de todos los países, uníos”.
Fruto de esa idea, surgieron organizaciones que intentaron servir de enlace entre grupos de trabajadores de diferentes países en pos de la consecución de la revolución universal. De entre estas iniciativas destacaron dos:
La Primera Internacional Obrera (1864-1876)
La Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) o I Internacional Obrera, adoptó como sede la ciudad de Londres y estuvo integrada por partidos, sindicalistas, socialistas, anarquistas y asociaciones obreras de variado signo. El encargado de redactar sus estatutos fue Carlos Marx.
Las diversas tendencias y sensibilidades que recogió, obstaculizaron en gran medida su funcionamiento.
En 1868, a raíz de la incorporación de Bakunin, la AIT sufrió una polarización que condujo a enfrentamientos entre dos tendencias irreconciliables: por un lado, la anarquista (con Bakunin a la cabeza), por otro, la marxista, cuyo liderazgo intelectual ostentó Marx.
Episodio decisivo en la división del movimiento internacionalista lo constituyó el fracaso de la Comuna de París (1871), experiencia de carácter revolucionario que surgió tras la derrota de Sedán (1870) sufrida por las tropas francesas de Napoleón III frente a Prusia.
Como consecuencia, el Segundo Imperio Francés dejó de existir (el emperador abdicó), abriendose paso la III República. Durante los primeros meses de ésta, la agitación política y social hicieron estallar en París una revolución que condujo a la instauración de una Comuna obrera.
Tras poco más de dos meses de autogestión, las autoridades republicanas, encabezadas por Thiers, reprimieron sangrientamente la primera tentativa de poner en práctica por vez primera una sociedad liderada por la clase trabajadora.
El fiasco de la Comuna de París agravó los enfrentamientos en el seno de la Internacional. En el Congreso de La Haya (1872), los anarquistas fueron expulsados de la organización, que pasó a ser controlada por los marxistas hasta su disolución en 1876.
Las razones que llevaron a ese enfrentamiento pueden resumirse en las siguientes:
Marx deseaba una organización estructurada en torno a una autoridad como forma de reforzar la eficacia de las decisiones adoptadas. Bakunin se oponía a cualquier control o jerarquía. Los anarquistas se definían a sí mismos como "socialistas antiautoritarios".
Marx depositaba las esperanzas de revolución en una acción organizada y preparada de la clase trabajadora, especialmente de los obreros industriales. Bakunin apelaba al individualismo y la espontaneidad, al tiempo que otorgaba al campesinado un importante protagonismo revolucionario. De hecho, el anarquismo fue más fuerte en países de economía agraria, como Rusia o España, que en los industrializados.
La dictadura del proletariado como vía transitoria a la sociedad comunista, una de las piezas fundamentales de la teoría marxista, era rechazada por Bakunin, al considerar que todo tipo de Estado, inclusive uno de trabajadores, constituía un peligro para las libertades individuales.
La intervención de la clase trabajadora en el juego político por medio de la creación de partidos obreros, e incluso su colaboración con partidos de carácter burgués si éstos apoyasen los intereses del proletariado, fue rebatida por Bakunin, quien sostenía que los obreros sólo debían organizarse en torno a sindicatos y no intervenir jamás en política (parlamento, elecciones, etc), ya que ello acabaría por desvirtuar su fuerza revolucionaria.
La Segunda Internacional Obrera (1889-1916)
Fue fundada en 1889. Su sede se estableció en Bruselas. Si la Primera Internacional había albergado en su seno -al menos en sus comienzos- una amplia gama de tendencias, la Segunda, una vez expulsados los anarquistas en 1893, adoptó una clara orientación socialista marxista.
La integraron una serie de partidos socialistas de distintas nacionalidades organizados en una federación.
Entre los objetivos fundamentales de la asociación destacó la búsqueda de una legislación que mejorara las condiciones de vida de los trabajadores (subsidios de desempleo, protección social, etc) y, de forma especial, el empeño en la instauración de la jornada de ocho horas.
Signos distintivos de la II Internacional fueron la institución de la jornada del Primero de Mayo como fiesta reivindicativa (Día Internacional del Trabajo), la del 4 de marzo (Día Internacional de la Mujer Trabajadora) y el famoso himno conocido como de la Internacional.
Entre los principales problemas a los que hubo de enfrentarse, destacó el de la controversia ideológica de dos grupos:
El radical, compuesto por los marxistas ortodoxos, partidarios de una revolución como fórumula para destruir el capitalismo y cambiar la sociedad. Una de sus principales figuras fue Rosa Luxemburgo.
El más moderado, de carácter reformista, denominado “revisionista”, pues discutía algunos puntos de la teoría marxista, como el de la lucha de clases o el materialismo histórico. Entre sus representantes destacó Eduard Bernstein, que preconizaba llegar al socialismo mediante una vía pacífica con la participación de los trabajadores en el juego parlamentario.
La Segunda Internacional recibió el golpe de gracia tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, conflicto que fue incapaz de evitar.
La clase trabajadora, dividida entre los sentimientos patrióticos y el ideal de solidaridad internacional, optó por los primeros, se enroló en los ejércitos contendientes y abandonó la causa que inspiraba la organización.
No pudiendo resolver esa contradicción, en 1916 se disolvía la Internacional.
En 1917, a raíz del triunfo de la Revolución Rusa, se impusieron las tesis de aquellos que, como Lenin, el líder de los bolcheviques, abogaban por las tesis marxistas más radicales.
En 1919 se fundó, una Tercera Internacional, la llamada “Komintern”, de carácter comunista, alejada, por tanto, de las tesis reformistas revisionistas y muy condicionada por los intereses de la URSS.
sábado, 8 de enero de 2011
Corrientes ideológicas de la Edad Contemporánea
Introducción
Nunca en la historia de la Humanidad ha habido una lucha dialéctica y una lucha política comparable a la que se produce en la contemporaneidad. Es evidente que antes de la revolución francesa y de la revolución industrial había distintas formas de pensar sobre cómo organizar la sociedad, pero concurrían -a mi modo de ver- una serie de circunstancias que atenuaban la magnitud de las discusiones:
- La inexistencia de democracia,lo que impedía la libre discusión y propagación de las ideas.
- La gran lentitud de los cambios sociales y económicos antes de la Edad Contemporánea. Una de las características de la contemporaneidad es la enorme rapidez con la que ocurren todo tipo de fenómenos. Una realidad nueva exige leyes nuevas y organizaciones sociales nuevas.
- Una de estas novedades es la revolución industrial, que lleva a una nueva clase social al poder: la burguesía, que elaborará una teoría económico-política que defiende sus intereses, el liberalismo, y concentra a muchos obreros en las fábricas, en situaciones vitales desesperadas. Para ellos, pero no por ellos, se elaboran las grandes teorías políticas del Movimiento Obrero: el socialismo utópico, el marxismo y el anarquismo. Por primera vez en la Historia, los obreros se organizan en partidos y sindicatos no sólo para mejor defender sus intereses, sino -y esto constituye una novedad- para cambiar de raíz el sistema, en este caso el capitalismo.
- Todas estas teorías se expresan libremente a través de la prensa, que, aunque había aparecido antes de la Edad Contemporánea, es ahora cuando conoce un gran desarrollo, sobre todo en el siglo XIX.
- Esta lucha ideológica es también más fuerte que nunca porque los partidos y sindicatos obreros quieren acabar con el capitalismo, no se limitan a hacer reformas. La burguesía, por tanto, tenía mucho que perder y se radicaliza, al igual que el propio Movimiento Obrero. Esta radicalización hace muy dura la lucha política.
El liberalismo
El liberalismo es la filosofía político-económica que sustenta al capitalismo. Es una ideología propia de la burguesía. Tiene sus antecedentes en Locke, en la Ilustración francesa. A Adam Smich se le considera el padre del liberalismo. Escribió una obra fundamental: La riqueza de las naciones. Los principios liberales son recogidos por las Declaraciones de los Derechos del Hombre, tanto americana (1776) como francesa (1791) y pasarán a formar parte de los textos constitucionales liberales de los siglos XIX y XX. El liberalismo político es la teoría que postula la libertad de pensamiento, actuación y elección por parte de los individuos de una comunidad que tienen igualdad de derechos, deberes y oportunidades, y cuya conducta está limitada por leyes que tienden a ejercer la menor coacción para que la libertad individual pueda desarrollarse dentro del respeto al bien común. Sus características principales son: 1) Soberanía nacional, ejercida por el pueblo a través de sus representantes en el Parlamento, encargado de hacer las leyes y controlar la gestión del gobierno. El rey sólo tiene un poder delegado del pueblo (recordemos la distinción que hacía Rousseau entre posesión y propiedad del poder), y ha de gobernar en beneficio de éste. Los ciudadanos se agrupan en partidos que presentan programas y realizan su propaganda para acceder, mediante elecciones, a los parlamentos. 2) Igualdad ante la ley, en un principio incompleta, sólo era ante el impuesto y los tribunales, pero no en las elecciones a causa del sufragio censitario. 3) Equilibrio y separación incompleta de poderes:ejecutivo -el rey gobierna junto con sus ministros, estando su gestión sometida a la publicidad merced a la libertad de imprenta-,legislativo -parlamento unicameral o bicameral-, que a prueba las leyes y controla la gestión del ejecutivo y judicial -tribunales-, encargado de aplicar las leyes con independencia de los otros poderes. 4) Monarquía limitada por una Constitución. También hay liberales republicanos, que en algunos países irán aumentando. 5) Libertad individual: de conciencia, pensamiento, culto, expresión hablada y escrita, reunión y asociación. 6) Aconfesionalidad del Estado, que rechaza la primacía de la Iglesia, estableciendo el matrimonio civil, la enseñanza neutra o laica y la secularización de los bienes del clero (desamortizaciones), cayendo con facilidad en un anticlericalismo visceral como réplica a la postura beligerante de la Iglesia frente al liberalismo. 7)Descentralización en favor de los municipios. 8) Espíritu de tolerancia, sobre todo hacia las nuevas doctrinas científicas. Perola burguesía instalada en el poder se muestra intolerante con el movimiento obrero.
El liberalismo económico tiene como características: 1) Defensa de la propiedad privada sin límites, como posibilidad de que el hombre logre su felicidad a través de la libre y leal competencia; para ello se establecen unas leyes muy duras frente a los delitos contra la propiedad. 2) Libertad plena de actividades económicas -industria, comercio y contratación laboral-, sin ninguna planificación o dirigismo del Estado, según el lema laissez faire, laissez passer, “dejad hacer, dejad pasar”, siendo reguladas únicamente por la libre competencia basada en la ley de la oferta y la demanda; incluso se prohíbe el asociacionismo obrero bajo pretexto de una supuesta defensa de la libertad.
Parte de estos principios, tanto políticos como económicos, serán adulterados por la burguesía en el poder, que los orientará en beneficio propio. Pronto se llegará al capitalismo monopolista, que rompe el principio de la libre competencia.
Se dará el Estado guardián, que únicamente cuida de mantener las libertades individuales citadas, descuidando la justicia social. El obrerismo, con sus reivindicaciones sociales y políticas, será el factor principal para que se inicie, en la segunda mitad del siglo XIX, una revisión de los postulados liberales.
A partir de la crisis del 29, el liberalismo sufre una reforma propugnada por Keynes, que básicamente consiste en que el Estado tiene que intervenir más en la vida económica: fijación del salario mínimo, realización de obras públicas y creación de empresas públicas para crear empleo, etc.
En la actualidad, algunos liberales vuelven, de la mano de Hayek, a postular una mínima intervención del Estado en la vida económica.
El liberalismo político ha contagiado a las demás ideologías, incluido el socialismo. En realidad, ambas teorías se han influido mutuamente. Los socialistas se han convertido en socialdemócratas, han aceptado la democracia política, y los liberales de hoy no tienen más remedio, con el sufragio universal, que tener preocupaciones sociales.
Orígenes del Movimiento Obrero
Las condiciones de vida de las primeras fábricas eran infrahumanas: horarios de más de 10 horas, sueldos de miseria, insalubridad de las fábricas, sin seguridad social ni vacaciones, trabajo infantil, viviendas de los obreros pésimas... Este hecho, unido a que en las grandes ciudades hay muchos obreros juntos, posibilita la aparición del Movimiento Obrero.
Las primeras protestas son de carácter individual y consisten en destruir las máquinas, a las que se les acusa de reducir los puestos de trabajo. Esto se conoce con el nombre de luddismo, en honor al obrero inglés Ludd.
Cuando el asociacionismo obrero está prohibido, las asociaciones obreras se esconden en sociedades de socorro mutuo, en las que los obreros con trabajo aportan una cuota y ayudan a los más necesitados.
Con el tiempo se crearán sindicatos y partidos obreros. Los primeros defienden los intereses de los obreros ante los patronos. Los segundos, ante el parlamento. Pero para estar en el parlamento había que conseguir el sufragio universal.
Principales ideologías del movimiento obrero
El socialismo
El socialismo utópico
Surge primero en Francia. Sus creadores exponen problemas sociales, por lo que son llamados socialistas. Como proponensoluciones que Marx consideró ideales, irrealizables, éste le dio el nombre de socialismo utópico.
Sus principales representantes son: Owen, el conde de Saint Simon, Fourier, Louis Blanc y Blanqui. Critican el capitalismo y proponen la evolución de la sociedad, no la revolución. Alguno de ellos es empresario y pretende convencer a los demás empresarios que paguen más y traten mejor a los obreros. Presentan proyectos concretos de reforma: falansterios de Fourier, Talleres Nacionales de Blanc.
El socialismo científico o marxismo y el anarquismo
Teoría.- Marx fue un gran estudioso del capitalismo para ver cómo mejor acabar con él. Su obra principal, en varios tomos, tiene precisamente este nombre: "El Capital". La figura de su amigo Engels está íntimamente unida a su vida y su obra. Decimos que su obra está muy elaborada porque tiene mucha complejidad y es muy extensa, escribió más libros y artículos además de "El Capital".
La obra de los anarquistas, por el contrario, está menos elaborada y es más dispersa, lo que quiere decir que hay varios anarquistas que escriben obras, habiendo algunas diferencias entre ellos.
Concepción de la Historia.- Marx cree que el motor fundamental de la Historia es la lucha de clases: esclavos/amos, siervos/señores, proletarios/patronos. La Historia es una historia de las masas, en la que los hombres concretos juegan un papel no muy importante. Para los anarquistas, por el contrario, la Historia es la obra de hombres concretos.
SUPERESTRUCTURA↓
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SOCIEDAD
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INFRAESTRUCTURA
De una forma muy simple, podemos decir que la infraestructura es la producción material de los hombres, la economía, y lasuperestructura la producción mental: el derecho, la filosofía, la religión, el arte, la literatura…
El materialismo histórico defiende la idea de que la infraestructura, o sea, la economía, determina en última instanciaa la sociedad y a la superestructura. Es decir, según sea la economía tendremos una determinada sociedad y una determinada superestructura. El propio Marx pone este ejemplo para explicar su teoría: Durante el Paleolítico, la base de la economía era la recolección de frutos silvestres y la caza. Se trataba, por tanto, de una economía depredadora, sin excedentes. La sociedad que corresponde a una economía de este tipo -y esto está corroborado por las sociedades primitivas actuales- es igualitaria, sin clases, de tipo tribal. El tipo de superestructura que corresponde a una economía y una sociedad tan elementales es también muy simple: los dioses son las fuerzas de la naturaleza (el rayo, el Sol, la lluvia…) porque el hombre teme a la naturaleza, a la que no domina nada, el arte tiene un sentido eminentemente práctico, para poder cazar o reproducirse (las venus), no existe el derecho ni la escritura… En el Neolítico, con la aparición de la agricultura y la ganadería, hay excedentes, sobre todo cuando se utilice el regadío, cosa que ocurrió por primera vez en el Próximo Oriente. Este hecho va a revolucionar toda la vida de los hombres. Apareció la sociedad de clases por el hecho de que unos tienen mucho y otros nada o casi nada. Unos -reyes y sacerdotes, fundamentalmente- se apropian por diversos medios de los excedentes de otros. En la religión se adora también a las fuerzas de la naturaleza indispensables para la agricultura, como el Sol, aparecen dioses protectores de la agricultura y la ganadería… Aparece el derecho para defender la propiedad, se complica la vida intelectual… En el arte aparece la cerámica para guardar los excedentes….
Cuando murió Marx, acusaron a su teoría de determinismo económico por darle tantísima importancia a economía, por lo que Engels acuñó el término de acción recíproca: la superestructura también puede contribuir a que cambie la sociedad y la economía, aunque la influencia de la economía sobre la sociedad y la superestructura es superior.
Concepción del Estado.- Durante la etapa socialista, en la que el proletariado implantará una dictadura, el Estado será fuerte, para desaparecer en la etapa comunista.
Revolución.- Será protagonizada por los obreros, que irán tomando conciencia de su situación y se irán organizando en un Partido Comunista fuertemente jerarquizado, con gran autoridad de los líderes. Una revolución es un cambio profundo, no reformas parciales de lo existente. Se trata de eliminar el capitalismo -no de reformarlo- y sustituido por el socialismo.
Dictadura del proletariado.- El proletariado, dueño del poder cuando triunfa la revolución, establece una dictadura para llevar a cabo los cambios, fundamentalmente la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción: fábricas, comercios, tierras… Los anarquistas, por el contrario, no son partidarios de ninguna dictadura.
Política.- Es muy necesaria la lucha política a través de un fuerte partido comunista que represente los intereses de los trabajadores en el Parlamento. Para conseguir mejoras en la situación laboral existirá un sindicato (uno solo que represente a todos los trabajadores, aunque con distintas ramas). La unidad de los trabajadores es fundamental para mejor conseguir los fines que se proponen.
Las Internacionales La AIT (Asociación Internacional de Trabajadores) o Primera Internacional fue fundada en Londres en 1864. A su fundación asistieron organizaciones dispares: marxistas, anarquistas, demócratas, sindicalistas..., con el objetivo común de fortalecer el movimiento obrero a través de una organización internacional. Jugó un papel muy destacado Marx, quien dio una impronta marxista a la AIT. Sus principios se resumen en la emancipación de la clase obrera por ella misma y la conquista del poder político.
En su corta vida, la AIT comenzó en 1869 con el enfrentamiento abierto entre marxistas y bakuninistas (anarquistas). Éstos se opusieron a la acción política y a la existencia de cualquier autoridad, incluso en el seno de la AIT, propugnando la eliminación del Estado y no su conquista.
Finalmente, los anarquistas fueron expulsados, fundando una efímera Internacional anarquista. La quiebra de la unidad del movimiento obrero fue un hecho. La AIT fue disuelta en el congreso de Filadelfia de 1876.
Otras internacionales: la II, socialdemócrata, creada en 1900 y desaparecida después de la I Guerra Mundial, la III, de caráctercomunista, fundada por Lenin en 1919 y disuelta por Stalin en 1943, y la IV, de carácter trostkista, fundada en 1938 y disuelta en 1953.
La socialdemocracia o socialismo revisionista
Su ideólogo fundamental fue Bernstein, alemán que vive entre mediados del XIX y primer tercio del XX. Su teoría es una revisión del marxismo. Y lo revisa porque Bernstein conoce una realidad distinta a la de Marx:
- II Revolución Industrial (1870-1945) con una mejor situación económica del proletariado
- Sindicatos, que logran que se dicten y se cumplan leyes laborales.
- Progreso técnico enorme:
- artículos más barato, que pueden consumir los obreros
- aparecen muchos oficios, lo que hace aumentar las clases medias
- Sufragio universal en algunos países, con lo que existe la posibilidad de que un partido obrera suba al poder.
Todo esto hace que los obreros que vivían en tiempos de Bernstein estuvieran menos radicalizados que los de la primera revolución industrial, por lo que Bernstein revisa los postulados de Marx:
- Rechaza la idea de la revolución social ("La democracia es un medio y un fin") y la dictadura del proletariado
- Debe de haber la socialización imprescindible. Cuando los particulares lo hacen mejor que el Estado no hay que socializar
- Gran importancia de los impuestos para favorecer a los más desprotegidos. Se trata de impuestos progresivos. Ésta es una característica muy típica de los socialdemócratas.
En la actualidad, todos los partidos socialistas europeos son socialdemócratas, aunque se sigan llamando socialistas.En el PSOE convivieron siempre tres tendencias: una izquierda, cercana al Partido Comunista, un centro y una derecha socialdemócrata.
Anarquismo
El anarquismo tuvo un pensamiento más disperso y menos elaborado que el marxismo. Las diferentes manifestaciones del mismo tienen en común la crítica a la sociedad capitalista y la propuesta de una futura sociedad sin autoridad y con propiedad colectiva. El rechazo de toda autoridad es la pieza clave del anarquismo, que les llevará a oponerse a la acción política organizada a través de partidos políticos y a la defensa del individualismo y de la acción directa. Son las instituciones y el Estado los que privan al individuo de la libertad y la felicidad.
Dentro del anarquismo convivieron posiciones muy diversas, desde pacifistas a activistas revolucionarios. Uno de los pensadores más importantes es Bakunin, quien propone la liquidación de las bases de la sociedad capitalista: el Estado, el Ejército y laIglesia. Rechaza la idea del partido político obrero cuyo objetivo es la conquista del Estado, por cuanto éste debe ser destruido, oponiéndose en esto directamente a los postulados del marxismo.
El otro gran pensador anarquista, Proudhon, parte de las ideas de igualdad y solidaridad y defiende la vía pacifista para conseguir el triunfo del anarquismo.
Marxismo y anarquismo convivieron como enemigos en las organizaciones obreras hasta que se enfrentaron abiertamente, tanto en los medios de actuación como en los fines, dividiendo profundamente el movimiento obrero inicial.
En España tuvo mucha influencia en Cataluña y Andalucía. Estaba organizado en el sindicato C.N.T. (Confederación Nacional del Trabajo).
El introductor de esta teoría en España fue Fanelli, que estuvo en España en 1868-69, organizando en Barcelona a los primeros anarquistas españoles.
Totalitarismo, autoritarismo y fascismo (tomado de Hernández Sandoica, Elena: Los fascismos europeos. Ed. Istmo. Madrid, 1992)
La palabra totalitarismo incluye a la dictadura nazi y al estalinismo (al menos hasta 1956). Características:
1) Control absoluto del individuo por el Estado, sin límite legal ni moral en el ejercicio del poder.
2) Instrumentalización de los conocimientos científicos y tecnológicos para llevar dicho control hasta su extremo.
3) Existencia de un partido único, encargado de difundir la ideología totalitaria hasta el último rincón de la sociedad. Se trata de un partido muy jerarquizado y fundido con el gobierno, incluso situado por encima de él: es el partido el que toma las decisiones, y no el gobierno.
4) Sistema terrorista de control policiaco.
5) Arbitrariedad con que la policía política dirige su represión contra los enemigos del régimen y otros sectores de la población (judíos, gitanos, heterodoxos).
6) Fuerte componente milenarista, que aspira a la renovación absoluta de la sociedad y a crear un "Hombre nuevo". Para ello, tiene una gran importancia la educación y la propaganda.
7) Control centralizado de la economía, dirigida rígidamente por el Estado.
El autoritarismo supone un grado de control político y policíaco menor. Ej: Portugal, Chile, la España de Franco.
Respecto al fascismo, algunos lo aplican sólo a Italia y otros engloban con este término al fascismo italiano y al nazismo alemán.
Fascismo
El fascismo es un movimiento ultranacionalista, antiliberal, antidemocrático y antimarxista que se desarrolla, sobre todo enEuropa, en el período de entreguerras (1918-39). Sólo triunfó plenamente en Italia y Alemania, pero inspiró a otras dictaduras: Primo de Rivera en España, Salazar en Portugal...
Hay que hacer una observación a propósito del antiliberalismo fascista. Antes de nada, hay que recordar que el liberalismo es la doctrina económico-social que sustenta al capitalismo. Por tanto, ser antiliberal es lo mismo que ser anticapitalista. Si bien hay algunos fascistas que son anticapitalistas (también antisocialistas), el gran capitalismo terminará apoyando al fascismo por miedo al socialismo triunfante de la URSS, por lo que a partir del momento en que el fascismo recibe estos apoyos irá perdiendo fuerza su discurso anticapitalista.
No es posible entender el fascismo sin dos circunstancias: crisis del liberalismo y triunfo del socialismo. El mito fascista intenta ofrecer una solución distinta. La novedad que presentaba radicaba en que quería sacar a flote al capitalismo basándose en una estructura social totalitaria. Al servicio de esta forma de organización va a utilizar una serie de principios ideológicos como el racismo, la violencia, el culto al jefe...
El fascismo se va a apoyar en una base social que son los grupos sociales más afectados por la crisis de la postguerra,pequeña burguesía y obreros, incluidos antiguos combatientes que se afilian a organizaciones paramilitares porque siguen manteniendo las ideas de heroísmo, patria y orden. El procedimiento que utiliza el fascismo es la violación de los derechos humanos.
La función social del fascismo fue eliminar cualquier peligro proveniente de las clases dominadas y ejercer el poder por medio de una alianza entre sectores dominantes para garantizar la subsistencia del capitalismo.
Los fascistas utilizan un lenguaje engañoso. Dicen que no son capitalistas ni comunistas, pero lo cierto es que objetivamente son los salvadores del capitalismo.
Europa quedará dividida entre fascistas y antifascistas. Serán las dos fuerzas que se enfrenten en la II Guerra Mundial.
Características
Antecedentes ideológicos
El fascismo no tiene antecedentes ideológicos específicos porque no hay autores anteriores totalmente fascistas. Por eso se dice que es irracional.
Para Schopenhauer y Nietzsche, el hombre está en una lucha continua y sin sentido. Nietzsche habla también del superhombre.
Sorel escribe un libro con un título muy significativo: Reflexiones sobre la violencia.
Spengler, en La decadencia de Occidente, habla de forma pesimista y catastrofista. Para los fascistas, hay que acabar con esa decadencia.
Ratzel, geógrafo alemán, era determinista: el medio geográfico determina la vida de los hombres. Y el medio geográfico alemán es idóneo para que en él se asienten hombres superiores. Pero no hay suficiente espacio, por lo que elabora la teoría del espacio vital.
Doctrina política 1.- Supremacía absoluta del Estado sobre todo lo demás. El esfuerzo de todos debe ir dirigido a engrandecer el Estado. El Estado debe contribuir al engrandecimiento del Imperio, en el caso de Italia, o a conducir a la raza superior a una posición predominante, en el caso alemán.
2.- Régimen dictatorial. El poder ejecutivo prevalece sobre los otros dos. Se critica al liberalismo, al que se culpa de todos los males de la sociedad.
3.- Liderazgo. El líder (Führer, Duce, Generalísimo) actúa de forma personal, sin control por parte de la sociedad. Los parlamentos se mantienen en algunos casos, pero domesticados.
4.- Nacionalismo reaccionario. El nacionalismo exacerbado lleva a una política expansionista. Se rescatan viejas reivindicaciones territoriales, o se buscan otras nuevas. (Recuérdese la teoría del espacio vital de Ratzel.
Doctrina económica
1.- Anticapitalismo inicial, pero la práctica de gobierno y la necesidad de atraerse a la clase dominante y de tranquilizar a la pequeña burguesía provocan un giro hacia la defensa de la propiedad privada. Los que, dentro del fascismo, siguen siendo puristas (anticapitalistas) son eliminados (matanza de la SA en Alemania). No obstante, se preconiza un cierto intervencionismo en la economía, lo que le permite presentarse ante el proletariado como un movimiento anticapitalista y defensor de los intereses de los trabajadores.
2.- Autarquía, para favorecer a la industria nacional. El ahorro de lo que no se importa se dedica a la industria bélica.
3.- Expansionismo imperialista, para lograr nuevos mercados, materias primas y fuentes de energía para que no se paralice la industria.
4.- Obsesión por las grandes obras públicas, que disminuyen el desempleo y sirven de propaganda al régimen.
Doctrina social
1.- La élite debe regir a la masa y le transmitirá su ideología.
2.- Víctimas expiatorias. Extranjeros, masones, gitanos, homosexuales, comunistas y judíos son los causantes de todos los males. Los fascismos -sobre todo, el nazismo- consideran que la mezcla de sangre era la causa de la desaparición de las viejas culturas (los bárbaros, por ejemplo, serían los causantes de la desaparición del Imperio Romano).
3.- Apoyo de la burguesía. Al principio sólo apoyaba al fascismo la pequeña burguesía, temerosa de los avances del proletariado, pero después necesitó del apoyo de la gran burguesía para acceder al poder y ésta se lo concedió ante el giro a la izquierda que daba la sociedad europea. Con el tiempo, otros grupos sociales se van incorporando al fascismo: militares, funcionarios, Iglesia y grupos del proletariado.
4.- Institucionalización del papel social de la mujer. Sus funciones son tener niños -futuros soldados y obreros de la patria-, cocinar e ir a la iglesia. Son ciudadanos de segunda clase porque según el fascismo son incapaces de utilizar las armas.
5.- Encuadramiento de la juventud en organizaciones de apoyo al régimen. La educación, concebida como adoctrinamiento, tiene una importancia fundamental.
Métodos de gobierno fascistas
1.- El partido único, jerarquizado y bajo el mando supremo del líder. El partido cuenta con fuerzas paramilitares: SA (tropas de asalto) alemanas, fascios de combatientes italianos.
2.- La propaganda, que hace hincapié en la violencia.
3.- Las movilizaciones y el control de las masas para apoyar y exaltar al régimen fascista.
4.- Utilización de la violencia para aniquilar a la oposición.
5.- La burocracia, dócil y adicta al régimen, fue la encargada de ejecutar las decisiones del jefe.
Próxima al fascismo estuvo la Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera, hijo del famoso dictador.
Es cierto que en la Atenas de Pericles (siglo V a.d.C.) hubo una democracia muy avanzada para la época y que los ciudadanos (una ínfima parte de la población) discutían en la asamblea sobre los más variados temas, pero casi todos estaban de acuerdo en temas fundamentales como la esclavitud, la necesidad de mantener la grandeza de Atenas, el hecho de que las mujeres no votasen, la religión (aunque había algunos ateos)... Las disputas ideológicas de la Edad Contemporánea serán mucho más fuertes y llegarán, en el caso de España, a producir guerras civiles (guerras carlistas, guerra civil de 1936-39).
Así ha ocurrido, con fenómenos nuevos (no para vosotros, pero sí para vuestros padres y abuelos) como la generalización de la informática, las drogas, la automatización enorme del proceso de fabricación, la generalización del automóvil, etc., etc.
Comienza en Inglaterra a mediados del XVIII y se extiende por el resto de Europa durante el XIX.
No hay ningún teórico famoso del Movimiento Obrero que fuese campesino o empleado de fábrica. Ello es lógico, teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de ellos eran o analfabetos o con casi ninguna cultura, por lo que difícilmente podían elaborar una teoría compleja.
A comienzos del Movimiento Obrero éste era ilegal, estando prohibidos los sindicatos y partidos obreros. Era una contradicción del liberalismo, que propugnaba la libertad de ideas y la libre circulación de éstas. Pero no olvidemos que el liberalismo favorece a la burguesía, por lo que ésta no duda en prohibir los partidos obreros aunque ello vaya en contra de la propia ideología por ella elaborada. De todas formas, llegó un momento en que hubo que admitir, por presiones del Movimiento Obrero, la libertad de los partidos y sindicatos obreros, el sufragio universal y el derecho a expresar por escrito estas ideas.
Esta radicalización de las posturas políticas es típica del siglo XIX y comienzos del XX. En la actualidad, en los países avanzados, los grandes partidos políticos, sean de derecha o de izquierda, difieren entre sí mucho menos que en el pasado. Los partidos socialistas, por ejemplo, aunque se sigan llamando socialistas, no ponen en cuestión seriamente el capitalismo. Y esto es así porque en los países avanzados los obreros están en una situación económica infinitamente mejor que a comienzos de siglo.
En principio, la nación no es todo el pueblo, sino sólo una parte, ya que existe sufragio censitario o restringido.
Que nos sirva esto de ejemplo para nuestra vida privada. No podemos atacar una teoría que desconocemos. Marx conocía profundamente todo lo relacionado con el capitalismo, desde su historia a sus mecanismos de funcionamiento.
Engels era empresario y ayudó económica e intelectualmente a Marx.
Ello quiere decir que no se niega la influencia de otros elementos como la política, la religión, el derecho…
Es el comunismo primitivo del que hablaron Marx y Engels.
La escritura nació en los templos de Mesopotamia con un fin práctico, para registrar el nombre de los campesinos que habían pagado los tributos. Ése es también el origen de la aritmética y la geometría.
Es la famosa dictadura del proletariado, que los marxista-leninistas justifican diciendo que la burguesía, que es una minoría social, ejerce una dictadura sobre la mayoría de la población. Como el proletariado es la mayoría de la población, se trata de la dictadura de la mayoría sobre la minoría. No hay más remedio que establecer esta dictadura porque la burguesía no va a asistir impasible a su desaparición como clase social. Quien desarrolló esta teoría fue Lenin, que adaptó el marxismo a Rusia.
Ni marxistas ni anarquistas quieren la propiedad privada, pero mientras los primeros son partidarios de la socialización de los medios de producción (toda la propiedad pasará a ser del Estado), los segundos hablan de la propiedad colectiva. Por ejemplo: las tierras de una comuna son propiedad de toda la comuna, pero no de un Estado que no existe, puesto que los anarquistas odian al Estado.
El término “milenarismo” hace referencia al año 1000, en el que los hombres creían que el mundo iba a acabarse e iban a hacerse reales las situaciones descritas en el Apocalipsis de San Juan, que hablan de los signos que anunciarán dicho fin. Los milenaristas son partidarios de la destrucción, incluso violenta, de todo lo que aborrecen.
Se refiere a la situación posterior a la I Guerra Mundial (1914-18).
¿Qué es la ideología?
La ideología es un sistema de ideas o conceptos donde un partido político o fuerza social da expresión a su concepción del mundo. Esa concepción del mundo debería incluir en la actualidad dos partes: por un lado, la concepción del mundo existente o capitalista, y por otro lado, la concepción del mundo futuro o socialista. Muchas veces se falla en una errónea concepción del capitalismo. Se está más pendiente de indicar sus males que de representar científicamente la ley de su desarrollo. Pero Marx lo que hizo fue lo segundo. No me canso de señalar que para conquistar el socialismo avanzado es necesario conocer muy a fondo el capitalismo. La voluntad no es suficiente. Tampoco la ilusión. Lo fundamental y decisivo es el conocimiento, tanto el práctico como el teórico. De ahí que no se pueda despreciar ni dejar de lado con dos palabras la experiencia del socialismo soviético o del socialismo chino. Muchos de los promotores del socialismo del siglo XXI creen que van a crear un socialismo superior sólo con la voluntad de que así lo pretenden. Pero hay que ser más humildes, reconocer las limitaciones, y aprender de las experiencias ajenas.
Para algunos pueblos, como el cubano o el chino, el mundo futuro, el mundo socialista, es también un mundo existente. Pero hoy día todas las economías del mundo, incluidas las economías de las sociedades socialistas, son mixtas, esto es, se componen de una parte privada y de una parte pública. De ahí que todas las economías deban concebirse como economías de transición y en todas esté presente la contradicción entre capitalismo y socialismo. Y lo que es más notable y no deberíamos perder de vista: la contradicción entre capitalismo y socialismo, sobre todo en los países más avanzados, también se refleja en el seno de la propia burguesía. Este reflejo es tan notable que tiene su manifestación partidista, como es el caso de España o de Francia, donde hay un partido de la burguesía que se denomina socialista. Todos estos hechos son importantes destacarlos puesto que ponen de manifiesto que la contradicción principal en el mundo actual es la existente entre capitalismo y socialismo.
La ideología, además de ser una concepción del mundo, es también un sistema de juicios y argumentos donde un partido político o fuerza social da expresión a sus posiciones ante los diversos y múltiples problemas del mundo. De ahí que la ideología sea algo en continua elaboración y corrección. Sucede en ocasiones que se elaboran ideologías por parte de partidos de izquierda sin que respondan o tomen posiciones sobre cuestiones cruciales, como pueden ser, por ejemplo, las siguientes: ¿Puede haber un mercado socialista? ¿Es el plan un rasgo sustancial del socialismo? ¿Debe una sociedad socialista permitir que la burguesía tenga un partido propio y representación en el parlamento? ¿Debe el socialismo promover una mayor libertad de pensamiento y opinión? Si la ideología de un partido de la izquierda radical no toma posturas claras con respecto a estas cuestiones, entonces dicha ideología carecerá de actualidad y, por consiguiente, de factualidad.
Las cuestiones antes planteadas como básicas en el programa ideológico de un partido socialista les he dado respuesta en un trabajo tituladoPrincipios de la izquierda radical. Por supuesto que no está todo dicho, porque sobre todo nunca está todo dicho, pero al menos están dichas algunas cuestiones principales. De ahí que en el trabajo que presento hoy al lector aborde otros temas de la ideología que también son muy importantes y decisivos: 1) Ideología y libertad de pensamiento, 2) Ideología y verdad, 3) La ideología como conjunto de principios, 4) La ideología como dogma y atadura, 5) El hombre como ser social, y 6) Intereses individuales e intereses comunes. Tal vez de todas ellas las reflexiones más importantes para un militante socialista sean las dos últimas: son llamadas a la libertad del individuo frente a la coerción colectiva y a la no enajenación del interés individual por el interés colectivo. El socialismo no puede ser concebido como la primacía de lo colectivo frente a lo individual, puesto que el interés colectivo no es más que el desarrollo del interés individual. Y sólo con un alto desarrollo de la individualidad se aseguran los intereses colectivos. Sobre este respecto, sobre la relación entre el interés individual y el interés general, hay mucha confusión en el seno de las filas de la izquierda. Pero basta fijarse en Fidel Castro y Hugo Chávez, por ponerles dos ejemplos muy cercanos, que son personas con un altísimo desarrollo de su individualidad, para comprender que el desarrollo de la individualidad no menoscaba el interés general de una clase social ni el cumplimiento se su tarea histórica.
Son los burgueses y sus representantes teóricos quienes presentan los intereses colectivos como medios para menoscabar los intereses individuales, y por reacción los representantes teóricos de los trabajadores han presentado los intereses individuales como medios para menoscabar los intereses colectivos. Pero nada de eso es cierto. Se confunde el desarrollo de la individualidad con el individualismo. Se ignora que en ocasiones personas con muy poco desarrollo individual sólo son capaces de pensar en sí mismos, mientras que personas con un gran desarrollo de su individualidad y una gran conciencia de sus intereses individuales son los más capaces de representar y desarrollar los intereses colectivos.
Ideología y libertad de pensamiento
Uno de los aspectos más admirables del partido bolchevique que lideró Ilích Ulianov fue la gran libertad de pensamiento que existía en sus congresos y en sus órganos de expresión. De ahí el alto nivel teórico que se daba en sus cuadros y principales dirigentes. Desgraciadamente esa libertad de pensamiento ha desaparecido en buena parte en lo círculos marxistas, pero no tanto por las fuerzas que impiden la libertad de pensamiento, sino por el miedo que tienen muchos marxistas a equivocarse y a incomodar a los grandes líderes. No se puede hablar con miedo a ser tildados de burgués, pequeño burgués o reaccionario. Hay que abandonar el método de las etiquetas de clase, que tanto se practicó en las filas de los partidos comunistas y que tanto daño e injusticias provocó. Todo el mundo debe decir lo que siente y lo que piensa. Y lo que no vea claro, aunque lo diga Chávez, Fidel Castro o el más ilustrado de los marxistas, debe decir que no lo ve claro.
El fortalecimiento teórico de un partido político es directamente proporcional a la libertad de pensamiento que se dé en ese partido. Aunque un militante de un partido de izquierda defienda una concepción burguesa del mundo, siempre se le debe permitir que piense y se exprese con total libertad. Nada de eso es perjudicial para la ideología socialista, todo lo contrario: la beneficia y la fortalece. Puesto que es más importante tener un militante de izquierda con un alto nivel teórico, aunque esté escorado hacia la derecha, que otro muy fiel a los dirigentes pero incapaz de pensar por sí mismo los problemas más elementales. Esto hay que decírselo muy alto y muy claro a todos los militantes de izquierda: “Di siempre lo que piensas y sientas. Di “no” cuantas veces tengas que decirlo. No tengas miedo a equivocarte y al error. Lo fundamental es que te sientas libre y pienses en libertad”.
Ideología y verdad
La verdad no es una cuestión de pertenencia de clase o de adscripción ideológica. El hecho de que una persona sea marxista, representante de los trabajadores o revolucionario, no le asegura que la verdad esté de su parte. La verdad es una cuestión de conocimiento; y quien más sepa, dirá más verdades que quien sepa menos. Pero la izquierda radical y todas las fuerzas de vanguardia que luchan por el socialismo necesitan de las verdades de la ciencia, necesitan de verdades económicas, de verdades sociológicas y de verdades políticas. Y esas verdades muchas veces vienen desde las filas de la burguesía. Ser revolucionario no puede implicar volverse sordo a las palabras de los representantes teóricos de la burguesía. Todo lo contrario: ser revolucionario significa tener los oídos muy abiertos a todas las ideas que se producen en el mundo, vengan de donde vengan. Y los revolucionarios deben quedarse, no con aquellas ideas que provienen de los marxistas o de los revolucionarios, sino con aquellas que contengan mayor grado de verdad y de certeza.
