miércoles, 12 de enero de 2011

CRISIS FINANCIERAS: ANTECEDENTES TEÓRICOS Y SU RELACIÓN CON LAS CRISIS BANCARIAS


Elena Moreno García

 El colapso de grandes, medianos y pequeños bancos tiene un significado muy importante en el campo de la teoría económica, en el ciclo económico y en la competencia entre los mercados financieros internacionales. Debido a que las crisis bancarias que se presentaron en la década de los noventas se vieron precedidas de crisis financieras, el siguiente documento  tiene como objetivo exponer las teorías que explican las crisis financieras, partiendo de las ideas de los monetaristas, para continuar con la postura de los postkeynesianos, la reciente literatura sobre capital social y presentar por último las generaciones de modelos de crisis financieras, analizando finalmente la vinculación que existe entre estas crisis y las bancarias.

El Sistema Financiero y Las Crisis Bancarias

            La estructura del Sistema Financiero Internacional actual proviene de la integración económica mundial que reinició[2] en 1945 con el nacimiento de las instituciones del Bretton Woods: el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, así como con la creación del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT).  A través de estas instituciones se restauraron los flujos mundiales de comercio y capitales, generándose una mayor interdependencia entre las economías del mundo.  Éste sistema se diseñó pensando en promover el pleno empleo de los recursos (crecimiento económico con estabilidad de precios) y la estabilidad de la cuenta corriente de la balanza de pagos de los países miembros, tarea que le corresponde al FMI que entre sus fines tiene[3]:

a)      Infundir confianza a los países miembros poniendo a su disposición temporalmente los recursos generales del fondo bajo las garantías adecuadas.

b)      Acortar la duración y aminorar el grado de desequilibrio de las balanzas de pagos de los países miembros.

            Bajo esta estructura, es de esperarse que el sistema financiero internacional asegure la cooperación monetaria mediante el apoyo a los Estados miembros para resolver problemas de balanza de pagos y de esta forma, garantice un adecuado funcionamiento del sistema monetario que provea capital a los países que lo necesiten y contribuya a la estabilidad económica mundial, sin embargo, el actual sistema financiero global no funciona así y las crisis financieras se volvieron eventos regulares[4] en la última década.

            De acuerdo con Minsky, las fluctuaciones económicas están en función de la ineficiencia del sector financiero.  Cuando el sector financiero es sano, el mecanismo préstamo – inversión - consumo funciona, presionando a la demanda agregada hacia el pleno empleo e incrementando así, el ingreso y la tasa de crecimiento del producto.  En cambio un sistema financiero frágil, formado principalmente por empresas que requieren de financiamiento solo para mantenerse en el mercado, corre el riesgo de que cualquier impacto externo los lleve a la quiebra.  Esta percepción, usualmente crea racionamiento en el crédito y tiende a incrementar la tasa de interés, lo cual por si mismo, incrementa el riesgo.  Como resultado, el consumo y la inversión se reducen, presionando a la baja a la demanda agregada y a toda la economía hacia una recesión.

            Las fluctuaciones económicas que describe Minsky, no son en todos los casos consecuencia de impactos externos, pueden ser interpretadas como resultado de la dinámica interna del capitalismo y el sistema financiero.  En este sentido, los fallos de mercado como información asimétrica, problemas de selección adversa y riesgo moral, previenen a los agentes económicos de los ajustes en los procesos de inversión y préstamo que incrementan la fragilidad financiera. Este proceso continúa hasta que la fragilidad financiera alcanza niveles críticos.  En este punto, el decremento en los mecanismos de préstamo, inversión y consumo empujan a la economía hacia la recesión y el peligro de deuda – deflación en la economía indicada por Fischer (1933) podría presentarse.[5]

            Los problemas financieros son parte de la naturaleza de la banca. La función esencial de los bancos es la de ser intermediarios entre dos conjuntos de contratos: los de depósito y los de préstamo, por lo tanto, el fracaso de la banca es fundamentalmente la falla contractual de un banco para hacer frente a las obligaciones con sus depositantes y proviene con mayor frecuencia del fracaso de los que piden prestado para cumplir con sus contratos con el banco o del impacto de los cambios del mercado en el valor neto del banco.

            La importancia del sistema bancario en un país se hace evidente al examinar las funciones que desempeña en una economía de mercado. Por un lado los bancos proporcionan servicios de liquidez y de pago, por otro lado, realizan una importante labor de transformación de los activos financieros, no sólo en lo que se refiere a sus plazos de vencimiento sino también en cuanto a su calidad y denominación (Freixas y Rochet, 1997), por lo tanto, el deterioro del sistema bancario de un país provoca una interrupción del flujo del crédito a las familias y empresas, reduciendo la inversión y el consumo y en algunos casos, encaminando a la quiebra a empresas que hubieran sido viables (Demirgüç y Detragiache, 1997). Las crisis bancarias pueden incluso comprometer el funcionamiento del sistema de pagos y al socavar la confianza en las instituciones financieras, pueden causar una disminución del ahorro doméstico y una gran salida de capitales del país.

            El colapso de grandes, medianos y pequeños bancos tiene una significación muy importante en el campo de la teoría económica, en el ciclo económico, en la competencia entre los mercados financieros nacionales y entre las diversas regiones del mundo, debido a que los préstamos bancarios son la fuente de financiamiento más importante de la industria en el mundo. A partir de los años setentas se han presentado en el mundo 112 episodios de crisis bancarias en 93 países (Caprio y Klingebiel, 1999), las cuales han impuesto elevados costos económicos y fiscales a los involucrados. Honohan y Klingebiel (2000) encontraron que el costo promedio directo de estas crisis equivalen al 12.8% del PIB y en muchos casos, el costo excede este porcentaje.

            Una crisis bancaria puede definirse desde diferentes criterios. Para Von Hagen y Ho (2003) es una situación en la que las dudas sobre la solvencia del sistema bancario conducen a una retirada masiva de depósitos o al requerimiento de un gran apoyo de liquidez a las autoridades monetarias o a un fuerte aumento de los tipos de interés o a una combinación de todos ellos. Del mismo modo, Demirgüç-Kunt y Detragiache (1998), la identifican como una situación que combina: la ratio de activos morosos respecto al total de activos del sistema bancario mayor al 10%, el costo de las operaciones del rescate del sistema bancario que supera el 2% del PIB, los problemas del sector bancario que resultan en una nacionalización a gran escala de los bancos, se observan retiradas masivas de depósitos bancarios o medidas de emergencia tendentes a congelarlos, la autoridad monetaria que permite cierres prolongados de los bancos para impedir la retirada de depósitos o el gobierno que promulga garantías generalizadas de los depósitos bancarios.

            Para Caprio y Kingebiel (1996), una crisis bancaria se manifiesta en los casos en que los activos del sistema bancario prácticamente se agotan, los préstamos morosos se sitúan entre el 15 y el 20% del total de los préstamos bancarios y el costo de resolver estos problemas se sitúa entre el 3 y el 5% del PIB. Por último, para Kaminsky y Reinhart (1999), una crisis bancaria se identifica a través de la existencia de pánicos bancarios que obligan al cierre, fusión o absorción por parte del sector público de una o más instituciones financieras. Todas estas definiciones tienen en común la retirada masiva de depósitos bancarios que causan la crisis y el rescate que el sector público tiene que efectuar a estas instituciones financieras para evitar cierres o pérdidas mayores.

            En el estudio de las crisis bancarias, la liberalización financiera juega un papel central y se debe entender como la globalización de las finanzas y el capital (Petrella, 1996), que es uno de los siete conceptos que forman la vasta idea de la globalización[6]. La Globalización concebida como un proceso de cambio económico, político y social, ocurre cuando todos los agentes en un sistema tienen acceso a una fuente común de recursos (Michael Veseth, 1998). Esto trae consigo el acercamiento de las diferentes culturas del mundo y requiere de un proceso que implica el incremento de la eficiencia en el uso de los recursos así como un cambio en la competencia entre empresas.

            Políticamente, la globalización parece debilitar el poder del Estado, especialmente en las economías emergentes al no poder controlar su acceso.  Este fenómeno se hace evidente al analizar  los mercados de capital que en este proceso intervienen canalizando ahorros globales a inversionistas de todo el mundo y son claramente el mercado más globalizado ante el cual el Estado tiene que enfrentarse con políticas económicas regulatorias. En este sentido, Kapstein (1994), concluye que la globalización financiera ha debilitado el poder regulatorio del Estado en tres sentidos:

La existencia de los mercados financieros globales incrementan el costo de las políticas de estabilización domésticas que tratan de reducir las presiones transmitidas por los mercados de capital globales.  La habilidad de los gobernantes para regular las fuerzas macroeconómicas se reducen al aumentar los costos de regulación.

Los mercados financieros globales incrementan el riesgo de crisis domésticas causadas por la transmisión internacional de problemas financieros.

La competencia que existe entre las naciones por los recursos financieros conlleva a costos por desviarse de los estándares regulatorios internacionales o por adoptar medidas astringentes de política monetaria.

            En este proceso de liberalización financiera, la capacidad de las autoridades para desarrollar funciones de regulación y supervisión juega un papel determinante ya que en una primera fase, la apertura de la cuenta de capital y la liberalización financiera representa un entorno favorable para la aparición de beneficios extraordinarios en un contexto de fuertes subidas de los precios de los activos financieros y la existencia de grandes facilidades de financiamiento exterior.

            Aunada a este contexto, la estrecha relación entre el banco principal y las empresas incrementa el riesgo inherente a la liberalización financiera, al otorgarles a éstas recursos permanentes y débilmente exigibles, teniendo como garantía la amalgama de relaciones entre los grupos empresariales con los bancos y el apoyo en última instancia del gobierno a las empresas con problemas.

            El importante nivel de pérdidas que en una economía ocasionan las crisis bancarias, justifica y hace necesario el análisis exhaustivo del contexto en el que se originan, generalmente bajo la ausencia de información confiable y con debilidad en los sistemas de supervisión. En estas condiciones, el mercado financiero de una economía puede colapsar resultado de burbujas, manías, pánicos o ataques especulativos al tipo de cambio. Estos ataques se originan a partir de las expectativas de los inversionistas, quienes se guían de las señales lanzadas por el mercado. En este sentido es importante considerar que el tipo de cambio es un precio y que los precios son la mano invisible que guían al mercado (Veseth, 1998), es decir, cuando los precios son correctos, la distribución de los recursos es eficiente y cuando son incorrectos, la señal que mandan es la equivocada, provocando que las decisiones entre los agentes estén basadas en un mercado con fallos.

            Antecedentes Teóricos de las Crisis Financieras

            Se presentan a continuación, las teorías que explican las crisis financieras partiendo de las ideas de los monetaristas, para continuar con la postura de los postkeynesianos, la reciente literatura sobre capital social y presentar por último las generaciones de modelos de crisis financieras.

a). Los Monetaristas
En esta escuela, que tiene a Milton Friedman y Ann Schwartz como principales precursores, las crisis financieras se identifican con situaciones de pánico bancario que o bien desencadenan o bien agravan los efectos de una contracción monetaria. Para Schwartz (1986), las crisis financieras se ven alimentadas por el miedo a que no puedan obtenerse medios de pago a ningún precio, lo que en un sistema bancario se traduce en la lucha por el efectivo. Por lo tanto, una crisis financiera se precipita por la repentina retirada de depósitos por parte del público y por el desmoronamiento de las reservas del sistema bancario. En un intento vano por recuperar liquidez, los bancos pueden solicitar préstamos, negarse a refinanciar los créditos existentes o recurrir a la venta de activos.

            Se habla de pánico financiero cuando el sistema bancario se ve afectado en su conjunto y no cuando se trata de una determinada institución, por lo tanto, esta escuela argumenta que una crisis se produce cuando las autoridades no protegen las reservas monetarias contra un descenso repentino y relativamente importante.  Estos pánicos bancarios, como el ocurrido en 1930 – 1933 en los Estados Unidos, tienen serios efectos en la actividad económica primaria, debido a que provocan una reducción en la base monetaria, al disminuir tanto la razón depósitos/efectivo como la razón depósitos/reservas.

            Schwartz (1986) hace una clara distinción entre lo que ella llama “crisis financieras reales” y “pseudo-crisis financieras”.  De acuerdo a esta clasificación, una verdadera crisis financiera puede ocurrir en dos escenarios: a partir de un pánico bancario que sucede cuando el público intenta convertir sus depósitos en efectivo o con un impacto en el mercado de capitales que genera la expectativa de que los préstamos se volverán irrecuperables a cualquier precio.  Sin la intervención de las autoridades monetarias, la economía real sufrirá una disminución de la oferta monetaria, por la disfunción del sistema de pagos y por la interrupción de los préstamos bancarios.  Otros eventos, que  aunque representan pérdida en la riqueza de algún sector particular de la economía, no incluyen los pánicos bancarios o el impacto al mercado de capitales, son los que reciben el nombre de pseudos-crisis.  En estos eventos se incluyen la deflación, la angustia financiera de corporativos no financieros, la caída abrupta en el precio de algún commodity o el ataque especulativo sobre algún activo en economías con regímenes de tipo de cambio fijo.

            De acuerdo a la aproximación monetarista, la transmisión de las crisis financieras, así como las fluctuaciones internacionales ocurren primero a través del patrón monetario.  Bajo un tipo de cambio fijo, como en el clásico patrón oro, la deflación es el resultado de una caída en la oferta monetaria y en su velocidad, esto en cualquier economía genera un superávit en la balanza de pagos que atrae flujos de oro de otros países, lo que provoca que estos últimos sufran entonces una contracción de su oferta monetaria.  En contraste, cuando el tipo de cambio es flexible, de acuerdo a la aproximación monetarista, la transmisión de un disturbio financiero es considerablemente menor.

            Siguiendo esta línea teórica, se encuentran otros autores como Obstfeld (1994), que sostiene que un sector bancario débil puede precipitar una crisis monetaria si los especuladores racionales anticipan que los políticos no estarán dispuestos a sacrificar la estabilidad del sistema bancario doméstico por defender la paridad fija de su moneda.

            Alternativamente otros autores (Dooley, 1997; Krugman, 1998b; McKinnon y Pill, 1996; o Goldfajn y Valdés, 1997) sostienen que la posibilidad de que la relación de causalidad corra desde una crisis bancaria hacia una crisis monetaria, se debe fundamentalmente a la intervención del gobierno y a un sistema financiero pobremente regulado.  De esta forma, un banco central que financie el rescate de las instituciones bancarias insolventes mediante la creación de dinero, puede minar la estabilidad de su compromiso cambiario.

b). Los Postkeynesianos Financieros
            Desde la postura de los postkeynesianos financieros, los problemas de sobreendeudamiento en las economías, la caída de los precios de los activos inmobiliarios y financieros, las crisis bancarias y los estancamientos productivos como los que se presentaron en Gran Bretaña, Francia, Suecia y otros países avanzados a comienzos de esta década, se relacionan con el tránsito de sistemas financieros administrados con fuerte supervisión estatal a sistemas financieros liberalizados,  más abiertos a los movimientos internacionales de capital.

            Los postkeynesianos han sido escépticos respecto de las bondades de la globalización financiera. Inspirados en parte en la conocida "hipótesis de inestabilidad financiera" de Hyman Minsky, acusan a los comerciantes de divisas de violar sistemáticamente la racionalidad del mercado eficiente, desviando recursos del crecimiento económico a inversiones financieras y promoviendo manipulaciones altamente especulativas de una pequeña camarilla (Studart, 1995-1996 y Félix, 1997-1998).

            Desde este enfoque, los postkeynesianos contemplan las crisis financieras como un elemento natural de los mercados internacionales, que tienen en común siete etapas sintetizadas por Charles P. Kindleberger del modelo teórico presentado por Minsky:

1.      Desplazamiento
2.      Expansión
3.      Euforia
4.      Peligro
5.      Repudio
6.      Crisis
7.      Contagio

            De acuerdo a este modelo, un cambio en las expectativas de los inversionistas, altera la visión sobre el mercado y provoca un desplazamiento de los capitales, aun considerando que el mercado había alcanzado algo parecido al equilibrio, en donde los flujos financieros actuaban de manera consistente con la información disponible. A partir de ese movimiento de capitales, comienza la expansión que se vuelve euforia entre los inversionistas, alimentada por un incremento en la liquidez y la especulación, que intenta apostar sobre la futura dirección y psicología del mercado (Keynes, 1936).


            Cuando la actitud de los inversionistas sobre el riesgo y la propia estructura de pasivos cambian, el sistema financiero comienza a volverse especialmente frágil. La proporción de deuda de corto plazo aumenta y el peligro ocurre cuando la liquidez llega a su límite y se hace evidente con la contracción de los créditos bancarios, en ese momento los inversionistas inician  una venta generalizada de activos financieros que desemboca en crisis financiera, colapsando los precios de los activos y provocando la salida masiva de capitales financieros de la economía.

            En una situación tan vulnerable, la quiebra de una compañía, un banco, o cualquier evento negativo no predecible de la economía es capaz de iniciar una crisis financiera, ya que propicia una revisión significativa por parte de los inversionistas de sus expectativas optimistas, las cuales se desarrollaron durante el período de expansión.

            Desde la perspectiva de Minsky, la crisis financiera provoca una disminución en las expectativas de inversión, lo cual afecta negativamente a las utilidades y empeora las dificultades ya existentes para dar cumplimiento al compromiso del pago de la deuda. En este punto surge la posibilidad de que se inicie un proceso deuda – deflación, que origina un decremento en la demanda agregada, lo cual reduce los precios, incrementa el valor real de la deuda y acelera la espiral recesiva. Una crisis se contagia entre las economías a partir  de nexos internacionales como los flujos de capital, la interdependencia comercial y la afectación a la psicología de mercado.

            Incluso en Keynes, conocido por sus ideas opuestas al movimiento internacional del capital[7], es posible encontrar apoyo al flujo de capitales.  De acuerdo a Keynes, mientras más rica sea la comunidad, menores oportunidades tiene de obtener un alto rendimiento en su inversión, esto ocasiona que los flujos de capital vayan de los países ricos a las economías menos desarrolladas, ayudando a incrementar la demanda agregada en las economías más ricas y manteniéndolas cerca del pleno empleo, de esta manera se benefician ambas economías, sin embargo, las fallas del mercado obstruyen la movilidad perfecta del capital y los problemas de información son causa de incertidumbre.  La información asimétrica provoca no solo diferentes niveles de información sino diferentes interpretaciones.

            Finalmente, Minsky enfatiza que la intervención de un prestamista de última instancia y la prevención del proceso deuda – deflación no es suficiente. Para reducir la probabilidad de una crisis financiera y la reaparición potencial del proceso deuda – deflación, es necesario que los hacedores de política económica restrinjan las prácticas de los mercados financieros a través de regulaciones y reformas.

c). La Teoría del Capital Social
            Ligado al problema de información confiable en los mercados, recientemente se ha incorporado otra categoría que ha ganado aceptación en la literatura económica, a la cual se le ha dado el nombre de capital social. El concepto proviene de tradiciones teóricas distintas a la economía y está relacionado con la cooperación, interacción y las redes en las relaciones entre las personas (en un micro sentido) o los gobiernos (en un sentido macro). También se incluye los valores y normas que son asociadas con tales relaciones incluyendo confianza y solidaridad que ayudan a mantener el tejido social unido. Estas relaciones de largo alcance son creadas entre muchos agentes sociales, como las familias, los gobiernos, las corporaciones y los mercados. Las mismas redes sociales al combinarse con la acción colectiva conducen a  beneficios económicos para la sociedad.

            Aunque la relevancia del capital social para los desempeños económicos no se ponga en tela de juicio, en la literatura existen discrepancias en cuanto a su conceptualización.    Putnam (1993) y Fukuyama (1996), consideran que el capital social reside en un conjunto de las asociaciones horizontales y en las normas cívicas de comportamiento. La interacción social horizontal desemboca en la confianza generalizada que soluciona problemas de acción colectiva.

            Gambetta (1999), define la confianza como “un alta probabilidad  subjetiva que otro agente realice otra acción que nos beneficie o por lo menos no nos perjudique. Entonces es cuando consideramos la posibilidad de establecer cooperación con esta persona”.  En términos más generales, la definición de confianza abarca la situación del riesgo por lo menos para un agente, la creencia en buenas intenciones de otros y la creencia en sus capacidades de actuar correctamente.

            Dentro del sistema financiero, la existencia de instituciones formales funcionando de manera eficiente (por ejemplo un banco central), es parte del capital social porque envuelve confianza e interacción entre el banco central y otras instituciones financieras, teniendo el objetivo común de hacer estable y saludable el sistema financiero.

            Se sostiene que en los países con instituciones financieras formales que no funcionan adecuadamente y reciben poca confianza del público, las actividades financieras que apuntalan  el crecimiento económico tienden a ser ineficientes. También se argumenta que en las recientes crisis financieras muchos estudios reconocen la contribución del capital social al rápido desarrollo en la forma de redes de grupos económicos.

            No obstante, esta misma forma de capital social se ha enfrentado a diversas críticas en virtud a la complejidad en la estructura de las redes, que incluye relaciones entre las firmas y el sector financiero dentro del grupo económico, lo que  conlleva problemas de riesgo moral y selección adversa dentro de los mercados financieros. Por lo que el beneficio de estos mercados no está basado en la banca, sino más bien en la estructura de propiedad del intermediario  (por ejemplo la banca vs. un corporativo). El que el oferente del financiamiento tenga los derechos de control da lugar a consecuencias importantes: incremento en los incentivos al esfuerzo empresarial y mejores capacidades para la reubicación de activos en caso de dificultades financieras.

            Algunos ejemplos del caso mexicano son los siguientes: Basave (1996), Morera (1998) y Concheiro (1998). Sin embargo pocos han sido los intentos de realizar un análisis formal de los grupos económicos y sus operaciones; ejemplos de ello son Castañeda (1998), Castañeda (1999), Kali (1998), Kali (1999), Ghatak y Kaja (1999) y Khanna y Rivkin (1999). En el centro del debate de estos trabajos están dos argumentos antitéticos: ¿los grupos económicos alientan la búsqueda de rentas en detrimento de la productividad? o bien ¿los grupos reducen ineficiencias en los mercados con la consecuente generación de valor?   Aunque algunas de estas investigaciones hacen un intento por explicar la conexión entre estas formas corporativas y la naturaleza de los mercados financieros, no existe en la literatura un análisis teórico o empírico que profundice sobre las implicaciones de los mercados internos de capitales en economías en desarrollo.

            En economías emergentes prevalecen importantes fallas en los mercados de capitales. Las deficiencias en el marco legal y en la procuración de justicia hacen muy común la presencia de comportamientos oportunistas en un entorno de información asimétrica, el cual resulta ser más pronunciado en estos países debido a la ausencia de intermediarios generadores de información y a la prevalencia de estructuras corporativas cerradas, que en América Latina son conocidas como Grupos Económicos.

            d). Modelos de Crisis Financieras
            Para el análisis de la gestación de las crisis financieras, la revisión  de la teoría económica debe considerar los siguientes modelos:
          
            El modelo de primera generación pretende explicar las crisis financieras como resultado de un déficit fiscal insostenible en una economía, que es financiado por señoriaje del banco central.   Krugman (1979) estableció que una balanza de pagos con problemas, definidos éstos como el momento en el cual el país está perdiendo gradualmente sus reservas, se convierte en una crisis de balanza de pagos debido a que los especuladores perciben que las reservas internacionales se acabarán y el gobierno no será capaz de mantener el tipo de cambio, al mismo tiempo la expansión del crédito interno se traduce en un aumento del precio relativo de los bienes no comerciables internacionalmente. La consiguiente apreciación real de la moneda lleva a su vez a un deterioro del saldo de la balanza por cuenta corriente antes del ataque especulativo.[8] La responsabilidad de las crisis cambiarias entonces se atribuía generalmente a la mala gestión de gobiernos populistas que acababan cayendo en la tentación de imprimir a las políticas económicas una orientación excesivamente expansiva.  Al mismo tiempo se confiaba en que los modelos teóricos disponibles permitirían identificar la mayor parte de los desequilibrios macroeconómicos capaces de desencadenar un ataque especulativo, por lo que generalmente se aceptaba que las crisis de balanza de pagos tenían un componente predecible significativo.

            El modelo seminal de crisis de balanza de pagos fue desarrollado por Krugman (1979) a partir de una adaptación del modelo de Salant y Henderson (1978) de ataques especulativos sobre el precio del oro controlado por el gobierno.  Posteriormente Flood y Garber (1984) desarrollaron la versión canónica del modelo: un modelo lineal que al tiempo que simplificaba el modelo de Krugman permitía analizar los ataques especulativos en un entorno estocástico. Como resultado de esta aproximación teórica, la comunidad monetaria internacional, con el Fondo Monetario Internacional a la cabeza, forzó a los países que sufrieron crisis a adoptar ciertas reformas como la liberalización financiera, el libre movimiento de capital y una política fiscal y monetaria restrictiva (Edwards and Larrain et al, 1989).

            Los modelos de segunda generación, surgieron como resultado del análisis del ataque especulativo que sufrió el mecanismo de tipo de cambio europeo en 1992 – 1993.[9]  De acuerdo a Obstfeld (1994), las “profecías autocumplidas” juegan un papel importante en la existencia de crisis y destruyen el equilibrio. Lo que hace que la crisis ocurra es la creencia de que ocurrirá, por lo tanto las expectativas que ex-ante son injustificadas, son validadas ex-post.   Estos modelos de segunda generación incluyen la existencia de equilibrios múltiples debido a que el mercado actúa en base a las expectativas.  El énfasis se pone especialmente en las reacciones del gobierno ante los cambios que se producen en el comportamiento del sector privado, que pueden dar lugar a inconsistencias en las políticas de fijación del tipo de cambio.  La idea central que estos modelos incorporan es que el comportamiento de los gobiernos se encuentra condicionado por las decisiones del sector privado.  En estas condiciones resulta posible demostrar que pueden surgir incentivos para atacar la moneda si los especuladores anticipan que el gobierno modificará sus políticas tras el ataque, aun cuando las políticas económicas desarrolladas ex ante sean perfectamente consistentes con el mantenimiento de la paridad cambiaria. Eichengreen and Rose explican que en estos modelos de segunda generación, el gobierno puede frenar la inflación con altas tasas de interés o vendiendo reservas internacionales, pero prefiere permitir que el tipo de cambio flote para evitar el costo real para la economía en términos de desempleo.

            Al parecer, la crisis mexicana de 1994, así como la asiática de 1997, son explicadas por los modelos de tercera generación.  Esta nueva aproximación teórica caracterizada por un fuerte componente de profecías autocumplidas se combina con algunos fallos de mercado como información asimétrica, problemas de riesgo moral y de selección adversa, que producen distorsiones en las decisiones de mercado.  El funcionamiento del sistema bancario y el racionamiento de crédito se introducen incluso en estos modelos que admiten que el comportamiento del gobierno no se encuentra sólo en función de la actuación de los especuladores sino que también depende de la evolución de los fundamentales macroeconómicos.  En estos modelos, un ataque especulativo puede producirse independientemente de cual sea el estado real de los fundamentales macroeconómicos en el momento en el que se decide el ataque, dado que la reacción del gobierno al ataque puede modificar el estado de los fundamentales macroeconómicos en el sentido de hacerlos inconsistentes con el mantenimiento de la paridad cambiaria, de modo que las expectativas de devaluación se acaben confirmando.

            Estos modelos tienen mucho en común con los modelos de segunda generación, incluso se cuestionó la necesidad de acuñar una nueva denominación para lo que no deja de ser una variedad dentro de los modelos de segunda generación.  Sin embargo, este relevo generacional podría considerarse oportuno si lo que se desea es señalar el intento de conciliar la importancia de las expectativas autorrealizables con el retorno a los fundamentales macroeconómicos.    Los trabajos de Kaminsky y Reinhart (1996), Goldjfajn y Valdes (1997), Chiang y Velasco (1999) y Antinolfi y Huybens (2000), pueden ser considerados ejemplos de estos modelos de tercera generación.

          
            Consideraciones Finales

            El importante nivel de pérdidas que en una economía ocasionan las crisis bancarias, justifica y hace necesario el análisis exhaustivo del contexto en el que se originan, generalmente bajo la ausencia de información confiable y con debilidad en los sistemas de supervisión. En estas condiciones, el sistema financiero de una economía puede colapsar resultado de burbujas, manías, pánicos o ataques especulativos al tipo de cambio.

            Los modelos de crisis financieras y bancarias representan episodios de ataques sobre esquemas de precios fijos. Estos ataques se producen cuando los gobiernos son incapaces de respaldarlos de manera creíble. Igualmente, en ambas crisis, las garantías públicas de apoyo de estos esquemas pueden estimular la aparición de ataques especulativos. Al referirse a las crisis financieras que provocan una crisis bancaria, también puede hablarse de modelos de primera generación, de crisis fundamentalistas o predecibles (modelos de riesgo moral), así como de modelos de segunda generación, de crisis autocumplidas o predecibles (modelos de retiradas aleatorias).

            Por otro lado, al igual que en los modelos de crisis financieras de primera generación, la vinculación que existe entre crisis financiera y crisis bancaria, puede ser resultado de una falta de adecuación entre los objetivos y los instrumentos de política económica.

            Esta línea de investigación, plantea la necesidad de seguir explorando cuál debe ser la respuesta de política adecuada para el caso de que una crisis bancaria se deba a una crisis financiera, resultado de problemas de riesgo moral o de ataques autocumplidos. Si la crisis resulta de la ruptura de una burbuja especulativa alimentada mediante comportamientos de riesgo moral, podría ser conveniente anular las operaciones del prestamista de última instancia ya que éstas mantendrían con vida a instituciones y estrategias de inversión  ineficientes. Por el contrario, si la crisis resulta de comportamientos autocumplidos basados en rumores infundados sobre los fundamentales macroeconómicos, la respuesta adecuada de política económica, debería ser acudir en apoyo de estas instituciones.

            Los elevados costos que plantean para una economía la incertidumbre y finalmente la posibilidad de que se presente una crisis financiera y bancaria, así como la experiencia internacional de que existe una dificultad inherente de detener una crisis  una vez que se ha iniciado, dada la velocidad a la que pueden desplazarse los flujos de capital a corto plazo en respuesta a las expectativas del mercado, hace necesario continuar con el análisis sobre las causas de estos fenómenos financieros para finalmente llegar a generar literatura académica que fundamenten las decisiones de política económica tendientes a prevenir estas crisis.








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[1] Directora y profesora de la Licenciatura de Economía de la Universidad Cristóbal Colón. Licenciada en Economía por la misma Universidad. Maestría en Finanzas por la Universidad de las Américas - Puebla. Estudiante del Doctorado en Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Almería, España. E- mail. elenam@aix.ver.ucc.mx  Teléfono y fax: (01229) 923-01-85.

[2] Se habla del reinicio de la integración financiera porque durante el patrón oro vigente en Inglaterra hasta la Primera Guerra Mundial, existió el libre flujo de mercancías y capitales, esto significa que la economía mundial ya estaba integrada.  La Primera y Segunda Guerras Mundiales interrumpieron esta práctica, reiniciándose en 1945.

[3] Para más información sobre los fines o propósitos del FMI léase a Vázquez Pando Fernando A. pp. 48 – 58.

[4] México, Corea, Indonesia, Tailandia, Rusia, Brasil, Argentina y Turquía, enfrentaron severas crisis financieras en la pasada década.

[5] Minsky presenta una teoría de inestabilidad financiera, enfocándose en el efecto negativo en la actividad económica.

[6] La Globalización es una idea que trata de capturarse en siete conceptos:

I. Globalización de las finanzas y el capital, II. Globalización de los mercados, III. Globalización de la tecnología, IV. Globalización de la cultura, V. Globalización de la capacidad regulatoria, VI. Globalización como unificación política en el mundo, VII. Globalización de la percepción y la conciencia.

[7] Como se puede leer en sus proposiciones presentadas en la reunión del Bretón Woods, en Felix (2000).

[8] En el caso de México, las causas de apreciación real del peso (que entre 1990 y 1994 sufrió una apreciación real con respecto al dólar del 22%) siguen siendo objeto de debate. Por ejemplo Kamin (1996) llega a la conclusión de que la inercia inflacionaria no explica la apreciación real del peso en el período 1988 – 1994.  Las entradas de capital explicarían entonces el comportamiento del tipo de cambio real. Edwards (2000) sostiene el punto de vista opuesto.

[9] Gonzalo Rodríguez Praga sugiere en cambio en Varela y Jacobs (2003) que estos modelos de segunda generación son desarrollados a partir de la segunda mitad de la década de los ochenta siguiendo la estela del trabajo seminal de Obstfeld (1986).

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