lunes, 10 de enero de 2011

Karl Marx - El Capital - Tomo 1-16


CAPITULO XVI

DIVERSAS FORMULAS PARA EXPRESAR LA CUOTA DE PLUSVALIA

Hemos visto que la cuota de plusvalía se expresa en las siguientes fórmulas:
1.
Plusvalía                     p                    Plusvalía                        trab. excedente
   –––––––––––––   –––  =   ––––––––––––––––––  =      ––––––––––––––––
capital variable          v             valor de la f. de trab.               trab. necesario

Las dos primeras fórmulas expresan como relación de valores lo que expresa la tercera como relación de los tiempos en que se pro­ducen esos valores. Estas fórmulas, iguales entre sí, responden al rigor de los conceptos. Por tanto, aunque implícitamente nos en­contremos con ellas en la economía política clásica, no aparecen ela­boradas de un modo consciente. Las que ella nos presenta son las fórmulas derivadas siguientes:

II.
trabajo excedente *                       Plusvalía                   producto excedente
––––––––––––––––  =      ––––––––––––––––   =   ––––––––––––––––––––
jornada de trabajo                   valor del producto                producto total

Aquí, la misma proporción aparece expresada sucesivamente bajo la forma de los tiempos de trabajo, de los valores en que se traducen y de los productos en que se materializan estos valores. Partiendo, naturalmente, del supuesto de que por valor del producto sólo puede entenderse el producto de valor de la jornada de trabajo, y exclu­yendo la parte constante del valor del producto.
En todas estas fórmulas se expresa de una manera falsa el ver­dadero grado de explotación del trabajo o cuota de plusvalía. Su­pongamos que la jornada de trabajo sea de 12 horas. Partiendo de los demás supuestos de nuestro ejemplo anterior, el verdadero grado de explotación se expresa, en este caso, en la siguiente proporción:

6 horas de trab. excedente                        plusvalía de 3 chel.          
–––––––––––––––––––––––  =  ––––––––––––––––––––––––  = 100 por 100.
6 horas de trab. necesario             capital variable de 3 chel.


En cambio, según las fórmulas II, obtenemos este resultado:

6 horas de trab. excedente                       plusvalía de 3 chel.
–––––––––––––––––––––  =  ––––––––––––––––––––––––  =  50  por 100.
jorn. de trab. de 12 horas           producto de valor de 3 chel.

Estas fórmulas derivadas expresan en realidad la proporción en que la jornada de trabajo o su producto de valor se reparte entre el capitalista y el obrero. Por tanto, si hubiera que aceptarlas como expresión directa del grado de valorización del capital, regiría esta falsa ley: el trabajo excedente o la plusvalía no puede representar nunca el 100%.1Como el trabajo excedente no puede ser nunca más que una parte alícuota de la jornada de trabajo y la plusvalía una parte alícuota del producto de valor, el trabajo excedente es siempre, necesariamente, inferior a la jornada de trabajo y la plusvalía más pequeña que el producto de valor. Para comportarse en la relación 100/100, tendrían que ser iguales. Para que el trabajo excedente absor­biese toda la jornada de trabajo (refiriéndose a la jornada media de la semana, del año de trabajo, etc.), el trabajo necesario tendría que redu­cirse a cero. Y si desapareciese el trabajo necesario, desaparecería tam­bién el trabajo excedente, puesto que éste no es más que una función de aquél. Por tanto, la proporción

trabajo excedente                                             plusvalía
–––––––––––––––––                             =   –––––––––––––––––
jornada de trabajo                                        producto de valor

no puede alcanzar jamás el limite de 100/100, y mucho menos re­montarse hasta 100 + x/100. Pero la  cuota de plusvalía, es decir, el verdadero grado de explotación del trabajo, si puede alcanzar este nivel. Tenemos, por ejemplo, los cálculos de M. de Lavergne, según los cuales el obrero agrícola inglés sólo percibe ¼  y el capitalista (el arrendatario), en cambio, ¾  del producto2 o de su valor, cualquiera que sea el reparto del botín que luego se establezca entre el capitalista y el terrateniente, etc. Según estos datos, el trabajo excedente del obrero agrícola inglés guarda con el trabajo necesario una relación de 3:1, lo que representa un 300 por 100 de explotación.
El método escolástico consistente en considerar la jornada de trabajo como magnitud constante se refuerza con la aplicación de las fórmulas II, pues en ellas el trabajo excedente se compara siempre con una jornada de trabajo de magnitud dada. Otro tanto ocurre si se enfoca exclusivamente la división del producto de valor. La jornada de trabajo materializada ya en un producto de valor, es siempre una jornada de trabajo de dimensiones dadas.
Exponiendo la plusvalía y el valor de la fuerza de trabajo como partes fragmentarías del producto de valor –método de exposición que, por lo demás, se desprende del propio régimen capitalista de producción y cuyo alcance hemos de tener ocasión de ver–, se oculta la característica específica del capitalismo, a saber: el cambio del capital variable por la fuerza de trabajo viva, con la consiguiente eliminación del obrero del producto. Se suplanta esto por la falsa apariencia de un régimen de asociación en que obrero y capitalista se reparten el producto en proporción a los diversos factores que intervienen en su creación.3
Por lo demás, las fórmulas II pueden reducirse en cualquier momento a las fórmulas 1. Así por ejemplo, en la fórmula
trabajo excedente de 6 horas
–––––––––––––––––––––––––––
jornada de trabajo de 12 horas
el tiempo de trabajo necesario = jornada de trabajo de 12 horas menos trabajo excedente de 6, por donde:
trabajo excedente de 6 horas                          100
––––––––––––––––––––––––   =                  –––––
trabajo necesario de 6 horas                           100