La ideología como conjunto de principios
Tener ideología significa tener principios o guiarse por principios. Para la persona con ideología todo no vale ni todo está permitido. Sin embargo, para algunos políticos que sólo buscan obtener un puesto en el Estado la ideología es un estorbo, porque determina de antemano ciertas reglamentaciones y conductas. Defienden el pragmatismo: lo que es útil en cada caso. Estas personas no son fiables, no podemos dejar el destino de un país en sus manos, porque no siempre “lo más útil” es lo más útil para todos. Tampoco lo más útil a corto plazo es lo más útil a largo plazo. Los pragmáticos suelen pensar en intereses particulares y no en intereses generales. Sólo se atienen a intereses generales las personas de principios. Y personas de principios las hay en las filas socialistas y en las filas capitalistas.
La ideología como dogma y atadura
Para algunas personas, sobre todo de la izquierda radical, las ideas son inamovibles. Ya se puede abrir el mundo bajo sus pies que ellos no cambian de ideas. Para este tipo de personas las ideas parecen preexistir a la realidad: son idealistas extremos, aunque lo ignoren. Cuando triunfó la revolución soviética se necesitaba mucho dinero para comprar maquinarias y alimentos. Pero el poder soviético no disponía de ese dinero. Tuvo que solicitar un crédito y le fue concedido por un financiero estadounidense. Los dogmáticos, como era de suponer, pusieron el grito en el cielo y se preguntaban cómo era posible que un Estado socialista se permitiera tal concesión, tal pérdida de principios. Si el partido bolchevique se hubiera plegado a las demandas de esos extremistas, el poder soviético se hubiera derrumbado en cuestión de meses. No se debe ser idealista. Sin dinero no hay avance industrial ni se pueden satisfacer las necesidades alimentarias de los trabajadores. Es cierto que por el dinero prestado hay que entregarle al prestamista una buena suma de dinero en concepto de interés, pero no hay otro remedio.
Hay que decir siempre la verdad: el estado socialista soviético necesitaba del capital financiero internacional. No hay que mentir y decir que el capital financiero internacional estaba practicando el socialismo. No: el capital financiero internacional sólo quería que le devolvieran el dinero prestado incrementado con un interés. Pero no deja de ser cierto que gracias a ese préstamo el poder soviético pudo mejorar su industria y dinamizar así su maltrecha economía. Por lo tanto, hay que tener principios, pero nunca debemos permitir que esos principios se conviertan en una atadura que nos impida avanzar.
El hombre como ser social
Escuchemos a Marta Harnecker en el punto uno de su ponencia en el foro “La construcción del estado socialista desde la base del poder popular” en Venezuela, titulado Once ideas sobre el socialismo y el autogobierno del pueblo: “1) El punto de partida: el hombre como ser social. La concepción socialista de la sociedad no parte, como lo hace el capitalismo, del hombre como ser individual, del hombre aislado, separado de los demás, sino del hombre como ser social, del hombre que no puede desarrollarse a sí mismo si no se desarrolla con otros.
No existe el ciudadano abstracto, como dice el filósofo francés, Henry Lefebvre: alguien que está por encima de todo, que no es rico ni pobre, ni viejo ni joven, ni macho ni hembra o lo es todo a la vez. Y como es “absolutamente libre, obedece sólo a normas morales de hermandad, igualdad y democracia”.
Lo que existe son personas concretas que viven y dependen de otras personas, que se asocian y organizan de diferentes maneras con otras personas en comunidades y organizaciones en las cuales y por medio de las cuales realizan sus intereses, sus derechos y sus deberes”.
El hombre como ser social no es un concepto sobre el socialismo ni un concepto que expresa lo que desean los socialistas. El hombre como ser social es una determinación del hombre en general. El hombre es un ser social en el esclavismo, en el feudalismo, en el capitalismo y en el socialismo. El esclavo es un ser social como lo es el esclavista, lo es el siervo como lo es el señor feudal, lo es el obrero asalariado como lo es el capitalista. Desde que nace hasta que muere el hombre existe por medio de otros: su lenguaje o su conciencia tiene un carácter social, pero también lo tienen su educación, trabajo y familia. No hay actividad humana que no sea social. Hasta Robinsón Crusoe abandonado en su isla demostraba con cada cosa que pensaba y hacía que era un ser social, porque todo su conocimiento teórico y práctico tenía un origen social. Por lo tanto, es erróneo presentar una determinación universal del hombre, la de que es un ser social, como un objetivo específico de los socialistas o un rasgo esencial de la sociedad socialista.
También lo afirmado por Henry Lefebvre es un error. Marx lo dejó suficientemente claro en su trabajo titulado La cuestión judía. El hombre burgués, ya sea trabajador o capitalista, lleva una doble vida: como miembro de la comunidad política, donde es un hombre abstracto, y como miembro de la sociedad civil, donde es un hombre particular. En la sociedad civil un rico se distingue de un pobre y un religioso de un ateo, pero como miembros de la comunidad política el rico, el pobre, el religioso y el ateo valen lo mismo y tienen los mismos derechos. Esta conquista de la burguesía y que cristaliza en el Estado derecho evita que el Presidente del Gobierno y el más rico entre los ricos estén por encima de la ley.
Pero escuchemos a Marx en el texto antes referido: “El Estado como Estado anula, por ejemplo, la propiedad privada, el hombre declara la propiedad privada como abolida de un modo político cuando suprime el censo de fortuna para el derecho de sufragio activo y pasivo, como se ha hecho ya en muchos Estados norteamericanos. Hamilton interpreta con toda exactitud este hecho, desde el punto de vista político, cuando dice: “La gran masa ha triunfado sobre los propietarios y la riqueza del dinero”. ¿Acaso no se suprime idealmente la propiedad privada, cuando el desposeído se convierte en legislador de los que poseen? El censo de fortuna es la última forma política de reconocimiento de la propiedad privada”.
Surge una pregunta: ¿Esta doble vida que llevan las personas en la sociedad burguesa deben seguir llevándola en la sociedad socialista? Sin duda que sí. Hay ciertas conquistas de la burguesía que la sociedad socialista debe conservar y mejorar, y una de ellas es el Estado de derecho. En las sociedades socialistas muchos de los máximos dirigentes del Partido Comunista así como algunos altos funcionarios del Estado socialista actúan como si estuvieran por encima de la ley y cometen un sinfín de injusticias. En la sociedad socialista es fundamental que las personas que no sean comunistas y tengan una concepción burguesa del mundo puedan defenderse de los atropellos y abusos de los comunistas. Y para lograr este objetivo es necesario que todas las personas sean iguales ante la ley. Por lo tanto, en la sociedad socialista todas las personas seguirán llevando una doble vida: como miembros de la comunidad política, donde todas las personas deben de ser iguales, desde el secretario general del Partido Comunista hasta el mayor de los reaccionarios anticomunistas, y como miembros de las sociedad civil, donde cada persona es distinta a la otra por su profesión, sus ingresos económicas, su conciencia e ideología.
Intereses individuales e intereses comunes
Empecemos escuchando a Darío L. Machado Rodríguez, en la primera página de su trabajo Problemas del papel de la ideología en la transición socialista cubana: “Se necesita, por tanto, formar una cultura socialista que permita no solamente producir de un modo socialista sino vivir de un modo socialista. Esa cultura empieza a gestarse en forma embrionaria, potencial, dentro del propio sistema capitalista. Se expresa con diferentes intensidades y formas en las luchas populares, en la solidaridad entre los desposeídos, en los hábitos de organización y coordinación de acciones, en un aprendizaje que incluye la dejación de intereses particulares e individuales en función de objetivos comunes, en el desarrollo y apropiación de una ideología, de una cultura del cambio revolucionario. En el proceso de transición al socialismo esa ideología adquiere una importancia primordial debido a su papel en la concertación de los esfuerzos sociales ante las enormes tareas de la construcción, por lo que necesita ser impulsada, desarrollada, potenciada, multiplicada, extendida de un modo consciente, como componente inseparable de la opción socialista de construcción social”.
No creo que sea correcto proponer que deba hacerse dejación de los intereses individuales en función de objetivos comunes. Después detallaré teóricamente por qué no estoy de acuerdo. Pero puedo adelantar, y de acuerdo con la experiencia soviética, que en muchas ocasiones el trabajador individual era extremadamente sacrificado en aras de intereses socialistas generales. Por ejemplo, para desarrollar la industria pesada o hacer grandes obras de infraestructura las necesidades básicas de los trabajadores soviéticos eran satisfechas muy por debajo de lo que eran satisfechas las necesidades de los trabajadores de la Europa occidental capitalista. Así que hay que mirar con lupa eso de que pertenece a la ideología socialista hacer dejación de los intereses individuales en aras de alcanzar objetivos comunes. Y tampoco es acertado hablar de hábitos de organización y coordinación de acciones como algo específico de los que luchan por el socialismo, cuando es una necesidad y práctica común a todas las clases, desde los esclavistas, pasando por los señores feudales y llegando a los modernos capitalistas.
Escuchemos a Marx a este propósito en La ideología alemana, en la sección titulada El egoísta uno consigo mismo o teoría de la justificación:“¿Cómo explicarse que los intereses personales se desarrollen siempre, a despecho de las personas, hasta convertirse en intereses de clase, en intereses comunes, que adquieren su propia sustantividad frente a las personas individuales de que se trata y, así sustantivados, cobran la forma de intereses generales, enfrentándose como tales a los individuos reales y pudiendo, en esta contraposición, determinados ahora como intereses generales, aparecer ante la conciencia como intereses ideales, e incluso religiosos, sagrados?”
Varias tesis debemos destacar en lo dicho aquí por Marx. Primera tesis: en todas las sociedades y para todas las clases los intereses individuales se desarrollan hasta convertirse en intereses comunes o de clases. Así que no se puede hacer pasar como un concepto socialista la primacía o importancia de los intereses comunes, puesto que donde hay clases, y estas las ha habido en el esclavismo, en el feudalismo y en el capitalismo, hay intereses comunes.
Segunda tesis: los intereses comunes se sustantivan. Las organizaciones empresariales es uno de los modos en que los intereses comunes de los capitalistas se sustantivan, al igual que los sindicatos es uno de los modos de sustantivación de los intereses comunes de los trabajadores. Los partidos políticos y el propio Estado son otros modos de sustantivación de los intereses comunes.
Tercera tesis: una vez que los intereses comunes se sustantivan, quedan enfrentados a los intereses individuales como intereses generales. No siempre coinciden los intereses generales que defienden las organizaciones empresariales con los intereses individuales de cada capitalista. Igual ocurre entre los intereses generales defendidos por los sindicatos y los intereses individuales de los trabajadores. Hay veces, y a esto hay que prestar mucha atención, que en aras de la defensa de los intereses generales de unas clases se sacrifica en exceso los intereses individuales de determinados sectores de esas clases. La clave aquí es considerar normal el conflicto entre los intereses individuales de los miembros de una clase y los intereses generales defendido por las organizaciones que representan los intereses comunes de aquellos.
Cuarta tesis: los intereses generales de una clase, una vez sustantivados, se presentan ante la conciencia como intereses ideales e incluso religiosos. La religión idealiza al máximo los intereses, pero también los partidos comunistas han idealizado en exceso los intereses de los trabajadores. Esta idealización puede llegar al extremo de que los miembros de una clase puedan no verse reflejados en esa idealización de sus intereses comunes. Y este divorcio puede llevar a los miembros de una clase, por ejemplo, a los de la clase trabajadora, a buscar su reflejo en un partido burgués, como así ocurre en la mayoría de las sociedades capitalistas.
Escuchemos por segunda vez a Marx en el mismo texto y en la misma sección: “Incluso bajo la absurda forma pequeñoburguesa alemana en que Sancho concibe la contradicción entre los intereses personales y los generales, tendría que ver, por lo demás, que los individuos, como no podía ser de otro modo, parten y han partido siempre de sí mismos, razón por la cual los dos lados que él pone de manifiesto son dos lados del desarrollo personal de los individuos, engendrados ambos por condiciones igualmente empíricas de vida de los individuos, y simples expresiones, ambos, del mismo desarrollo personal de los hombres y entre los que sólo media, por tanto, una aparente contraposición”.
Aquí hay dos tesis muy importantes que destacar. Primera tesis: los intereses personales y los intereses generales son dos lados del desarrollo personal de los individuos. Ocurre en ocasiones que hay individuos que tienen sus intereses generales muy poco desarrollados. Esto ocurre tanto con individuos que pertenecen a la clase capitalista como con quienes pertenecen a la clase de los trabajadores. Esta falta de desarrollo de los intereses generales perjudica gravemente los intereses comunes de la clase en cuestión y la debilita. Pero también ocurre lo contrario: en ocasiones hay individuos que tienen muy poco desarrollados sus intereses individuales. Esta circunstancia se ha dado mucho en el socialismo. Las personas han tenido muy pocas oportunidades para desarrollar sus intereses individuales. Puesto que se tenía la idea, todavía se tiene, que quien defiende sus intereses individuales es un egoísta y un burgués. Pero esto es un tremendo error: es necesario que el individuo pueda desarrollar libremente tanto sus intereses individuales como sus intereses generales. Y a mayor desarrollo de los intereses individuales, mayor desarrollo tendrá sus intereses generales. Puesto que como muy bien advierte Marx, es una aparente contradicción la que existe entre los intereses individuales y los intereses generales de una misma persona.
Segunda tesis: los individuos siempre han partido de sí mismos. Esta es una idea clave. Ha sido tradicional en la militancia de la extrema izquierda enajenar los intereses individuales por los intereses generales del partido. Pero de este modo los intereses individuales quedan truncados y los intereses generales no se presentan como el desarrollo de los intereses individuales hasta convertirse en intereses comunes. Esto genera un tipo de militantes frustrado y peligroso, puesto que al cabo de cierto tiempo termina pasándose a las filas de la burguesía y renegando por completo del marxismo.
Es conveniente insistir en que todo el mundo parta de sí mismo, de sus propios intereses personales, y de forma natural y libre se desarrollarán sus intereses individuales y sus intereses generales. Si entendemos los intereses generales como aquellos intereses respecto a los cuales debemos sacrificar los intereses individuales, estamos concibiendo una sociedad socialista no libre, atada a los dictados de un partido, que sería el encargado de determinar cuáles son los intereses generales de los individuos que constituyen la clase a la que representan.
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