Una tercera fórmula, que ya alguna vez he anticipado es ésta:

III.
Plusvalía                                    trab. excedente                  trab. no retribuido
–––––––––––––––––––   =   ––––––––––––––––––   =    –––––––––––––––––
Valor de la f. de trab.                trab. necesario                  trab. retribuido

El equívoco a que podría conducir la fórmula
Trabajo no retribuido
––––––––––––––––––––
Trabajo retribuido
no es más que la expresión vulgar de
Trabajo excedente
––––––––––––––––
Trabajo necesario
El capitalista paga el valor o el precio –suponiendo que difiera de aquél– de la fuerza de trabajo, y obtiene a cambio de ello el derecho a disponer directamente de la fuerza de trabajo viva. Su disfrute de esta fuerza de trabajo se descompone en dos fases. Du­rante la primera, el obrero sólo produce un valor igual al valor de su fuerza de trabajo, es decir, un equivalente. De este modo, el capi­talista obtiene, a cambio del precio que desembolsó por la fuerza de trabajo, un producto de precio igual. Es como si comprase el pro­ducto directamente en el mercado. En cambio, durante le segunda fase, la fase del trabajo excedente, el disfrute de la fuerza de trabajo crea valor para el capitalista, sin que este valor le cueste equiva­lente alguno.4 El capitalista percibe gratis este fruto de la fuerza de trabajo.
Por tanto, el capital no es sólo un puesto de mando sobre el trabajo, como dice Adam Simth. Es, en realidad, un puesto de mando sobre trabajo no retribuido. Toda plusvalía, sea cual fuere la forma específica en que cristalice como ganancia, interés, renta, etc., es, sustancialmente, materialización de tiempo de trabajo no pagado. El misterio de la virtud del capital para valorizarse a sí mismo tiene su clave en el poder de disposición sobre una determinada cantidad de trabajo ajeno no retribuido.



Notas al pie capítulo XVI
* En la edición francesa de El Capital, Marx pone esta primera fórmula entre corchetes, “porque en la economía política burguesa no aparece nunca expresado con claridad el concepto del trabajo excedente”. (Ed.)
1 Así se dice, por ejemplo, en Dritter Brief an v. Kirchmann von Rodbertus. Widerlegung der Ricardoschen Theorie von der Grundrente und Begründung einer neuen Rententheorie, Berlín, 1851. Más adelante volveremos sobre esta obra que, a pesar de su falsa teoría de la renta del suelo, penetra en la raíz de la producción capitalista. (Adición a la 3° ed. Véase con cuánta benevolencia enjuiciaba Marx a sus precursores apenas descubría en ellos algo que señalase un progreso real, una idea nueva y acertada. Después de escribir Marx lo que antecede, la publicación de las Cartas de Rodbertus a R. Meyer ha venido a desvirtuar un poco este testimonio de reconocimiento. En ellas leemos: “Hay que salvar al capital no sólo del trabajo, sino también de sí mismo, y el mejor modo de hacerlo es concebir la función del capitalista–empresario como una función económica de la nación o del Estado que le es confiada por la propiedad del capital, y su ganancia como una forma de sueldo, puesto que no conocemos todavía otras organizaciones sociales. Y los sueldos pueden reglamentarse y atenuarse cuando se quita al salario una parte demasiado grande. Por tanto, el asalto de Marx contra la sociedad –pues así creo que hay que llamar a su libro– debe rechazarse... En realidad, el libro de Marx es, más que una investigación sobre el capital, una polémica contra la forma actual que el capital reviste, forma que él confunde con el concepto mismo del capital, y de ahí emanan precisamente sus errores.” [Briefe, etc., von Dr. Rodbertus–Jagetzow, herausgegeben von Dr. Rud Meyer, Berlín, 1881, I, p. 111, Carta 48 de Rodbertus.] A estos lugares comunes ideológicos vinieron a parar los primeros impulsos, verdaderamente audaces, de las Cartas sociales de Rodbertus. –F. E.).
2  En estos cálculos se deduce, evidentemente, la parte del producto que se limita a reponer el capital constante invertido. M. L. de Lavergne, ciego admirador de In­glaterra, peca más bien de corto que de largo en la proporción que aduce.
3 Como todas las formas desarrolladas del proceso capitalista de producción son formas de cooperación, nada más fácil, naturalmente que abstenerse de su ca­rácter específicamente antagónico y convertirlas, imaginariamente, en formas libres de asociación, como hace el conde A. de Laborde, De l'Esprit d'Association dans tous les íntérets de la Communauté, París, 1818. Es el mismo juego de manos que realiza con igual éxito el yanqui H. Carey, aplicándolo incluso, de vez en cuando, a las condiciones del sistema de la esclavitud
4 Aunque los fisiócratas no penetraron en el misterio de la plusvalía, sí llega­ron a ver claro, por lo menos, que era “una riqueza independiente y disponible que él [es decir, su poseedor] no ha comprado y que vende”. (Turgot, Reflexions sur ­la Formation et la Distribution des Richesses, p. 11.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario